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Opinión / Sabatinas

Humores y motores

Por Fermín Mínguez 24 octubre, 2015 - 10:32

La canción de Los Sencillos dice “amores y motores”, pero este es un caso más de humores que de amores, o al menos de necesidades.

Los motores obviamente hacen referencia al asunto de Volkswagen y los motores trucados. Ese susto con el que nos desayunamos un día, incrédulos, no pudiendo entender como la marca alemana, símbolo de fiabilidad y de las cosas bien hechas nos había podido engañar. Porque parecía que nos había engañado a todos, incluso a los que nunca habíamos tenido un coche de la marca (mi Seat Ritmo del 77 no cuenta, ni por fecha, ni por emisiones). Una estafa, un timo mayúsculo, una burla descarada, y un agravio al planeta.

Siendo todo esto cierto, porque es una canallada que te engañen, no ha dejado de llamarme la atención lo rápido que han llegado las consecuencias.

Dimite el presidente al día siguiente. “No podía ser de otra forma”, “hay que ser un caradura para quedarse”, “qué credibilidad tiene ahora”, etc. y su sustituto viene de Porsche, porque da imagen y porque está limpio. “Alguien nuevo, claro, que no esté manchado por el escándalo”. Todos lo veos normal, lógico y exigible, si ha fallado que se responsabilice.

Además, las asociaciones de consumidores exigen, con razón, que se les indemnice. Hay una vertiente además indignada por el daño al planeta por exceder las emisiones. Y está bien reclamar indemnizaciones por ello, más allá del compromiso ecológico que caracteriza a los usuarios del León y del TT, por ejemplo.

Me ha maravillado lo rápido y bien que se han exigido dimisiones, organizado las asociaciones, exigido indemnizaciones, y demostrado que con nosotros no se juega. Somos gente dura, con principios, que no se deja avasallar, que defiende sus derechos. Y sus ideales.

Somos gente a la que nuestros políticos no le engañan, que exigimos dimisiones cuando nos fallan, o nos roban. Que no permitimos que si alguien es de dudosa reputación, lo sustituya alguien de su cuerda y que todo siga igual.

Gente que no se dedica simplemente a llamar democracia al hecho de votar cada cuatro años, y olvidarse de pedir explicaciones hasta las próximas elecciones. ¿O para esto no somos así?

No quiero pensar que el hecho de que pueda haber indemnizaciones sea lo que nos mueva a organizarnos, porque lo que pagamos con nuestros impuestos es bastante más que estas indemnizaciones, y lo dejamos en manos de las que decimos no fiarnos.

Puede que esté pidiendo imposibles, pero sería fantástico ese nivel de exigencia para todos los políticos. Como nos pasa en la empresa privada, en el mundo real, en el mundo de los que nos dejamos el lomo para mantener el sistema. ¿Qué usted incumple presupuestos?, no cobra; y no vuelve a ocupar un puesto de responsabilidad. ¿Qué dijo que no pactaría con estos y ahora gobierna con ellos?, fuera por incumplir programa. ¿Qué se lo han estado llevando calentito?, responden con su patrimonio personal y no ocupan un cargo público en su vida.

Una clase política competente no se consigue comprando iPhones cada año, o con ayudas extras y dietas, se consigue mediante compromiso. Y me consta que hay políticos así. Una vez oí que si no se mantenía el estatus del político (ojo al término), no habría gente suficiente para presentarse. Me niego a creerlo. Lo que generamos son futbolistas de la política, que cambian de equipo cuando las cosas van mal o van a “descender”.

Si fuéramos igual de vehementes con los casos de corrupción política como lo hemos sido con el caso Volkswagen, otro gallo cantaría. Y no estoy hablando de revoluciones ni quema de brujas, sino de articular un sistema de control que garantice que quien gobierne no olvide que está al servicio del pueblo. Listas abiertas, posibilidad de evaluación del desempeño en el puesto que desarrollan. Y reconocimientos al trabajo bien hecho. Eso es motivar. Reconocer al bueno es mucho más efectivo que castigar al malo. A los vulgares hay que dejarles claro que no queremos que cobren de nuestros impuestos, que nos cuesta pagarlos. Piensen en todos esos que no merecen el puesto.

¿Ya?

Ahora súmenles a todos los del mismo perfil de sus partidos afines. Perfecto. Ahora sería fantástico poder exigirles responsabilidades. Que les estamos pagando.

Me temo que lo único en común entre el caso Volkswagen y los escándalos de corrupción van a ser las indemnizaciones millonarias en ambos lados. A veces dan ganas de robar a lo grande y confiar en que nos salga bien. Pero ese no es el camino. Y entonces toca parar, y serenarse, ir al ralentí para no desbocarse. Como un motor diesel. O un Domingo Diesel, como canta Miqui Puig que ya que abre el artículo, es justo que lo cierre.

Pero sin perder de vista que si queremos que esto cambie, tenemos que asumir nuestra parte de responsabilidad y hacerla valer. Aunque no haya indemnizaciones, aunque no contaminemos.


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