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Opinión / Sabatinas

Los días Dragón Khan

Por Fermín Mínguez 09 octubre, 2021 - 8:30

Están los días que sí, en los que tienes la seguridad y las ganas; los días que no, en los que cuesta seguir y tienes miedo, y los días Dragon Khan, que son esos que te zarandean y no tienes ni idea de dónde te pega el aire. Hablemos de esos. Y de sus canciones, ¿qué les parece?

Lo que define el tipo de  día, eso está claro, somos nosotros mismos, aunque sigamos insistiendo en dar un poder que no tiene a cosas externas, los días no son tal o cual, sino que los hacemos así, y así es más fácil quejarse.

El día Dragon Khan te hace dudar de todo y la inseguridad siempre busca un culpable, o varios, que cuantos más mejor, a quienes culpar de nuestra amargura o incomprensión. Y, como dice el refrán sueco que les suelo repetir por aquí, cuando uno quiere cantar, siempre encuentra una canción

You blame yourself, for what you can't ignore/

You blame yourself for wanting more.

(Te culpas a ti mismo por lo que no puedes ignorar/

Te culpas a ti mismo por querer más)

Pero a veces sucede que alguien te saca del pozo de la queja y de ese mirarse hacia dentro que te ahoga en la culpa, y te sacude un sopapo de realidad que te quita la tontería. Pero te la quita de golpe. Esta vez con una frase tremenda de Julio Cortázar, y te suelta que

Siempre quejándote de todo y a la vez fingiendo no darle importancia a nada. Vives de esperanzas pero no sabes ni qué esperas.“

Zasca. Sonoro. Vaya con Don Julio. Arrancando el Dragon Khan.

Porque es verdad que de la queja del presente, de nuestra queja de hoy, nace la esperanza del mañana. Pero no es bueno confundir esperanza con espera, que es lo que pasa con frecuencia, y por miedo a plantar cara hoy, procrastinamos no ya las decisiones, sino la vida. 

Esperamos que sea viernes, o verano, o el año que viene, o dentro de cinco a ver si pasa algo, o cumplir cuarenta o jubilarnos con la esperanza de que sea mejor. Como si sólo bastase con esperar para tener esperanzas, y en este impás de espera vamos quemando los días como si fueran cerillas. Cada día prende al siguiente hasta acabar con la caja. Esa esperanza humilde, como de tango, sirve como narcótico para aceptar eso que llamamos cosas de la vida, para aplazar las decisiones potentes, para apostar por lo que sabemos que hay que apostar, porque eso se sabe. 

Ayuda a aceptar traspiés, y a normalizar situaciones desagradables con la confianza de que pasará.

Pero a veces se vive de esperanzas sin saber ni qué se espera. Porque, ¿qué hay detrás de ese viernes esperado?, seguramente la esperanza del siguiente.  Así, en cadena. Será mejor cuando tengamos más tiempo, nos repetimos, sin ser conscientes de la cantidad de tiempo que estamos quemando esperando otros mejores.

Que no, que la vida no tiene seguro a todo riesgo, y si lo tiene tiene una cláusula pequeñita que dice “haberlo pensado antes de tirar tu vida esperando”. 

Entonces vuelve a sonar la canción y recuerdas que antes, cuando tenías menos miedo y menos cicatrices que tocarte, tenía otro sentido. No era de queja sino de arranque. De ponerla fuerte en casa antes de salir, o para cerrar la noche en aquel bar oscuro con toda la mala intención del mundo.

Recuerdas que la canción también dice que:

Throw out your cares and fly

Wanna go for a ride?

(Tira tus preocupaciones y vuela

¿Quieres ir a dar una vuelta?)

Y decides que sí, que claro que quieres dar esa vuelta porque ya está bien de vivir de esperanzas llenas de esperas, y ya va siendo hora de volver a enseñar el colmillo a la vida, y recordarle que te da igual las vueltas que te queden por dar, porque esta vuelta es tuya.

Que igual la esperanza es lo último que se pierde porque es lo más fácil de esperar, que igual es mejor perder la esperanza de que pase algo probando a ver si pasa,  y si no pasa, pues a por esperanzas nuevas. Que es mucho mejor quemarse las yemas de los dedos encendiendo cerillas a que se te queme la caja entera guardada en un cajón, y acabe prendiéndote la vida entera sin querer.

Y así es como suele acabar un día Dragon Khan, con la misma canción con la que empezó pero con un sentido totalmente diferente. Y todo porque alguien en algún momento te ha puesto un momento boca abajo mientras ibas a mil por hora..

Sonrío. Siempre hay que agradecer a quien te hace cuestionarte, aunque sea a sopapos de Cortázar. Así que: gracias. Molas.

Y al resto les dejo la canción, por si les apetece algo de ruido, ¿quieren dar una vuelta…? Aunque sea de campana.

Sean buenos esta semana pero, sobre todo, sean felices.


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Los días Dragón Khan