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Opinión / Sabatinas

Feliz Año

Por Fermín Mínguez 09 enero, 2016 - 1:18

“Feliz año. Que el 2016 te traiga todo lo que mereces y te haga muy feliz. ¡Y no cambies nunca!” Y luego vienen entre 3 y 25 caras amarillas que guiñan un ojo, te mandan besos, lanzan corazones, tienen lagrimas gigantes y algunos incluso cuernos (a.k.a. emoticonos)

Y ya. Tan anchos nos quedamos. Esta es una de las felicitaciones tipo que circulaban por teléfonos y redes sociales. Algunas ya eran más pro y añadían cosas como “que lo malo no te toque”, “que se cumplan tus deseos” o esos que te decían que si compartías la imagen de un trébol, un burro o una acelga alsaciana, 2016 te colmaría de dicha y bienes.

Y tan contentos, oigan. Tan anchos que nos quedábamos. Hala, 2016 en pasivo, que venga, que yo espero sentado. Que no cambies, tela.

Pues como creo que sólo falto yo por felicitarles el año, si me permiten lo haré a mi manera. A sabiendas que puede resultar algo sabiniana. Y si me permiten, les tuteo.

Yo te deseo que decidas hacer de 2016 el año más feliz de tu vida, a sabiendas de que esto es muy difícil, que te exigirá tomar decisiones y hacer renuncias.

Te deseo que tengas la valentía suficiente para tomar la decisión correcta. A pesar de que esta te saque de tu zona de confort, o precisamente por eso. Que tengas la valentía de decidir, lo cual no significa que vayas a acertar, ojalá, pero decidiendo se crece.

Te deseo que sepas aceptar los fracasos que depara este año sabiendo que unas veces se gana y otras se aprende. Que sepas sacar algo positivo de cada tropezón, caída o descalabro del 12.

Te deseo que tengas la humildad de reconocer que alguien es mejor que tú. Que aprendas de esa persona, y que te motive a ser mejor. Que no te provoque rencor, que os ayudéis a crecer.

Te deseo que celebres todos los éxitos que tengas como merecen, cada esfuerzo que fructifique por todo lo alto. Que te quieras. Mucho. Que te valores. Y que celebres el éxito de los demás, que lo merecen.

Te deseo que te recuperes lo antes posibles de los reveses que habrá en 2016. De las pérdidas. De los jirones  que nos arrancarán del alma.

Te deseo que sepas decir adiós. Cuando despidas o te despidan. Valorando lo bueno, con una media sonrisa y un suspiro largo.

Te deseo que controles tu rabia, o al menos que la pongas en valor. Y que sepas anticipar sus consecuencias, para frenarla a tiempo.

Te deseo que sepas llorar. Cuando haga falta, cuando lo necesites. Cuando te brote.

Te deseo que seas la mejor o el mejor en lo que elijas, que lo des todo, que llegues al límite y consigas que tu equipo mejore o que tus marcas bajen. Bueno, excepto que compitas en cualquiera de las categorías en las que compite mi Gótics Rugby Club; en ese caso te deseo lo mismo pero para que consigas quedar segundo. Una cosa es motivar y ser generoso, y otra es ser Paulo Coelho. Lo siento, yo quiero ganar.

Te deseo que no te enquistes en una forma de ser que te evite avanzar, en una terquedad que te aísle, en un personalismo que no te permita mirar alrededor. (Esto sobre todo si quieres ser presidente de algo, claro.)

Te deseo que no olvides quien eras antes de que te vaya mal, que no olvides esa ilusión, que la retomes que arranques de nuevo. Y te deseo también que no olvides quien eras antes de que te vaya bien. Esa humildad, ese esfuerzo de cuando las cosas te costaban. Esa mirada crítica a los que les iba bien. Que el hecho de medrar no te haga perder pie ni conexión. (Esto sobre todo si eres concejal…)

Te deseo que sepas diferenciar bien y mal. Y que no justifiques lo malo con nada. Nunca.

Te deseo que recuerdes que lo puedes hacer. Sí, tú puedes.

Y, de todo corazón, te deseo que puedas cambiar. Sin renunciar a quien eres, y mucho menos a quien quieres ser, pero que te adaptes. Te deseo que tengas la capacidad de dejarte ir cuando flaqueen tus fuerzas, pero que no te rindas. Como el junco de la canción del Dúo Dinámico, con raíz fuerte pero adaptable.

Ahora sí, te deseo un feliz 2016, tan feliz como decidas hacerlo.

Y por hacerle un guiño al azar, no estaría mal que alguno de los juegos de azar a los que juegas, te dé un regalico. Que esto también ayuda. Es más, ojalá un premio para cada persona que lea este página.

Y sin emoticonos. Que no los puedo ni ver. Con lo bonito que es escribir “Sonrío” al final de un mensaje o un correo, en vez de meter una bola amarilla con la lengua fuera y un ojo cerrado. En fin.

Y por último un favor. Si durante este año me paso por el forro alguna de estas intenciones, que es más que probable, por favor, recuérdamelo. Que es más fácil olvidarse que insistir. Y proponerlo me compromete a intentarlo.

(Me gustaría dedicar este texto a mis sobrinos, como representantes de la nueva generación, con la confianza de que se lo transmitan a mi hija cuando tenga su edad. La edad de entender que si queremos que esto cambie, debemos empezar a cambiarlo)

Está claro. No podía ser otra hoy:

Que mantengamos los bares abiertos, que casi se me olvida. Que no dejemos de ir.

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Feliz Año