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Opinión / Sabatinas

Digámonos cosas bonitas

Por Fermín Mínguez 10 junio, 2017 - 11:08

Así se titula el último artículo que escribió Carles Capdevila antes de morir en el que habla de la importancia de la actitud, la misma que tuvo Ignacio Echeverría antes de morir; y de no fiar todo a la valoración de los demás, como hacía David Delfín antes de morir. Vaya semana.

Ignacio Echeverría, Carles Capdevila y David Delfín, fallecidos recientemente
Ignacio Echeverría, Carles Capdevila y David Delfín, fallecidos recientemente

Me quedé bastante sorprendido la primera vez que escuché una de las conferencias de Carles Capdevila, de la fuerza con la que hablaba, el convencimiento, y ese decir las verdades del barquero desde el humor reflexivo, el que hace que te rías de ti mismo al reconocerte en sus reflexiones.

Pero lo que más me sorprendió era que fue capaz, en este país nuestro de cainitas, que su mensaje llegase más allá de ideas preconcebidas y juicios de valor. Los enlaces a sus vídeos llegaban reenviados desde la izquierda, la derecha, los arribas y los abajos y eso tiene mucho valor. Eso le refuerza cuando dice lo importante que es la actitud, y la seguridad en uno mismo. Quererse y quererse bien. Que no mimarse ni consentirse.

Ese dejar de buscar excusas y reproches y ponerse en valor para actuar. Algo así como lo que hizo Ignacio Echeverría, que es actuar, intervenir. Pasar aquella frase tan manida de Ghandi de “se el cambio que quieres ver en el mundo” de las camisetas al patinete. No sé si Ignacio era tan bueno como todos dicen ahora, también muy nuestro esto, pero lo que sí sé es que dio ejemplo. Actuó y salvó vidas.

No sé cómo se puede combatir contra un ejército de inestables armados con cuchillos y cargados con soflamas encendidas desde la seguridad de la tercera línea, pero sí sé que ante quienes matan desde la desesperanza de no tener nada que perder hay hombres como Ignacio que mueren por la esperanza de que hay algo que merece la pena salvar. La muerte siempre es un precio muy alto, e innecesario, pero es la cruz de la moneda de la vida, y si hay quien vive en la cruz de matar, tendrá que haber quien viva en la cara de vivir.

La valentía de creer en lo que haces, de mantener una apuesta firme y decidida en ti mismo. Esa potencia en la creatividad de David Delfín, esa explosión en la propuesta profesional que difería de la sencillez en lo personal, ese mantenerse a flote escuchando más a tu valoración personal que a las críticas externas, ese porque sí que a veces es la única forma de salir adelante. Y ese salir adelante que desgraciadamente, a veces no implica sobrevivir.

Son estas las semanas que te hacen dudar de que los buenos ganen, en la que desaparecen personas que militaban en el bando de lo bueno o lo Bueno.  O quizás sea el sacrificio necesario para que toda la comunidad de buenos se enciendan, nos encendamos, y caminemos con paso firme hacia los objetivos que siempre nos planteamos y luego no tenemos agallas de perseguir.

Digámonos cosas bonitas, a nosotros y entre nosotros, abonemos todas las heroicidades dormidas en la gente a la que queremos, no permitamos que la vida de Carles se quede en cuatro vídeos en redes sociales, o que el ejemplo de Ignacio acabe frío en la placa que dé nombre a su plaza, o que la propuesta valiente de David termine banalizada en un par de fiestas.

Si queremos salir adelante sin miedo lo mejor es que hagamos nuestros sus ejemplos, que los llevemos a la práctica, y defendamos cada milímetro de felicidad conseguida o por conseguir.

Digámonos cosas bonitas, para que las convirtamos en acciones bonitas

Creemos todo lo bonito en lo que creemos.

Os echaremos de menos, era más fácil con vosotros en nuestro bando. Pero lo conseguiremos, ganaremos gracias a vosotros. Los buenos ganan.

Lo anticipó La Buena Vida.


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