Opinión / Sabatinas

Jornada de reflexión y cálculo de estructuras

Por Fermín Mínguez 25 mayo, 2019 - 9:58

Dos semanas de campaña electoral y sólo un día para reflexionar sobre lo escuchado no parece una buena distribución para la toma decisiones, sin embargo, parece habitual que dediquemos poco tiempo a programar, al cálculo de estructuras, y así nos luce luego, claro.

"Para calcular los riesgos del viaje antes de emprenderlo o para saber qué es lo que queremos antes de decidir, esto no es garantizar el éxito, ojalá, pero al menos nos enfoca hacia lo que queremos ser".
"Para calcular los riesgos del viaje antes de emprenderlo o para saber qué es lo que queremos antes de decidir, esto no es garantizar el éxito, ojalá, pero al menos nos enfoca hacia lo que queremos ser".

Soy muy fan de los procesos de cálculo previos a la construcción de un proyecto, de ese tiempo que se dedica a calcular la viabilidad del mismo y convertirlo en realidad, igual me da que sea una estructura que el montaje de una película de cine.

Me parece precioso ese momento en el que una idea comienza a coger forma real. El cálculo de estructuras, resumiendo muchísimo y pidiendo perdón anticipado a arquitectos e ingenieros por mi poca precisión, es el cálculo que se hace para que cualquier estructura se a capaz de soportar su peso y el del uso que se le vaya a dar sin venirse abajo. Vamos, la forma de garantizar que aquello que se va a construir aguantará de pie el envite de su uso y el paso de los años, no me digan que no es bonito.

Desconozco el tiempo que se le dedica, pero es claro que debe ser una parte importante del proceso saber que lo que estoy diseñando aguantará y qué esfuerzo será necesario para conseguirlo. Lo que sí sé que se hace al principio del proyecto por razones obvias. Primero calculo y luego construyo, primero reflexiono y luego actúo, miren, justo al revés que lo habitual.

Igual es por eso que se caen menos edificios que empresas, menos puentes que relaciones o menos torres que personas. Carl Jung, fundador de la psicología analítica, decía que “pensar es difícil, por eso la mayoría de la gente prefiere juzgar”, quizás sea por eso que las elecciones se hayan convertido en un juicio de valor y no en una decisión de futuro. Estamos comprando sobre plano una casa sin calcular su estructura primero. Mucho más fácil juzgar que pensar y calibrar posibilidades.

La reflexión, como el cálculo de estructuras, debería ser a priori. Para calcular los riesgos del viaje antes de emprenderlo o para saber qué es lo que queremos antes de decidir, esto no es garantizar el éxito, ojalá, pero al menos nos enfoca hacia lo que queremos ser. El cálculo de estructuras distingue entre cargas muertas, las fijas, y las vivas, las que varían según la exposición que tenga la estructura, algo así como tener claro cuáles son los principios fundamentales que queremos que rijan nuestro proyecto, asumiendo que en el camino pueden pasar cosas que lo presionen pero que no lo modifique en lo básico.

Es necesario programar y prever lo que queremos que pase, es necesario escuchar las propuestas que nos hacen sabiendo previamente qué es lo importante para nosotros. Y saber cuánto va a costar esa estructura. Está bien que nos prometan la luna, pero es necesario saber cuánto va a costar y qué fiabilidad tiene, ¿no les parece? Votar por eliminación es tan absurdo como elegir pareja entre la menos mala de las opciones, un proyecto vital no se elige por descarte sino por convencimiento.

Hay una parte de ilusión que vive en el proceso de programar y que ha de ser motivadora cuando se complica el cumplimiento de los objetivos, en esas épocas en las que por mucho que hayamos invertido en estructura venga un imponderable, preciosa palabra, y lo tumbe todo abajo, hay un principio en cálculo de estructuras llamado aleatoriedad e incertidumbre, no me digan que no es precioso también, y que voy a aplicar a en un sentido literal. Hay una parte no programable en la vida, no todo lo podemos controlar y habrá que acostumbrarse a vivir con zozobra.

Pero también hay una parte de emoción pura en el sólo hecho de programar, de hacer planes, de, como dice Miss Daisy (la real, no la de la peli, que existe) “las listas de cosas por hacer, en las que la gracia está en saber que seguramente no las harás, pero cada vez que las lees, sale una sonrisa. Porque somos conscientes de que si quisiéramos, las haríamos y cada una de ellas, por más estúpida que sea, sería una alegría porque la harías con quien quieres”. La importancia del camino de la que hablábamos la semana pasada y no sólo de la meta.

Dedicaré la jornada de reflexión a calcular estructuras, a saber qué es lo que tengo que hacer para cumplir todas las listas que he ido escribiendo, incluso para, como en el poema de Joan Margarit, calcular mi última estructura. Calcular estructuras para que si existe una oportunidad me pille en disposición de aprovecharla.

(La canción es una bonita adaptación del poema de Margarit “Cálculo de estructuras” en manos de un grupo muy bonito también. La música siempre ayuda, y sana)


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