Opinión / Sabatinas

Cociendo habas

Por Fermín Mínguez 05 octubre, 2019 - 9:29

Ya saben lo que dice el refrán de que se cuecen en todos los sitios, en todos.

Un momento del debate con los cuatro candidatos en las pasadas elecciones del mes de abril: Casado, Iglesias, Sánchez y Rivera.
Un momento del debate con los cuatro candidatos en las pasadas elecciones del mes de abril: Casado, Iglesias, Sánchez y Rivera.

Supongo que esto incluye desde países a instituciones pasando por partidos políticos e incluso nuestras propias casas. Que nos da por pensar que los de las habas son siempre otros, nos hacemos buenos por comparativa, no por convicción.

Encontrar a alguien peor es fácil o al menos a alguien que hace algo peor que nosotros. Luego convertimos lo puntual en general y ya tenemos al contrario convertido en asesino, terrorista, facha, analfabeto, opresor, ladrón, soplagaitas o lo que les brote, y luego volvemos a comer de nuestras habas cocidas confiando en que nadie nos vea.

Nos cuesta, (les cuesta, os cuesta, me cuesta) llegar a acuerdos porque estamos convencidos de lo sublime de nuestra postura, de lo brillante y excepcional de lo nuestro frente a lo cutre y maltrecho de los otros, enconados en defender que lo que nos separa es culpa de la bajura de miras del resto. Como si no quisiéramos manchar nuestra impoluta posición con la suciedad de los otros, en lugar de pensar que puede haber algo en otras opciones que hagan la nuestra mejor. Lo más curioso es que esto es universal, en casi todos los idiomas existe una frase que hable de que en todos los sitios pasan cosas parecidas de uno u otro modo, les pondré algún ejemplo.

Vamos a ver imbéciles ha habido, hay y habrá en todos los sitios y en todos los tiempos porque como dice el refrán italiano La madre degli imbecilli  e’ sempre incinta, es decir, que la madre del imbécil siempre está embarazada. Me encanta. Siempre hay imbéciles en camino, vaya plan. Incluso hay imbéciles temporales, todos hemos sido imbéciles alguna vez, pero esto no es razón para catalogar de imbéciles a todos los que militen junto a un imbécil. Eso es lo fácil. En catalán se dice que de Joseps, Joans i ases, n'hi ha per totes les cases, vamos, que Joanes, Joseps y burros hay para todas las casas, el problema es fijarse sólo en los asnos y no en los Josés o Juanes. Malos va a haber siempre.

Mi amigo John, que estará hoy celebrando el triunfo de Sudáfrica en el mundial de rugby después del disgusto que les dio Nueva Zelanda, me contaba que en Afrikaans dicen Elke huis het sy kruis algo así como que cada casa tiene su cruz. Y tanto que la tiene. Piensen no sólo en los voceras y/o bocachanclas que son la cruz allá donde vayan, sino en aquellos puntos débiles que cada cual tenemos como cruz. Desde la falta de paciencia a imponer nuestro criterio a gritos y que muchas veces redundan en que nuestra imagen se construya desde lo negativo, por puntual que sea, que desde todo lo positivo que podemos aportar.

Hay una canción de Moloko que dice que si tienes una cruz que llevar, mejor usarla como muleta (quizás la ponga como cierre, ya que no suelen escuchar las canciones, al menos aprovecho para meter rarezas). En este país lo que hacemos es utilizar la muleta para liarnos a muletazos y cuando nos afean la conducta alegar que no somos nosotros, que en todos los sitios cuecen habas, o como dice el refrán en euskera, han ere txakurrak hanka-hutsik,  oigan que los perros de allí también van descalzos.

Nos cuesta un horror separar militancia y pertenencia, y nos plegamos a la necesidad del colectivo aunque esta sea contraria a nuestras creencias personales. Preferimos ser rebaño, que miren no esta mal si es una opción voluntaria pero luego no vale quejarse de que estamos muy prietos en el redil. En lugar de llegar a acuerdos aprovechando las partes comunes, que son muchas preferimos pivotar sobre la bisagra de lo que nos enfrenta por mucho que chirríe. Es curioso que teniendo la oportunidad en la mano de romper con un bipartidismo que olía a rancio, con la aparición de nuevos partidos que parecía que podían defender y representar mejor la realidad social, lo que se está produciendo es un refuerzo del bifrontismo, como en Mecano, de unos contra otros.

Les digo en serio que estaba convencido que íbamos a llegar a un escenario de acuerdos puntuales basados en encuentros entre partidos, que no ideas, que obligase a una negociación continuada, y con lo que me encuentro son con concesiones absurdas con tal de mantener al mayor número de gente en las trincheras propias. Los alemanes dicen que in jeder küche gibt es zerbrochene töpfe, o que hay ollas rotas en todas las cocinas, versión alemana de nuestras habas.

Pues bien, en lugar de hacer un ajuar con las ollas que están bien en cada cocina, nos hemos tirado las rotas como descosidos. Pistonudo. Mejor cocinar en ollas rotas que tirarlas o arreglarlas y renovar la batería para comer mejor. No, nos quedamos con los imbéciles de las ollas rotas y encima les animamos a seguir.

Qué quieren que les diga, oír los mensajes de que ahora sí que habrá gobierno, que ahora sí que nos entenderemos no hacen sino crecer mi falta de confianza, ¿ahora sí y hace dos meses no?, ¿será el otoño el que traiga la cordura?, ¿este otoño sí y el anterior no? Ni los mea culpa me los creo. Soy más de pensar como los gallegos y su Vale mais pouco pecar que moito confesar.

Pero mucho más vale pecar poco que confesar mucho, porque cuando uno confiesa mucho es que se ha esforzado en tener algo que confesar. Confiesan cuando lo pillan y porque no hay más obligación, acuérdense si no de los no lo haré más de Maradona o del rey emérito con la caza. No, mucho mejor pecar poco y trabajar en el buen camino, que ponerse el ego por escudo y luego pedir perdón.

Porque de tanto cocer habas en casa y tener que comérnoslas se nos va a quedar cara de tontos, pero de tontos del haba.


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