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Opinión / Sabatinas

Flurona

Por Fermín Mínguez 08 enero, 2022 - 9:48

Queremos ir a mejor porque mal, mal ya nos lleva yendo un tiempo.

Una mascarilla tirada en el suelo en una calle de Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY
Una mascarilla tirada en el suelo en una calle de Pamplona. IÑIGO ALZUGARAY

Este es el nuevo acrónimo pandémico, Flurona, mitad gripe, mitad Corona. Puestos a elegir acrónimos prefiero mil veces al ligre, mitad león, mitad tigre…

Los acrónimos de antes eran mejores. No sólo el ligre, que es uno de mis favoritos, (si alguien tiene el cartel de circo que lo anunciaba, sería un perfecto regalo de Reyes retrasado), sin otros tan bonitos como meriendacena (esto sería más una palabra compuesta que un acrónimo; RAE en mi corazón siempre), que define ese concepto tan bonito de sentarse a merendar a las seis de la tarde y no parar de comer en compañía hasta las once de la noche. Hay más que son bonitos, como teleñeco, transistor, motel o el terrible emoticono. Pero flurona, además de horroroso, tiene el riesgo de que incorpora el coronavirus como parte del vocabulario, modificando la realidad, parasitándola, normalizando el virus y no sé ustedes, pero yo me niego.

Estoy harto de que me metan miedo, y que la amenaza sea parte de la solución, amenazando con convertir nuestra existencia en una especie de Operación Triunfo de la enfermedad, donde vamos superando fases hasta que sólo quede uno. Cada vez que superamos una aparece otra mayor, como en Sueño con serpientes de Silvio Rodríguez.  Y a base de ir matando serpientes, se va perdiendo el miedo y, por mucho que nos sintamos amenazados, aprendemos a convivir con ello. Quizás sea el momento de dejar de utilizar el miedo como solución a esto, porque está visto que no funciona.

Tenemos más olas que en la playa de Mundaka, y cada una que llega la surfeamos peor. Mi constante decía ayer que hay sobreinformación pero no sobreprevisión, y ahí está el problema. No soy médico y no me atrevería a emitir juicios sanitarios sin saber, para eso ya está Twitter y sus agoreros de pacotilla diciendo que la vacuna nos convertirá en zombis y ellos nos salvarán. Que como quedemos en manos de esos desgarramantas, liderados por la raqueta de Djokovic, apaga y vámonos. Pero lo que sí soy, como ustedes, es observador, y parece que hay un componente importante en la gestión de todo esto que es la previsión. Como se hace siempre con todos los virus por otra parte, que hay campañas de prevención y vacunación para limitar su impacto. La mejor forma de enfocar esta pandemia no es normalizarla y poner nombres nuevos, sino trabajar la prevención. Siempre se funcione mejor en proactivo que en reactivo.

Fíjense como cambia el mensaje si en lugar de decir “hagan el favor de obedecer o nos veremos obligados a tomar medidas drásticas”, donde la responsabilidad recae en todos nosotros y libera a los responsables políticos, a decir “vamos a tomar medidas de prevención para no tener que imponer medidas drásticas”, asumiendo que es su responsabilidad. ¿No creen? Parece claro que hay que reforzar la Atención Primaria para atacar primero, en las fases iniciales; que los test preventivos permiten localizar focos y actuar sobre ellos; que cuando se forma e informa sin miedo a la población, esta responde y es responsable. Nos hemos confinado, nos hemos dejado de reunir con familia y amigos, hemos dejado de despedir a seres queridos, hemos dejado de tener ocio, pero no de trabajar, joder, hemos sido encantadores. Y sin embargo ponemos el foco en lo que no se ha hecho. Que si los jóvenes salen: pero es que tienen veinte años, qué esperamos que hagan.  A mí ahora me da igual que cierren bares y discotecas porque a esas horas ya estoy en pijama, pero no sé qué hubiera hecho hace 25 años. Bueno, sí lo sé, pero no hace falta que nos contemos todo…

Miren, no, lo de echar la culpa a la gente y hacer que nos enfrentemos no ha funcionado nunca y no va a funcionar esta vez. Esa amenaza de “haced caso porque si no irá a peor” ya no funciona, ¿y saben por qué?, porque ya hay mucha gente a la que ya le iba mal de antes. Y otros muchos somos de la escuela de Patti Smith, mito, que decía en una entrevista que, desde que se está haciendo vieja, no piensa tanto en la muerte, que piensa más en la vida. Pues eso. Que es normal que después de dos años de amenazas y de medidas que parecen más fruto del azar (y del miedo político a perder votos, que esto es mezquino a más no poder), que de querer buscar la solución, es normal que pensemos más en que queremos vivir que en dejar de morirnos.

Nos guste o no este virus ha venido a quedarse, y si no vendrá otro, así que será mejor montar una estructura duradera y preventiva que nos proteja. Promovamos hábitos saludables, (poco se habla de los muertos por tabaco y alcohol), generemos redes de ayuda y prevención (poco se habla de los muertos por suicidio) y exijamos (iba a poner por favor, pero no va a servir) que se refuerce la sanidad pública sobre todo en Atención Primaria para que este y los próximos virus que vengan no castiguen tanto a un personal sanitario que está aguantando más de lo que cualquiera podría.

Y ya que va a quedarse el virus, si quieren normalizarlo y que se vea parte de la sociedad, pues opten por acrónimos como los que se han visto en redes esta semana. Covicreta, covid y croqueta; covicón, covid y roscón; o el propuesto para la flurona por Ángel Martín: covimocho. Si tener que vivir con el bicho, mejor integrarlo en positivo. Dennos unas pautas claras de prevención, de riesgos a asumir y de las consecuencias de no cumplirlos, hemos demostrado que como sociedad sabemos responder. Claro que hay imbéciles que no respetan nada, pero no vamos a dejar que los imbéciles marquen nuestro destino, ¿no? Que algunos ya se nos han colado.

En fin, dígannos qué hacer para ir a mejor, en vez de hacer carteles con arcoíris y corazones, que cada cual asuma la responsabilidad del puesto que ocupa y, de verdad, dejen de meter miedo como estrategia y apuesten por la prevención. Queremos ir a mejor porque mal, mal ya nos lleva yendo un tiempo.

Sean buenos, pero, sobre todo, sen felices. Incluso sean Connery, como dice el señor Marrón.

Y si tienen que ser acrónimo, sean ligres. Mitad leones y mitad tigres.

Sonrío. Arrancamos 2022.


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