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Opinión / Sabatinas

¿Cuál es la cuestión?

Por Fermín Mínguez 13 noviembre, 2021 - 8:44

Lo dice la canción que cierra la Sabatina hoy. Ser feliz, la cuestión es ser feliz.

Sé que ustedes no son mucho de escuchar la canción del final, hay quien de hecho descubrió hace poco que siempre hay una canción, sin embargo hay veces que la Sabatina se escribe al revés, que lo primero que aparece es la canción, como si fuese una semilla, y luego brotan todas las palabras, esta es una de esas semanas.

Muchas veces, seguramente demasiadas, perdemos el enfoque de lo importante en la vida ocupados por conseguir metas menores y lo justificamos con que lo que logremos mejorará lo importante, porque, nos guste o no, siempre sabemos lo que es importante.

Otras veces lo que tenemos como importante no nos gusta demasiado, o nada, y ocupamos el tiempo en cosas secundarias para no pensar demasiado en lo que nos espera en casa. Vamos, que en lugar de arreglar lo que tenemos enfrentándonos a ello, lo rehuimos y lo hacemos cada vez peor a fuerza de evitarlo. Hay quien incluso es capaz de generarse una vida paralela exitosa con tal de no afrontar la ruina que le espera cuando se apagan las luces de lo laboral. A alguien conocerán seguro si lo piensan.

Luego están también quienes su único desarrollo personal es el triunfo profesional y esto es muy peligroso, no solo para ellos, que allá cada uno con su decisión vital, sino porque en ese empeño de ser un profesional de éxito, no dudan en arrasar lo que toque por el camino. Hay perfiles, palabrita, que confunden reconocimiento profesional con éxito profesional, que tiene que ser insufrible, porque la valía personal depende siempre del juicio de terceros. Terceros que, y perdonen que les rompa el corazón, generalmente están más preocupados en el éxito del proyecto que en el de las personas, porque ese es su trabajo, ojo. La vida profesional es parte del desarrollo profesional, y aquí también hay que brillar, pero la vida personal se cultiva aparte. Que la complemente no significa que la sustituya. Es como un ingrediente en la comida, tiene que estar en su punto justo. No sólo la sal, que es el ejemplo más utilizado, también en los elementos principales. Una paella, si la hacemos solo con arroz, con mucho arroz, no es paella, es un engrudo aburrido y cargante de hidratos de carbono. Pero si la hacemos solo con bogavante, por bueno que esté y por mucho que nos gastemos en marisco, tampoco es una paella. Será una demostración de poderío y un aviso para un ataque de gota.

La clave es el equilibrio del que todo el mundo habla cuando da consejos. Como si fuera fácil. Sin embargo creo que no es un tema de equilibrio, humildemente opino, sino de decisión. De lo que cada uno desea hacer con su vida. Cualquiera de las opciones anteriores es válida si te hace feliz. Incluso ser un miserable vale si te hace feliz. Quiero entender que a toda esa pila de desgraciados que matan, roban, abusan, violan o acosan, les aporta algo bueno ser tan mierdas, que no lo hacen para ser infelices (dejando fuera las patologías mentales, claro). Que en esa acción de sometimiento del otro encuentran algo bueno, y por eso deciden hacerlo. Lo que me cuesta creer es que en esa imposición encuentren la felicidad por mucho que les guste, y espero siempre que paguen por sus actos, porque la ley les juzgue cuando haya delito, o porque la vida les parta los dientes si se pasan de listos, o las dos cosas. En el cargo de conciencia creo menos, fíjense, porque la conciencia la crea la educación, no es un don innato, no lo olviden, y en esto vamos justos. Si yo no tengo conciencia de que algo está mal, si no me lo han enseñado, no me costará nada hacerlo.

Es un tema de inteligencia, de cómo decido conseguir lo que quiero, de qué manera y qué coste estoy dispuesto a pagar. Esta es la decisión, y se toma todos los días, en cada momento, millones de veces. Ninguna decisión es irrevocable, ninguna. Cada momento de decisión que se nos plantea nos ofrece la opción de hacer lo correcto, aunque cinco segundos antes hayamos decidido lo contrario. Cada decisión tiene la oportunidad de ser avería o redención, como el disco de Quique González.

Leí el otro día una transcripción de una entrevista de Jesús Quintero a Antonio Gala, maravillosos ambos, y no puedo menos que compartirla (les dejo también el enlace por si quieren verlo, no llega al minuto y medio, ojo que salen fumando, que ahora hay que avisar de todo…

Quintero le pregunta a Gala, “¿Qué es lo más inteligente que se puede hacer en esta vida?"

A lo que Gala responde:

 "En principio yo le diría: irse a una playa. Pero en el fondo, de verdad, tengo que decirle que salir de esta especie de laberinto en que nos han metido, una vida que no es la nuestra y que no es la mandada. Que es una organización que necesita esclavos para seguir manteniendo la pura organización que necesita esclavos, y así hasta el final. Salirse de esa cadena terrible, desencadenarse. A riesgo de la soledad, a riesgo de la falta de comprensión, pero irse un poco al campo, en el mejor de los sentidos. Salir de esa extraña y monótona esclavitud de cada día. Darle a cada día su propio afán, pero también su propia sonrisa, su propio gozo, su propio color, su propio aroma. Eso es la inteligencia. Porque una inteligencia que no nos ayude a vivir, no la quiero. No me sirve para nada. No creo que le sirva para nada a nadie".

Salir, desencadenarse, afán, sonrisa y gozo. Repoker de D. Antonio.

Pues después de esto no tendría mucho más que añadir. Una inteligencia que no ayude a vivir, que no ayude a ser feliz, no sirve. Da igual el tipo de inteligencia, si mucha, poca, trabajada o no, es el uso que se haga de ella, la intención con la que se utilice. No es tanto hacerse feliz como ser feliz, que sería como decir que no es lo mismo hacerse rico que ser rico. Lo ideal es conseguir ambas, claro, y se puede aunque sea más costoso.

Bueno, algo más que añadir si tengo, que sean buenos pero que sobre todo sean felices. Que igual con esta frase me hubiera ahorrado toda la chapa que les he metido porque lo resume perfectamente. Sonrío.

Y pónganse la canción y bailen un poco, que a la felicidad también hay que provocarla. Que la cuestión es ser feliz, ser feliz.


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