Opinión / Sabatinas

El 'bingo' del 8-M

Por Fermín Mínguez 10 marzo, 2018 - 8:49

Uno está acostumbrado a que todos ganen después de unas elecciones, pero es la primera vez que lo veo después de una huelga general, y no sería justo que ganase nadie más que las mujeres.

Varias fichas con números para jugar al bingo
Varias fichas con números para jugar al bingo

¿Han estado ustedes en un bingo?, yo no iba desde aquellos jueves en la carrera, anteayer. En resumen es una sala muy grande en la que un montón de personas van escuchando como cantan números y van tachando los que están en su cartón. Pueden cantarse línea, premio parcial, o bingo, premio gordo.

¿Qué por qué les cuento esto?, pues porque es lo más parecido que me viene a la cabeza en esta resaca después de una jornada histórica de reivindicación feminista.

En el bingo juegan muchas personas pero solo gana una. Muchos se quedan cerca, a dos números de cantarlo, o incluso a uno, pero solo hay un cartón ganador. En la vida real parece que no, que sólo por jugar uno ya es ganador, y no, no puede ser así.

Las imágenes de las manifestaciones del jueves con las calles de todas las ciudades de España llenas de mujeres exigiendo igualdad de derechos y oportunidades sólo tienen ganadoras. Que también tiene bemoles que en el siglo XXI estemos pidiendo esto, pero en fin, si es necesario se pide tantas veces como haga falta.

Por un lado están quienes respaldaron desde el inicio esta huelga, que visto el éxito que ha tenido después es como haber cantado línea, porque conviene no olvidar que muchas otras veces se convocan paros y manifestaciones y quedan luego en agua de borrajas, pero esta vez las mujeres decidieron secundarla.

Creo que tiene más que ver con la propia condición que con la militancia. Con mil matices, con más o menos convicción política, por convencimiento personal o por las mujeres que vendrán, o simplemente (y es una de las razones más válidas) porque ya está bien de que haya diferencias salariales o techos de cristal a la progresión profesional. Y ese es el bingo que hay que cantar, el reconocimiento de un objetivo común más allá de las necesidades puntuales. Orgullo y envidia, queridas, mucho de ambas.

Por otro están quienes no la secundaron y luego cambiaron el paso viendo que superaba las expectativas. Incluso el Gobierno, que ni  estuvo a favor en un principio ni se ha significado por desarrollar políticas de impacto en temas de igualdad ha reconocido el éxito de la misma. No se extrañen si ahora empiezan a salir propuestas de planes. Esto es ni oler la línea, quedarse a falta de un número para cantar bingo y celebrarlo como si te tocara.

Pero el día después estamos en el peligroso escenario de que el éxito conseguido con la huelga se vea como un éxito total, y no, volviendo al simil del bingo ya me pueden perdonar, el 8-M fue la línea, no el bingo.

Porque el cambio además de político ha de ser cultural y global. Toda la sociedad tiene que asumir que hablar de diferencias de oportunidades, cargas de trabajo, retribución o responsabilidades es ridículo. Tan ridículo como vemos ahora todos esos videos que se publican el 8-M y se esconden durante el resto del año.

Como el de Kathrine Switzer, primera corredora  de la maratón de Boston a la que en mitad de la carrera el comisario de la misma le grita y le agarra para que deje de correr, que pasó hace 50 años que no es tanto tiempo, ese es el objetivo, que lo que hoy se ve como reivindicación se vea mañana como absurdo. Mejor mañana que pasado mañana.

Está muy bien que se exijan cambios institucionales y laborales, que ya verán como después de la demostración de fuerza del jueves empiezan a proponerse, pero es necesario bajar el cambio a la calle. Que el 8-M siga el 9, el 10, el 11 y el 12 de marzo. Y en junio, en agosto octubre y diciembre. Cada uno desde su parcela de posibilidad, porque todos tenemos una.

Daba cierto alipori (según la RAE vergüenza ajena, me descubrieron la palabra y me encanta) ver alguna de las indicaciones sobre cómo debían comportarse los hombres, y no sólo porque decían cosas como “quédate con los niños para que tu pareja pueda ir a la manifestación”, “asume las tareas de casa ese día”. Ese día decían, reconociendo que el 8-M es especial pero que sólo es ese día. Y venían de organizaciones progresistas.

El cambio hacia una sociedad igualitaria es algo más que la concesión a un día particular, y si me permiten, algo más allá de una reivindicación feminista por exitosa que sea.

El cambio hacia una sociedad igualitaria es aquel que reconoce el valor de la persona más adecuada para ocupar determinado puesto, sea mujer, hombre o tenga cualquier tipo de discapacidad, no solo para aquellos que cumplan con el canon de “excelencia” de cada época. Una sociedad igualitaria es aquella que genera las estructuras necesarias para que esto se lleve a cabo, y que garantice que para el mismo trabajo exista la misma remuneración, lo haga quien lo haga.

Esto exige mirar mucho más lejos y afrontar otros retos; desde hacer una cobertura efectiva y compartida de la maternidad más allá de cuatro meses compartidos, a garantizar el acceso al mercado laboral con medidas que faciliten la conciliación, pero también a entender que si una mujer no quiere ser madre está en su derecho, o si quiere vivir sola o como le brote. Y ser absolutamente implacables con todo tipo y forma de maltrato. Y esto depende mucho de cada uno de nosotros.

Igualdad es respeto, creo. También respeto a la diferencia, por lo que el objetivo tendría que ser el de generar un sistema que no discrimine a nadie, que suena muy utópico, sí, pero generalmente las leyes van detrás de los logros sociales. Que cuando la sociedad lo reconoce como propio, la estructura y legislación viene detrás a darle cobertura. Como con Kathrine Switzer que tuvo que correr escondida para que se reconociera que podía correr. Curiosamente fue su novio quien le quitó de encima al organizador cabreado.

Todos a una,  al final lo justo es universal, quizás por eso da tanto miedo a quien tiene el poder, porque lo universal no tiene dueño, y lo que no tiene dueño es ingobernable.

Bingo.

Sólo los salvajes dan sin esperar nada a cambio dice la canción. Curioso. Bingo plus.


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