Opinión / Sabatinas

De abusos y libre opinión

Por Fermín Mínguez 28 abril, 2018 - 9:34

Les ha caído la máxima pena posible por el delito por el que se les condena si no me equivoco. Algunos vecinos han dicho que son unos buenos chicos. Ella además tonteó al inicio con uno de ellos. No entiendo entonces tanta indignación.

Las movilizaciones en protesta por la sentencia de la Audiencia Provincial que condena a los cinco acusados de la Manada por abusos sexuales, se han repetido en el Palacio de Justicia de Navarra. EFE/Jesus Diges
Las movilizaciones en protesta por la sentencia de la Audiencia Provincial que condena a los cinco acusados de la Manada por abusos sexuales, se han repetido en el Palacio de Justicia de Navarra. EFE/Jesus Diges

Ahora veremos cuántos siguen leyendo, y cuántos se quedan con tres líneas para juzgar y empezar a dar gritos como becerros, siempre hemos sido un país más de ruido que de nueces. Y así nos va. Nos encendemos fuerte y nos apagamos fácil. Espero que esta vez no sea así, ya que creo que en la sentencia de la manada no estamos sólo ante un problema de jueces.

Intentaré ser breve y directo, las emociones ya las pasé el jueves intentando entender las razones, pensando en cómo la encajarían las mujeres que lo viven y lo sufren y procurando mantener la rabia dentro de lo manejable y lo no delictivo.

No soy juez, y por lo tanto no tengo criterio para valorar legalmente la sentencia, aunque me parezca una aberración que con ese listado de hechos probados se pueda mitigar una actuación como la de esos cinco animales.

Pero sí soy ciudadano y como tal opino, Y me hago responsable de mis opiniones, si digo algo que deba ser juzgado lo asumiré y no haré como estos cobardes que cuando eran cinco no dudaron en sacarse las pollas para abusar (¿es así, no?) de una cría de dieciocho años borracha pero que cuando les ha tocado dar la cara han vendido la imagen de niño bueno al que se le complicó la noche y entendieron que como no dijo “no” de forma explícita podían hacer lo que les brotaba.

Me duele de los jueces la cobardía de no dar un paso más en el desarrollo de la sentencia, he leído cuanto he podido, y permitir que fragmentos tan dolorosos donde hablan de dos de ellos arrinconándola, de gemidos de dolor, de inactividad no desemboquen en una declaración clara de intimidación.

No sé qué más hace falta para reconocerlo. Cinco hombres drogados, reconocido por ellos, indiferentes a cualquier sufrimiento de la chica y solo pendientes de tener su parte del botín. Tan hijos de mil demonios que cuando acabaron la dejaron tirada como a una perra y le robaron el móvil. Alimañas. Tengo hasta arcadas al escribir.

Pero lo que no acabaré de entender nunca es que los tres jueces estén de acuerdo en que no hubo consentimiento explícito por parte de la víctima y no se considere violación. Yo no sé ustedes, pero en todas y cada una de las relaciones físicas que he mantenido, en todas, desde el primer beso, he preguntado si podía seguir.

Claro que no hace falta un contrato por triplicado, pero si un sí tácito. Aquí no puede haber sobrentendidos, ni en sexo esporádico, ni en el habitual, ni en el conyugal, ni en ninguno. Una relación no te da derecho a nada sobre el otro, Y mucho menos para juntarte con cuatro amigos, meterte con una chica en un sitio oscuro y follártela, darle por el culo, y metérsela en la boca por turno hasta que te corras.

¿Qué les ha molestado el lenguaje?, disculpen, pero es que cuando uno lee “mantener relaciones sexuales en un portal”, puede que la imaginación le lleve a un sitio más cómodo y luminoso que el que la sentencia reconoce que fue. Y quizás se imaginen a cinco adolescentes limpios y aseados y no a cinco hombres sucios borrachos y malolientes grabando con sus móviles una fantasía que ya habían programado meses antes. Peor que hienas, aprovechándose de los resquicios legales para no dar la cara.

La única esperanza que tengo con la sentencia es que no es firme. Que habrá recurso espero y que otros jueces a la luz de los hechos probados vean no solo el abuso sino la intimidación de cinco descerebrados encima de ti, y la violencia que supone que alguien decida tener sexo contigo sin tu consentimiento expreso, en base a sobreentendidos.

Podríamos hacer una prueba, podríamos entrar en un bar de cualquier ciudad en fiestas y sonreír al primer hombre que nos mirase, con amabilidad, asintiendo un poco. Si nos devuelve la sonrisa (porque es posible que crea que nos conocemos y no se acuerda, que a mí me pasa) nos acercamos, le empujamos contra la pared y le metemos un dedo por el culo. Por ejemplo. Sin violencia ni intimidación, claro, sexo consentido ya que nos ha dicho que sí. No es plan, ¿a que no? Pues eso, sobreentendidos los justos. No es no, y además tiene que haber un sí.

Pero este no es solo un problema de jueces y manifestaciones, ni de España como concepto, ni del sistema judicial. Eso es lo fácil. Cagarnos en las muelas de los jueces, pedir su cabeza, también la de los delincuentes, y hasta la del rey si hace falta y negar nuestra parte de responsabilidad en esto.

Criticamos en los jueces lo que no nos atrevemos a criticar en nuestra vida personal. Estos cinco despojos humanos han crecido entre nosotros, en nuestra sociedad, creyendo que pueden forzar las voluntades y los cuerpos que les venga en gana porque ellos son hombres.

Convencidos de que hay una sociedad que los va a exculpar o justificar bajo el manto de que eran buenas chicos y ella una golfa borracha. Pues miren, yo he llegado a casa  solo y borracho y no he tenido miedo, y no entiendo que nadie lo tenga que tener. Y a los vecinos que dicen que eran buenos chicos, no se lo niego, seguro que eran encantadores, pero hubo un día en el que pasaron de ser encantadores a ser violadores, abusadores, infames y la mayor vergüenza para la mayoría de los hombres a los que por supuesto no representan.

Igual que un tipo encantador pasa a ser un asesino en el momento en el que mete dos tiros en la cabeza a otro. Cada palo que aguante su vela, y la de cada uno es educar para que estos perfiles desaparezcan.

Yo no quiero tener que escuchar que “si hubiera sido su hija otro gallo cantaría”, porque la dignidad de las personas, de las mujeres, no es un tema de cercanía, es un derecho innegable. Todas las hijas del mundo debieran sentirse seguras sabiendo que si a cualquier persona se le ocurre realizar una atrocidad como esta no va a encontrar clemencia en ningún lado.  Ni en la sociedad ni en la justicia. Estáis solos y sois menos. Os toca tener miedo a vosotros, cobardes.

Porque lo que toca es plantar cara. Educando mujeres y hombres conscientes y respetuosos, negando cualquier ejemplo de abuso o intimidación al débil, borrando cualquier atisbo de superioridad de hombres sobre mujeres, siendo inflexibles con cualquiera que cometa un delito. Denunciar si hay que denunciar o proteger y defender cuando toque.

Esto no es solo un problema de jueces, no, que espero que reconsideren esta sentencia, sino un problema una sociedad que tiene que empezar a parar los pies a esta gentuza, con menos gritos y con más remangarse. No me gustaría  ni que linchen a los jueces, ni que cuelguen en la plaza mayor a los cinco basuras, sino tener las garantías de que los errores pueden solucionarse y las condenas serán ajustadas a los delitos cometidos, llamándole violación a la violación. Sin excusas.

Al final no he sido breve, pero si quiero acabar directo. No estáis solas, somos un batallón los que os acompañamos, detrás, cerquita, para lo que haga falta. El cambio será en femenino o no será.  No voy a cerrar con una canción ruidosa, ruido ya hay demasiado (seguro que alguno ha opinado leyendo solo la entradilla, ya lo verán), y lo que toca es actuar, continuo y sin pausa. No es la primera vez que suena, significará algo.

Yo si te creo. Claro que te creo. Y lo siento, lo siento mucho.

Y vosotros, cobardes, tened miedo. Esto está cambiando.


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