Opinión / Sabatinas

Fin de temporada III

Por Fermín Mínguez 30 junio, 2018 - 11:24

Es ir un poco a contracorriente en este país de temporada alta veraniega, pero a pesar de que el verano pinta entretenido para poder escribir y opinar toca hacer parada y fonda.

Un hombre contempla la hornacina de San Fermín en Santo Domingo antes de un encierro. REUTERS/Susana Vera
Un hombre contempla la hornacina de San Fermín en Santo Domingo antes de un encierro. REUTERS/Susana Vera

Ya les he dicho alguna vez que mi principio de año lo marca el 6 de julio, lo que significa que el 5 es el final y ya llego pidiendo la hora. El 6 de julio, mi Kamchatka, (algunos amigos todavía se siguen riendo de esto), este año más que nunca un lugar desde el que resistir e intentar curar cicatrices.

Por eso me da tanta rabia cómo se está tratando a Pamplona y a los Sanfermines en el tema de las alimañas de la manada. Aún a riesgo de ser redundante, la única víctima aquí es la chica a la que violaron y los únicos culpables los cinco miserables que lo hicieron, esto hay que tenerlo claro.

El otro día oí al barbitonto del Prenda culpar a los medios de comunicación de su situación, como si fuera una celebriti. El tonto del haba dando lecciones. Un tipo que se tatúa su nombre en la tripa, como una matrícula de ganado, dando lecciones.

Y el resto diciendo que la culpa de que este mamacallos (todas estas definiciones las recoge la RAE, por si tienen alguna duda) y los comemierdas (RAE también) de sus compañeros decidan atacar en grupo a mujeres es de Pamplona, de sus fiestas y del alcohol. Estupendo, les seguimos dando alas y justificándolos.

Les explico. La mañana del 7 de julio una chica denuncia una violación en Pamplona, que ese día es posible que esté triplicando o cuadriplicando su población por ser San Fermín. Los datos para localizarlos son que van vestidos de blanco, como el 95% de la gente ese día, que tienen acento andaluz, tatuajes (tu matricula, ababol) y un reloj grande.

Estaremos de acuerdo que como pistas son pocas y débiles máxime teniendo en cuenta el caos controlado que reina en Pamplona un 7 de julio. Pues bien, a pesar de todo esto, en menos de dos horas la Policía Municipal detiene a estos mamarrachos en el recorrido del encierro, que es también un evento multitudinario. Esa es la respuesta de Pamplona en fiestas, a pesar de las dificultades localiza y detiene a los agresores. Chapó. Esas son las fiestas que pretenden algunos criminalizar.

Me siento muy orgulloso de cómo la ciudad enfrenta estas agresiones, y ya pueden dar gracias a que la policía los detuvo, porque en esta tierra de tradiciones y de valores profundos, los navarros de bien tenemos un punto de resolución de conflictos que les hubiera quitado las ganas de salir a la calle a buscar micrófonos a estos descerebrados.

El problema no se soluciona diciendo que las mujeres no vengan a Pamplona, solo faltaba que quien tuviera que esconderse fuera la víctima, ni cambiar el blanco por el lila para dar visibilidad, no. Se soluciona diciendo a los violadores que nada de lo que hagan va a tener más impacto que el de su condena y la repudia más absoluta a sus conductas, que por cada manada de criminales que se constituya, habrá una jauría de mujeres y hombres cabales enfrente enseñando los colmillos. Que todos y cada uno de nosotros trabajaremos para que no tenga espacio en la sociedad ese tipo de conductas. Que no justificaremos jamás a los agresores con conductas de la víctima, sólo faltaba.

Las concentraciones están muy bien, de verdad que lo creo, pero tienen el riesgo de creer que con eso ya es suficiente, y miren no. Las concentraciones transmiten unidad y potencia, y eso es muy bueno, pero igual les pilla lejos a los culpables, a toda esa gente que sigue justificando la actitud de esos cinco despojos.

Además de manifestarme voy a adquirir un compromiso con todos ustedes, me comprometo a intervenir  siempre que vea una situación de abuso. A asumir el riesgo de tomar parte. Prestar la dialéctica y capacidad negociadora de mi metro noventa y cien kilos para convencer a los agresores de que no, señores, de que así no y de que no van a encontrar espacio en esta sociedad. ¿Se apuntan? Sería fantástico inundar las redes sociales con un hastag del tipo #mecomprometoaintervenir  #yotambiéntedefiendo o #niseteocurrahacerloimbecil, en los comentarios a este artículo y en todas las redes sociales, pero corremos el riesgo de quedarnos ahí. Y la vida real no es esa, la vida real exige reacciones reales.

La vida es demasiado corta como para fiarla a reacciones virtuales, así que si realmente quieren provocar un cambio, mójense, implíquense y tomen parte del mismo. Los tiempos de la vida no son nuestros, no tiene sentido esperar a que pase algo que podemos provocar nosotros, ¿no les parece?

Menos quejarse y buscar soluciones creativas, espectaculares y visuales y más asumir riesgos y atacar la raíz del problema aunque esto no dé visibilidad. La solución no está en la repercusión, en la sobreexposición, sino en la transformación decidida de aquello que no nos gusta. Si cada me gusta se cambiara por una decisión firme, algo mejor iría todo. Seguro. De nosotros depende.

Yo me despido hasta septiembre agradeciéndoles sus lecturas y comentarios, ojalá nos encontremos en el mundo real, hasta entonces sean buenos, pero sobre todo sean felices. Así se despedía mi hermana Cris, y qué razón tenía. Es imposible ser feliz sin ser bueno. Sonrío.

Sean buenos, sí, pero sobre todo sean felices. Y resistan.


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