Opinión / Sabatinas

Guarras y garrulos

Por Fermín Mínguez 09 marzo, 2019 - 8:19

¿Qué se puede esperar de una manifestación llena de tías mal vestidas y sin depilar? Nada. Lo mismo que de un grupo de hombres dándose golpes y manchados de barro, una exhibición de testiculina. Unas guarras ellas y unos garrulos ellos. Asco de gente.

Una manifestación feminista recorre las calles de Pamplona por el 8M.
Una manifestación feminista recorre las calles de Pamplona por el 8M.

Alguien que entiende mucho de publicaciones digitales me dice siempre que si pongo títulos agresivos engancharé más lectores, así que he estado a punto de titularlo “Putas y cabrones” a ver si impactaba más, o incluso añadir un “de mierda” que seguro que puntúa, pero me daría mucha rabia que funcionase y sería entrar en la misma dinámica que aborrezco.

Les cuento. Esta semana con motivo del día mundial de la mujer una asociación organizó en una facultad de periodismo pública una conferencia titulada “Masculinidad hegemónica: de la cultura de la violencia a la cultura de la violación”, que así, de entrada, me parece un titular agresivo como para llamar la atención, pero además me parece un tema suficientemente sensible como para tratarlo con seriedad, ¿no creen?, pues no tienen mejor idea que ilustrarlo con una imagen de un partido de rugby. Estupendo.

No les voy a dar la tabarra con los valores del rugby porque ya se lo he contado varias veces, y porque ya lo solté en twitter nada más ver el cartel y porque afortunadamente la universidad decidió retirar el cartel después del revuelo que se montó, y tras la intervención de la Federación Española de Rugby (qué bien que nos cuide), que además hizo algo de lo que aprenderé: denunció el hecho sin dar publicidad ni al acto ni a los convocantes. Yo fui bastante más torpe y visceral y nombré hasta al sursuncorda, y me arrepiento, fíjense, porque al final es generar más ruido y obviar el hecho objetivo.

No se pueden combatir los prejuicios desde otros prejuicios, no tiene ningún sentido. Los prejuicios son trincheras. Las etiquetas, esas que ponemos con frecuencia para definir lo que nos cuesta entender, lo único que hacen es justificar decisiones tomadas con antelación evitando así una reflexión sobre propuestas diferentes a las nuestras.

Vincular las conductas machistas con una imagen de hombres jugando a un deporte de contacto, duro, lo único que hace es reforzar la misma imagen de macho dominante que se critica. Pero lo que sobre todo me alucina es la facilidad con la que para defender lo propio lo que se hace es ensuciar lo de otros. No hace falta, el valor de lo que se hace lo tiene el resultado propio de nuestras acciones. Yo no soy mejor porque mi rival sea un imbécil, como definición claro, no como insulto, seré igual de bueno o malo pero acompañado de un imbécil, así de simple.

No voy a justificar mi opinión diciendo mi postura sobre el papel de la mujer, tengo la suerte (o la desgracia) de contarles lo que me brota todos los sábados en este rincón y he hablado largo y tendido del tema, así que si dudan me revisan, pero lo que sí les voy a decir es que lo que más me gusta del 8M es el 9M. Y el 4S, y el 8E y sobre todo el 6J. Y, ¿saben por qué? Porque los únicos cambios que funcionan son los que se sostienen en el tiempo, que manifestarse está muy bien, sí, pero estas reivindicaciones hay que mantenerlas en el tiempo. Es mucho mejor ser brasa que cerilla, pero que mucho mejor.

Y en este escenario globalizar y acusar a colectivos enteros de lo que defienden individuos puntuales, huele más a justificación que a crítica real, a no querer asumir los riesgos, vamos. Ayer millones de mujeres secundaron la huelga, y cientos de miles se manifestaron por todo el país. Oigan, claro que vi pancartas que me parecían absolutamente fuera de tono y me resultaron ofensivas, había una que me proponía como abono para el huerto por ser hombre, por ejemplo, que miren que daría para abonar mucho con mi cuerpo serrano, pero ganas las justas, y sin embargo no se me ocurre criticar a todo el movimiento feminista porque haya algunas imbéciles en sus filas. Que también se puede ser feminista e imbécil, ojo.

Porque la libertad de elección va de eso, de que cada uno decida lo que quiere ser en cada momento y asuma sus consecuencias, imbecilidad incluida. También hay imbéciles entre los hombres, claro, pero eso no nos convierte a todos en machistas. Es más, hay bastante malnacido que es maltratador y otros indeseables que son asesinos, y a estos hay que ponerles cerco, ahogarlos socialmente y ponerlos en manos de la justicia para que los juzgue y dé ejemplo a todos aquellos desgraciados que piensen que la violencia es una opción. Sin descanso.

Así que mejor evitamos guarras y garrulos y nos dedicamos a reclamar lo que es justo, que en esto espero que estemos de acuerdo, y es que a igual responsabilidad igual remuneración, por ejemplo, pero también igual participación. Que echar la culpa a la estructura machista está muy bien, sí, pero las estructuritas son las que nos matan. Me alucina siempre leer eso de “el día de la huelga encárgate, varón, de las cosas de casa para que ella pueda ir a la manifestación. Hoy no eres el protagonista”. ¿El resto de los días ya si eso lo vemos? A eso voy, trabajemos las continuidades.

Conozco a más garrulos del rugby posicionados a favor del movimiento feminista que en contra, pero es que encima relacionar el rugby a la masculinidad sería negar el rugby femenino que nos da más alegrías que el masculino en España. Es un absurdo buscar enemigos en las formas en lugar de aliados en los fondos.

Anaïs Nin, escritora francesa que tiró tabúes como si fueran tabiques en los años 30 y 40 del siglo pasado, tenía una frase preciosa que decía que no vemos el mundo como es, sino que lo vemos como nosotros somos. Me encanta. Ese puede ser el problema, la incapacidad para verlo como lo ven los demás. Da igual que no seamos garrulos si nos ven como tales, y saben qué, que lo mismo pasa con las guarras. “Tu fuerza es mi debilidad, tu debilidad es mi odio” dice la canción de hoy. Y así.


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