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Opinión / Sabatinas

Harto de las cifras

Por Fermín Mínguez 04 abril, 2020 - 11:04

Estoy harto del pico que no llega, de la curva que no se estabiliza y de la comparativa entre países que tienen más muertos. Casi tan harto de esto como de Resistiré.

03 April 2020, US, Palm Beach County: Gloves are thrown on the floor at a parking lot amid the spread of the coronavirus pandemic. Photo: Thomas Cordy/Palm Beach Post via ZUMA Wire/dpa
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03 April 2020, US, Palm Beach County: Gloves are thrown on the floor at a parking lot amid the spread of the coronavirus pandemic. Photo: Thomas Cordy/Palm Beach Post via ZUMA Wire/dpa

3/4/2020 ONLY FOR USE IN SPAIN
Varios guantes utilizados durante la crisis del coronavirus sobre el asfalto de una calle. ZUMA Wire/dpa

Y eso que la versión de Óscar me ha hecho reconciliarme con la canción, pero con lo que yo he querido a Manolo y Ramón y estoy por poner su cara en la diana de los dardos. Estoy harto del resistiré como himno, y del #juntospodemos como eslogan porque ha pasado de ser algo espontáneo y motivador a un mantra de obligación. Como el Capitán Cuarentena que publicaban ayer mis admirados Pantomima Full.

Me da una rabia infinita que se hable de números totales de muertos como medida de la gestión de la crisis, comparándola a capricho con la de otros países, me da rabia porque los datos sin perspectiva pierden su valor. Esa estadística que decía Ramon, sin tilde, de que, si una persona come dos pollos y otra ninguna, la media nos dice que han comido las dos estupendamente.

Estamos en eso, porque el número total de enfermos, por ejemplo, tendrá que compararse con los habitantes de un país, ¿no? Diez mil en China igual no es lo mismo que diez mil en España, ¿no creen? Pero aquí estamos dando rankings, confiando a unos datos la capacidad mágica de que esto acabe, cuando es al revés, una gestión amateur de la peor crisis sanitaria de la historia actual es la que nos está llevando a estos datos.

Que la curva revierta no debería ser jamás un éxito viendo cómo hemos llegado hasta aquí. Y me da igual que sean los que convocan manifestaciones, que los que llenan mítines, que los que se quejan de inacción, porque ¿saben qué?, ninguno nos sacará de esta. Han seguido cobrando dietas en el Congreso y el Senado, por ejemplo, mientras el resto del país se las tenía que ir apañando.

Haciendo unos números groseros, si hay doscientos sesenta y cinco senadores (265, ojo, 265) y trescientos cincuenta diputados (350) y las dietas son de mil euros si son de Madrid y mil novecientos si son de fuera, ponemos mil quinientos de media y sale que en dietas al mes nos gastamos algo menos de un millón de euros. Qué les parece, 615 cargos x 1500€ son 922.500€ que hemos pagado este mes como dietas por encima de sus sueldos. Que no es por ser populista, que sé que un poco lo estoy siendo, pero da para comprar algún que otro EPI. Ayer empecé a oír que igual hacían algo a título personal. De traca.

Por eso me da rabia Resistiré y #juntospodemos, porque es un imperativo, es un “resistid vosotros”, “poded vosotros”. ¿Saben por qué me da rabia esa guerra de datos de telediario?, porque yo no sé que son diez mil muertos, a mi cabeza de varón de provincias no le da, pero si sé otras implicaciones.

Sé que ni Toni, ni Ana, ni Laura y Marc van a poder despedirse de sus padres y la curva y las promesas de futuro se la soplan. Quieren que, ya que no ha funcionado para ellos, funcione para los demás. Sé de Fermín y de Don José que después de años acompañando a morir, han tenido que morir desacompañados.

Sé que los corredores comerciales y demás excusas no ayudan a Merce o Isa y sus compañeras enfermeras que están batiéndose el cobre y dejándose la cara detrás de unas mascarillas recicladas, y que les da igual de donde vengan, pero necesitan que lleguen ya nuevos y buenos EPIs, que ya habrá tiempo después de pedir responsabilidades. Sé de los desvelos de Jordi y Betu por encajar planillas imposibles buscando personal bajo las piedras para garantizar cuidados a quien lo necesita, a pesar de llevar tiempo avisando de las necesidades de cobertura existentes.

Sé de los desvelos de Luis, Betty, Susana, Eva y el resto del equipo empujando desde teleasistencia para que nadie quede desatendido, que agradecen los mensajes y hashtags, pero hubieran preferido que los servicios sociales ocuparan el sitio y el presupuesto que les corresponde en una sociedad envejecida.

Sé de los miedos de Seju porque seguimos sin tener unas pautas claras de información de cómo nos estamos enfrentando al virus y que no tranquilizan ruedas de prensa con datos random cada día.

Sé de los desvelos de Ángel, de Josep, de Patricia o de Nuria por ver como podrán volver a dar vida a sus negocios y cuidar a sus trabajadores sin entrar en esa rueda perniciosa de préstamos a interés bajo que pueden hacer más grande la bola y donde quien gana nunca es el pequeño.

Sé de los rezos de mi madre y de los cuidados que está teniendo ella y todas las personas mayores de este país, a los que han decidido considerar que ya no son un activo en un acto de egoísmo repugnante.

Yo no sé en qué están pensando ustedes, clase política de este país, pero me temo que en sacar rédito electoral de una situación que, a nosotros, sus votantes, se nos está llevando por delante. Dejen de ser los más listos y sean los más efectivos de una puñetera vez, y si esto supone ser humildes y confiar en quien no hemos confiado hasta ahora, hagan el favor de hacerlo. Menos canciones y menos anuncios en televisión.

Porque ¿saben en qué estamos pensando la mayoría?, en cómo haremos para salir adelante a pesar de ustedes. Y en la cantidad de días bonitos que nos quedan por vivir, que decía Kike ayer al hablar de la canción que cerrará hoy. En cómo vamos a hacer para ayudar a todos los nombres propios que nosotros conocemos y ustedes obvian. En como honrar a quienes hemos perdido.

En eso queremos pensar, en cómo hacer bonito lo que vendrá. En todo lo que tenemos que recuperar en brindis que romperán vasos y en abrazos que nos parte el alma no poder dar. Ojalá esta vez sí seamos conscientes de qué está en juego y salgamos con el convencimiento necesario para hacer lo que tengamos que hacer, y decir lo que queramos decir, desde “te quiero” hasta “me sobras”. De quién está ayudando y quién entorpeciendo.

Yo estoy pensando en cuándo y cuánto voy a abrazar a todos los que he nombrado aquí y en cómo voy a llorar con los que no podré abrazarme.

Siempre he pensado que es mucho mejor luchar que resistir, pero si prefieren resistir y punto, para luego seguir agazapados en la misma guerra absurda que nos trajo hasta aquí, solo les voy a pedir un favor: cambien de canción.


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