Opinión / Sabatinas

Gracias

Por Fermín Mínguez 29 Diciembre, 2018 - 9:53

Este es el mes de las listas de lo mejor del año, libros, canciones, películas, series y lo qu ese les ocurra, ¿no han hecho la suya? Mi lista he decidido que sea de agradecimientos, no se me ocurre mejor forma de cerrar este año que ya tarda en acabarse.

Un cartel con la palabra gracias.
Un cartel con la palabra gracias.

No serviría para hacer listas porque acabaría recomendando lo que producen y escriben mis amigos, es lo que tiene no ser objetivo, así que puesto a ser objetivos voy a listar agradecimientos, pero de forma consciente, no esos agradecimientos de ascensor. Gracias de corazón más que de cortesía, tengo la sensación de que damos pocas gracias sinceras como si diéramos por hecho todo lo que tenemos, como si no fuera algo extraordinario cada logro diario. Y eso no es justo. A este año lo que me sale es cagarme en sus muelas y reventarlo si pudiera, pero sería lo más fácil. Lou suele colgar en sus redes sociales una imagen que dice que hay que dar las gracias varias veces al día, incluso si no encuentras razones, y siempre me sorprende con algo que agradecer, siempre.

Recuerdo que en el Honestidad Brutal de Calamaro, LP de referencia, en las páginas centrales del libreto que venía había unos agradecimientos larguísimos, no el típico de “A mis hijos” o “A ti, que lo sabes” (que es perfecto para decir que lo has dedicado a tropecientas personas), sino unos agradecimientos personalizados, y recuerdo que pensé que si algún día escribia un libro lo haría así, un capítulo de agradecimientos si hiciera falta, que es mucha la ayuda que recibimos para aguantar muchos días. Y como lo más parecido que he hecho a escribir un libro es esta columna, aquí van mis agradecimientos.

Por coherencia, gracias a este diario y a su director por permitirme escribir todas las semanas y decir lo que me venga en gana, sin tocar ni una de mis palabras. Ni siquiera hoy con este texto en amateur y en primera persona. Escribir es una espita para mí, así que gracias por ayudarme a sacar la presión, a verme en otros lugares.

Gracias también a las tecnologías, sí, y muchas. Si su función es la de ayudar y potenciar el factor humano, potenciar y no sustituir, ojo, en este año han sido especialmente útiles. No solo por esas videoconferencias que hacen que estés cerca siempre, sino también por algo tan sencillo como los grupos de Whatasapp. Así que gracias a mis dos grupos de cabecera que en este año me han sostenido de una manera que seguramente no sepan.

Por un lado las Mouthies, por ser esa dosis de alegría diaria, sencilla y continua que hace que mantenga la fe en que vendrán alegrías mayores. Gracias por ser continuidad, por ser sonrisa, por las canciones inventadas y por las indicaciones de tráfico, Barcelona es más fácil en tetera. Y la vida más fácil siendo boquerón. Gracias queridas, hemos venido a brillar.

Por otro al grupo de opinión que nació del Fan Club, con su uniforme de calcetines negros y muletas. Por esa anarquía de opiniones y criterios, por esas horas de insomnio acompañadas, por demostrar que las cercanías se ganan estando disponible, y que las afinidades nada tienen que ver con estar de acuerdo o pensar lo mismo. Porque esta discordancia ha vuelto a despertar mi lado creativo, y me he vuelto a acercar a la música con los cascos de Tros. Gracias queridos mayates (en la primera acepción de la RAE, claro).

Gracias también a mis compañeros de trabajo que han sabido soportar y acompañar en este año de vaivenes. El año que viene será bueno. Gracias sobre todo a la delegación de Barcelona que me acoge. A los desayunos con azúcar moreno, a los cónclaves de despacho, a las comidas de primeros de mes, a todo eso que hace que el lugar de trabajo sea especial. Todas esas variantes que a veces se olvidan y son básicas para generar un entorno laboral amable, el talento crece mejor así, en la confianza y en la alegría. Y al equipo de Vincles, claro, que no se lo creen pero son esperanza, y cuando ésta escasea en lo propio que alguien te la traiga de fuera es media vida.

A mis amigos de toda la vida y a las parejas que han ido llegando, claro, porque de una forma u otra siempre están o lo intentan y son refugio, siempre se puede volver a la zorrera.

Gracias a mis dos faros en Madrid por ser bastión y trinchera. Por cuestionarme siempre y no juzgarme jamás, qué bien que nos haya costado tanto llegar hasta aquí, cuánto hemos aprendido. Cuánto nos queda por aprender. Crecer es una opción, con sus consecuencias claro y esas son las que aprendimos a asumir.

Gracias al rugby por enseñarme una forma de vida donde todo el mundo tiene algo que aportar, que pone el foco en lo bueno de cada cual en lugar de en lo que te impide seguir, así hasta las momias tiene cabida. El equipo entendido como la suma de las aportaciones de sus miembros en base a la necesidad del momento, de esta forma siempre se puede contribuir. El club entendido como familia, gracias Gòtics Rugby Club por recordármelo, por dejarme volver y ser partícipe de esta maravilla. “Te divertirás” decías, lo que no dijiste es que además de divertirme seríais salvavidas. Ojalá más del modelo de gestión del rugby en el modelo de gestión de las organizaciones. Algo tendremos que hacer con esto, sí, lo haremos. Gracias por ser apoyo, por fer costat, que es una expresión preciosa.

Y gracias sobre todo a mi familia. Por saber seguir, por ser ejemplo, por hacer eso tan difícil que los ingleses llaman to walk the talk, que es literalmente andar lo hablado, o cumplir lo prometido o predicar con el ejemplo. Por estar de una forma tan real cuando todo parecía irreal. Por mantenernos en pie cuando nos faltó el suelo. Por saber que todo lo que hemos tejido hasta hoy nos ha servido de red en esta caída libre. Por ser columna vertebral. Gracias a mis hermanos, a todos, los de serie y los que han completado la alineación por demostrar que se sigue siempre que se quiere. O incluso cuando no se quiere. Gracias por dejarme cocinar contigo, se nos da bien trabajar juntos, ¿no crees?

Gracias mamá por ser ejemplo de resistencia, por seguir reuniéndonos en torno a ti.

Gracias a ti por darme el espacio en lo cercano y la confianza para buscar dónde crecer, por creer en mí. Y muchas gracias Martina por ser luz, por ser mi constante.

Y gracias Cris por enseñarme a vivir otra vez. Era mejor contigo, pero no pienso desaprovechar la oportunidad de vivir sin miedo a ser feliz. Sé que los buenos ganan, pero además de bueno seré feliz.

Cierro este 2018 con la seguridad de que exprimiré 2019 hasta dejarlo seco. Confío en seguir viéndoles los sábados y que me sigan diciendo qué les parece lo que cuento.

Lo haremos bueno, los que toman decisiones son los dueños de su destino.

Que tengan la mejor de las salidas y entradas de año. Nos vemos pronto.

Sean buenos, pero sobre todo sean felices.

Y gracias, gracias por leerme y compartir. Sonrío.


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