Opinión / Sabatinas

El ego

Por Fermín Mínguez 09 junio, 2019 - 12:30

“El gran corruptor del hombre público es el ego. Mirar a los espejos distrae la atención de los problemas”. Añadiría que del público y del privado, mujer y hombre.“El gran corruptor del hombre público es el ego. Mirar a los espejos distrae la atención de los problemas”. Añadiría que del público y del privado, mujer y hombre.

"No podemos culpar a una parte por lo que somos todos. Es lo mismo que pensar que se es indispensable en el trabajo, que sin nosotros no saldrá adelante, que menos mal que estamos nosotros".
"No podemos culpar a una parte por lo que somos todos. Es lo mismo que pensar que se es indispensable en el trabajo, que sin nosotros no saldrá adelante, que menos mal que estamos nosotros".

Esto lo decía Dean Acheson, que he de reconocer que no sabía quién era hasta que leí su cita. Resulta que fue Secretario de Estado de EEUU, con papel importante en los comienzos de la guerra fría y aparece en varios puntos más relevantes de la Historia del siglo pasado. Luces y sombras, como todos supongo, pero con experiencia como para tomar en serio su frase, sobre todo en estas semanas de pactos, prepactos y postpactos y de interpretaciones libres de los resultados y las aspiraciones.

Me encanta eso de “el pueblo ha hablado y tenemos que asumir su mandato”, y luego se pone en clave de necesidad partidista. Es muy gracioso, ¿no creen? Pero esto no es exclusivamente de los partidos políticos, no, esta necesidad de interpretar en clave personal es general. Voy a hacer caso al humorista George Carlin, a este sí que lo conozco, cuando decía que no se iba a quejar más de los políticos, porque estos son sólo parte de la sociedad, provienen de ella. El razonamiento que hace es brillante pero no se lo pongo entero porque me parece mucho morro que me escribiera él toda la columna, pero les recomiendo buscarlo porque merece la pena. En resumen, tras una reflexión sobre que “un nuevo grupo de ciudadanos egoístas e ignorantes” poco bueno van a aportar, Carlin dice que “quizás no sea la clase política la que apeste, sino que haya alguna otra cosa que apeste por aquí”.

Totalmente a favor, al final son las personas las que toman las decisiones, y si yo no salgo de casa la influencia de mis decisiones se queda en el sabor del zumo o el tipo de café, pero a medida que amplío el área de influencia mayor la repercusión, esto parece claro.

Si una persona dirige un partido político y su ambición es gobernar, por ejemplo, y hace cualquier cosa que este en su mano, pasándose por el forro el respaldo obtenido, no es cuestión del partido político, sino de la ambición personal, ese ego desmedido del que hablaba Acheson seguramente. Y justificar las decisiones personales leyendo la intención de terceros o descifrando lo que esto significa en el futuro es tener más cara que espalda. Me refiero a eso de que “el pueblo ha hablado”, “yo sé lo que realmente necesita este proyecto”, o el repelente “hay una lectura que subyace”. Vamos a ver, la mayor parte de las decisiones se toman en primera persona y sería bueno decirlo y asumirlo. El pueblo, ese personaje anónimo al que me imagino con sombrero, habla con más frecuencia que en las elecciones y nos lo pasamos por el forro. El pueblo, y su sombrero, habla cuando pide mejores pensiones, cuando quiere decidir sobre la forma de educar a sus hijos, cuando se cabrea contra la corrupción o cuando pide mejoras sociales. Pero como no se vota no es mandato del pueblo, pistonudo.

El ego, según la RAE, es la “exagerada exaltación de la propia personalidad, hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales”, un “venirse arriba” en toda regla. Esto no es político, esto es muy humano. No podemos culpar a una parte por lo que somos todos. Es lo mismo que pensar que se es indispensable en el trabajo, que sin nosotros no saldrá adelante, que menos mal que estamos nosotros para decidir; que cariño hazme caso que tú no sabes; que está muy bien que todos penséis una cosa pero aquí el listo soy yo. Y así vamos construyendo una persona-castillo que en lugar de relacionarse y dialogar se defiende. La segunda parte de la frase de Acheson dice que mirar a los espejos distrae la atención de los problemas, estoy por hacerme una camiseta con la frase. Cuando el objetivo es quitar la razón al contrario se pierde el foco en el objetivo real, que tiene que ser mejorar o solucionar determinado problema. A veces la solución a los problemas no está en cambiar el timón o el capitán al mando y sí en ayudar a ese capitán a mantener el rumbo, o sumar fuerzas para mantener, juntos, firme el timón. En la vida real promover el éxito del otro puede ser la mayor garantía del éxito personal. Será mucho más fácil vivir en una comunidad de individuos colaboradores exitosos que en otra de borregos enfrentados bajo las órdenes de líderes poco capacitados, ¿no creen?

Es como la historia de los jardineros que por estar más pendientes de lo que hace el otro en lugar del árbol que tienen entre manos, acaban talando el árbol en lugar de podarlo. Y un árbol podado se refuerza y crece fuerte, uno talado sólo sirve para sentarse encima a recordar lo que fue..

La RAE también dice que la autoestima es la “valoración generalmente positiva de sí mismo”, y está muy bien valorarse bien, claro que si, siempre y cuando esto no implique una valoración generalmente negativa de los demás. Ser bueno no es comparativo, se es bueno independientemente de lo buenos que sean los demás. La comparativa es ser mejor, pero las comparativas las carga el diablo, basta con elegir un rival mediocre para proclamarse el mejor.

Igual ahí está la clave de la necesidad de mirar al espejo del rival y no a lo que hay detrás. Curiosamente va a resultar más fácil ser mejor que ser bueno. Sobre la clase política o dirigente de la que habla Acheson poco podemos hacer ahora, pero sí sobre la cantera que la nutre de la que hablaba Carlin, en nuestras manos está generar una sociedad a la altura de lo que esperamos. Criticando menos y esforzándonos más, pero esto nos costará sudores, esto es algo más que votar cada cierto tiempo. Algo más que quejarse de los políticos y de la juventud.

De cada uno depende. ¿Juegan?


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