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Opinión / Sabatinas

Una Infanta de marrón

Por Fermín Mínguez 18 febrero, 2017 - 9:52

Gila decía en uno de sus monólogos que en su casa eran “siete hermanos, mi papá, mi mamá y un señor de marrón, que no le conocía nadie y que estaba siempre en el pasillo”, pues bien, según la sentencia conocida ayer, la infanta era la señora de marrón del caso Noos.

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La infanta Cristina e Iñaki Urdangarín.

Hay bastantes cosas que no entiendo de este caso, desde su duración hasta las pocas condenas que ha habido teniendo en cuenta el número de investigados, pero sobre todas hay dos que creo que voy a renunciar a comprender.

La primera es ese papel de señora de marrón de la Infanta. Me parece normal que no estés al tanto de todos los negocios de tu pareja, que puedas estar al margen de sus decisiones profesionales. Cuando uno llega a casa después de trabajar quiere desconectar, y no hablar de trabajo, eso es comprensible. Pero mujer, si eres socia de la empresa de tu marido, que queda en casa de tu padre para hacer reuniones de negocios, y si coincide que ese padre es el rey, no sé alguna pregunta te tiene que surgir, no sé, que para qué tanta firma o que si había coincidido con Bárbara Rey en Zarzuela, algo tienes que preguntar.

Pensemos que la confianza plena en tu marido, cegada de amor, no te hace ver todas estas cosas. Como cuando uno tiene esa primera novia y no escucha los consejos de sus amigos. Igual era más una adolescenta que una infanta, por qué no.

Pero meterte en una hipoteca de más de cuatro millones de euros, justo cuando más papeles te hace firmar tu marido, hija mía, una pregunta tiene que surgirte seguro. Otra cosa es que te mienta, que puede ser, pero resulta poco creíble que toda la escenificación de lo bien que le iban los negocios no levante ninguna suspicacia, un “cariño, que me alegro mucho de que nos vaya tan bien, pero ¿estás seguro de que nos podemos permitir esto?”

Ese grado de desconexión de lo que se firma no es amor, es temeridad. Si mi mujer viene un día con una propuesta que dobla o triplica nuestra situación actual, empiezo a pensar que lo próximo que le escucharé decir será “plata o plomo”. En fin.

Pero lo que me cabrea mucho de toda esta historia es el exceso de ambición de estos pájaros, con todo el respeto a los pájaros, claro. No se me ocurre ninguna posición mejor que la de Infanta de España, la relación entre esfuerzo y recompensa es brutal. De hecho creo que sólo hay una posición que pueda ser mejor, y esa es ser el marido de una Infanta de España.

Te garantiza un nivel de vida estupendo, se refuerza con un puesto de cierta relevancia con un buen sueldo y a cambio tienes que hacerte cuatro fotos con los niños como si fuera el catálogo H&M y aguantar un par de comidas con la familia política entre paseos en barco en verano en Mallorca.

Oigan, no sé ustedes, pero como plan no pinta mal. Pues no, no tienen suficiente con esto y tienen que meterse en no sé qué chanchullos porque no es suficiente vivir de lo que le pagamos todos los españoles, sino que encima quiere aprovechar eses estatus para robarnos. No olviden que muchos de los negocios eran con organismos públicos. Además de cornudos, apaleados.

No sé cuántos de ustedes se conformarían con ganar más dinero del que se quieran gastar, y hacerlo de forma vitalicia, poder vivir con muy poca presión y dedicarse a la familia y a algún hobby como la pintura o la flauta travesera, pero yo me conformaría. Es más, estaría tan agradecido que intentaría donar una parte, y no es broma.

Pues no, no ha sido suficiente. Y al final se salda con 6 años de cárcel para Urdangarín, que habrá que ver en qué quedan y una multa de doscientos y pico mil euros para la señora de marrón, que teniendo en cuenta que ya había aprovisionado seiscientos mil, ahora le devolverán la diferencia.

El consorte hace de chivo expiatorio, es lo que tiene no ser noble, y sirve de justificación a una situación familiar que entre osos, amantes y amistades peligrosas necesitaba dar una imagen de renovación y transparencia. Pero no sé ustedes, para mí no cuela. Lo suyo sería que devolviesen todo lo que se ha juzgado como ilegal, que serían varios millones, si no, los próximos que entren verán que hay cierto componente azar en eso de robar desde un puesto de privilegio y les puede dar por probar.

Esto es lo que queda después de diez años de juicio, nosécuantos investigados y varios millones flotando en el aire, como cantaba Dylan. Pocas y cortas condenas y todavía menores devoluciones.

Hablaremos un tiempo de esto, y ya. Patada a seguir, fuera presión y a segur haciendo lo mismo.

Hemos ganado tiempo, como cantan Viva Suecia, pero, ¿hemos ganado tiempo?, ¿o nos lo están ganando?


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