Opinión / Sabatinas

Bumerán

Por Fermín Mínguez 26 enero, 2019 - 7:49

Recuerdo que había uno en casa cuando era pequeño, un regalo para alguno de mis hermanos seguro, y cuando lo encontraba lo lanzaba siempre con la esperanza de que volviera. No lo conseguí jamás.

Un bumeran con la inscripción de superman.
Un bumeran con la inscripción de superman.

Era marrón con los extremos rojos, y cada vez que lo veía lo intentaba lanzar. Rompí un jarrón, casi una ventana, le di al perro que me evitó una semana, le hice un chichón a un amigo y partí una rama, pero el bumerán nunca volvió. Y eso que cada vez que lo veía me hacía mucha ilusión, vayan ustedes a saber por qué, e intentaba lanzarlo otra vez, eso sí probando giros nuevos. Daba un salto antes, giraba sobre mi mismo, cogía carrerilla, one, two, three, caramba y lo lanzaba, pero nada. Otra vez a buscarlo porque no volvía y con el perro no podía contar porque desaparecía al verme con el artilugio en las manos.

Estaba seguro de que estaba roto, de que era un souvenir de pega y que no volvería jamás. Estafa y timo de bumerán, yo empeñado en hacerlo volar y no había manera

Pero un día apareció en casa un amigo de alguien, bastante habitual tener la casa llena de gente, y dijo “mira, un bumerán, ¿sabes usarlo?”. “No funciona”, le dije. “Vamos probar”. Salimos fuera, lo cogió fuerte, desde abajo y con un movimiento circular lo lanzó hacia arriba. Cogió velocidad hizo una elipse o algo similar y volvió bastante cerca de donde estábamos. Flipé. “Sí que funciona, no lo estarías haciendo bien, te enseño”. Y me enseñó.

El bumerán funcionaba perfectamente, como no podía ser de otra forma, era demasiado simple para no hacerlo.

La de bumeranes que nos vamos encontrando en la vida, ¿no creen? Situaciones que por conocidas creemos sencillas y que afrontamos sin tener ni puñetera idea de cómo hacerlo, pero convencidos de que no serán difíciles porque son comunes, o porque otra gente se ha enfrentado y nos lo ha contado, porque han hecho una película o ha salido en Ana Rosa.

Aquí pueden meter las casos más triviales como ser neocatador de vinos de autor, con sus taninos y sus matices a cereza y roble, o los nuevos expertos de cerveza artesana del Lidl, que son bastante inofensivos a otros de mayor complejidad y por tanto de mayor riesgo. Y el riesgo generalmente se mide por las consecuencias que tienen, es decir, cuántas ramas, cristales o jarrones romperemos, o lo que es peor, a cuantos perros y amigos golpearemos con nuestras técnicas inventadas de lanzamiento de bumerán. Porque a un pseudo experto en vino se le neutraliza bebiéndote la botella en dos tragos y haces un dos por uno: se queda sin elemento de valoración y consigues un sopor que te aísla de los comentarios, la jugada es perfecta.

Pero ¿qué pasa cuando el riesgo que se asume es mayor?, seguro que ustedes nunca lo han hecho, pero posiblemente conozcan a alguien que les haya dicho que “es un poco psicólogo” y que ayuda mucho a los que le buscan “que uno puede ser buen psicólogo sin necesidad de tener una carrera”. Claro, para que estudiar 4 años de universidad pudiendo escuchar y aprender de conversaciones de bar. Lo que suele pasar es que se confunde conocimiento con experiencia y créanme que no es lo mismo. La experiencia personal es muy válida y es fantástica como consejera, pero no siempre es suficiente. Proyectar la experiencia propia en otros puede salir bien o no, porque no a todos nos sirve la misma respuesta, y precisamente por esto es necesario aprender. Aprender a hacer las cosas bien y aprender a asumir lo que uno no sabe hacer.

En el mundo de empresa es especialmente significativo este tema en lo referido a selección de personal. Fíjense si es sensible la incorporación de nuevos trabajadores, que será lo que marque el devenir de muchas empresas, y en muchos casos se acaba delegando en perfiles que no han recibido la formación necesaria y sólo pueden aportar experiencia.

Seguro que el éxito tiene mil claves, o 17 o las que sean, no sabría decirles cuales son, si lo supiera ya las estaba poniendo en el “Nuevo y definitivo listado de los factores claves para el éxito” a un precio considerable pero no lo sé. Sin embargo si sé que hay dos que son infaltables ya no solo para tener éxito, sino seguramente para sobrevivir, y son el entrenamiento y la constancia. Formación y perseverancia, llámenlo como quieran. Nunca se deja de aprender, nunca, así que nunca hay que dejar de ejercitarse y perfeccionar, cuánto más sabe más entrenamiento, para no oxidarse, para no perder las referencias de la realidad, para demostrar que se sigue queriendo y para dar ejemplo.

Sin perseverancia se acaba dando por mala la estructura y los medios con los que contamos en lugar de cuestionarnos. Sin perseverancia se acaba diciendo que el bumerán no funciona.

En los procesos más básicos es donde se construye la complejidad, esto es de cajón pero se nos olvida. Las piezas de debajo de los Lego son siempre las más grandes y planas pero también las más sólidas. Sin base no hay torres. Conviene no olvidarlo cuando nos ofrezcan áticos con terraza sin explicar previamente cómo se sustentarán los cimientos.

¿En mayo hay elecciones, no? Simple curiosidad, no me malinterpreten, simple curiosidad de lanzador de bumeranes.


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