Opinión / Sabatinas

El hecho perimetral

Por Fermín Mínguez 21 noviembre, 2020 - 9:22

Sé que dije que no volvería a hablar de la pandemia, lo sé, pero es que esto de los perímetros me trae loco. Igual ustedes me pueden ayudar a entender.

Vista del control de la Guardia Civil en el límite entre Navarra y La Rioja por las restricciones del coronavirus. EFE/Raquel Manzanares
Vista del control de la Guardia Civil en el límite entre Navarra y La Rioja por las restricciones del coronavirus. EFE/Raquel Manzanares

La verdad es que creo que dije que no hablaría más del virus en negativo, no sé si esto servirá como disculpa y evitará que Txarly me esté recriminando que dije que no lo haría, que lo dudo, en todo caso no tiene tanto que ver con el virus como con la organización de país.

Adelanto que no soy epidemiólogo ni sanitario, pero algo me ha tocado gestionar y sufrir profesionalmente este año entre pruebas y coberturas sanitarias, y es en la operativa de las decisiones donde me.

Entiendo que una de las medidas que facilita el control de cualquier pandemia es el confinamiento, si se detecta un brote de lo que sea en este pueblo se cierra y se gestiona hasta que esté controlado. Fácil. Que esto es tan antiguo como la vida misma, es la versión política de quedarte en casa cuando tenías alguna enfermedad contagiosa de pequeño en una habitación en la que solo entraba tu madre porque las madres eran inmunes a todo, y no venían a verte tus amigos con tebeos y chuches hasta pasados algunos días. La habitación se ventilaba, cambio diario de sábanas y reposo. Y “qué televisión ni qué televisiona, que te sube la fiebre”. Caldico y quietud que se decía en Navarra, seguro que era parecido en el resto de España. Control de epidemia perfecto: medidas claras, agente del orden velando por su cumplimiento, y profesionales de la salud por el tratamiento. Ojalá poder volver a veces a esos cuidados, ¿no les parece?

Vale que las dimensiones de la pandemia actual no son comparables con una varicela escolar, pero hay algunas cosas que no tienen sentido. No me imagino yo de crío con varicela pudiendo andar por el portal de casa subiendo y bajando escaleras por el hecho de que la vecindad estaba prevenida de contagio, más bien al contrario, ¿no?, si un contagiado se pasea el virus se pasea con él allá donde vaya, que no parece que haga falta un esquema para entenderlo, vamos.

Pues ahora no, miren, ahora parece que el diseño autonómico sirve de prevención para el virus, que nos ha salido muy del terruño en este país, fíjense. De esta forma si se perimetran regiones y comunidades autónomas enteras evitamos el contagio. El hecho perimetral del virus debe ser.

No he dejado de acordarme esta semana de Xabier Arzalluz, que la verdad ya son ganas, cuando decía aquello del hecho diferencial vasco, ¿se acuerdan?, lo del RH negativo y las ventajas físicas claras que suponía ser vasco. Era gracioso que él dijera esto desde su metro setenta justo, pero oigan, ahí estaba, sentando cátedra con su hecho diferencial. Que luego diría que el mantra se repitió desde otras atalayas y cada frontera definió un hecho diferencial como algo vinculado a la historia y la raza, llenándonos a todos de orgullo. Que a mi saben que no me gusta malmeter ni pisar callos, pero estos hechos diferenciales que enarbolamos con tanta vehemencia ,y a veces fanatismo, es lo que se llama cultura popular, que es la forma en la que un territorio entiende la realidad, la celebra y la transmite, pero vamos llamémosle hecho diferencial que da más caché, y si levantan el mentón y ponen voz grave como hacía Arzalluz, pues ganan empaque.

La pena es que este convencimiento en que los límites geográficos nos lleva a tomar decisiones creyendo que son dogma, y aquí es donde llegamos al hecho perimetral, que dice que las personas se pueden mover con cierta libertad por su comunidad autónoma en época de pandemia pero no viajar a otras, supongo que porque los virus, cazurros y provincianos, están ojo avizor para distinguir al intruso para darle lo suyo. Algo así como los carteristas de zona turística, pero en virus feo. Me los imagino, a los virus no a los carteristas, con txapelas, barretinas o pañuelos baturros asomándose por la comisura de la boca sin ser vistos, dispuestos a saltar al ojo del intruso con gritos de abordaje propios de cada región.

De hacer pruebas que garanticen la movilidad de las personas no infectadas entre puntos limpios no hablamos, para qué. No tiene sentido detectar a los enfermos y que se queden en sus casas tomando caldicos y leyendo, pudiendo confinar comunidades enteras, vaya tontería.

Es mucho más tranquilizador que un navarro sin ninguna prueba vaya desde Leiza hasta Villafranca, una hora y media de viaje, porque su navarrismo lo protege, seguramente por la influencia mágica de ese brebaje al que llaman pacharán, a que ese mismo navarro, con una PCR negativa vaya a comer con su familia, también con pruebas negativas, que vive en Tolosa, Guipúzcoa, a veinte minutos, haciendo el viaje cumpliendo con las medidas oportunas. Dónde va a parar. El navarrismo, su hecho diferencial, nos protege.

Pero ojo que al fin y al cabo somos una comunidad chiquitica, la juerga en otras es más divertida. La comunidad que me acoge y me cuida bien, Cataluña, cree que es más seguro que alguien de Cadaqués sin diagnóstico vaya a cenar en Navidad a San Carlos de la Rápita, Tarragona Sur, y recorra trescientos cincuenta kilómetros con la alegría y tranquilidad  que da viajar protegido cantando el virolai, a que yo pueda recorrer cien más e ir a cenar a Pamplona con mi familia, habiendo dado negativo todos, origen y destino, en pruebas diagnósticas de COVID. De verdad que prometo no tener contacto con nadie en el viaje, y en lugar de parar en áreas de servicio, pararé en esas áreas de descanso que nunca he entendido y donde la gente merienda en mesas de piedra y hace pis en los arboles porque no hay baño.

El hecho perimetral no vale para nada si no tenemos un control sobre los perfiles que se quieren mover. Estoy convencido de que la mayoría de nosotros no queremos hacer daño a nuestros seres queridos, y que si damos positivo o tenemos la mínima duda de que podemos ser portadores del virus, nos quedaremos en casa, caldico y quietud, hasta nueva orden. Digo la mayoría porque siempre puede haber algún irresponsable, claro, pero parece que tiene bastante más sentido hacerlo así, ¿no les parece?

Mientras tanto se siguen tomando decisiones basadas en necesidades políticas territoriales que tendremos que asumir los ciudadanos de a pie. Mi tía Merche hubiera dicho, “qué totaño de vida…” Totaño no sale en la RAE, que ya tarda, ni se entenderá fuera, pero a base de escuchárselo supe que totaño era algo así como descontrol, sinsentido. Totaño es algo cultural, no diferencial, como el virus, que es algo sanitario, ni político ni administrativo. Nos vendría bien insistir más en medidas sanitarias de prevención que en medidas políticas de contención y renuncia. Máxime cuando quienes las promueven ni se han contenido en gasto ni han renunciado a nada desde que empezó la pandemia.

Pero vamos, que yo de esto no sé mucho y quizás lo de proponer pruebas para descartar contagios y promover una movilidad sostenible bajo criterios sanitarios igual es un sinsentido, y lo bueno es lo del hecho perimétrico diferencial. No sé que les parecerá a ustedes.

Vaya totaño de fin de año nos espera… que cada uno aporte lo que sepa.


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