• sábado, 27 de noviembre de 2021
  • Actualizado 00:05

 

 
 

Opinión / Sabatinas

Barbecho

Por Fermín Mínguez 16 octubre, 2021 - 10:35

Nos ciega la necesidad del resultado inmediato, en cualquier ámbito, y si lo conseguimos, en lugar de disfrutar nos lanzamos a por otro, sin tiempo de celebrar y reconocer.

Imagen de un campo labrado en barbecho durante una temporada de sequía ARCHIVO
Imagen de un campo labrado en barbecho durante una temporada de sequía ARCHIVO

Recuerdo perfectamente cuando estudié los tipos de agricultura en el colegio. Por esos mecanismos extraños de la memoria tengo la imagen que representaba la agricultura intensiva y la de una tierra en barbecho. Barbecho, palabra preciosa camino de desuso, me temo.

Para quienes no hayan tenido la suerte de vivir de cerca el entorno rural, el barbecho es una técnica de cultivo que reserva parte de la tierra sin trabajar, no se siembra nada, durante un tiempo, un optar de ciclos de cultivo, para dar la oportunidad a que se regenere, recupere lo que ha perdido en la última cosecha y se prepare para la siguiente.

Esto supone que durante un tiempo tu tierra no producirá, pero cuando lo haga será más productiva y, seguramente, de mejor calidad. Además permite adaptar el cultivo a la temporada, que suena un poco raro pero hay momentos mejores para determinados cultivos, fíjense. Que una cosa es que la tierra produzca, y otra muy diferente que produzca bien y bueno. Esto es complicado de explicar a una generación que ha encontrado de todo en los supermercados en cualquier época del año, pero sin preguntarse a qué coste, porque les aseguro que eso de comer naranjas en agosto, sabor de amor, y uvas en abril no es lo normal.

La agricultura se ha intensificado, se agrupó en tierras más grandes, la parcelaria, y se invirtió en producto químico y tecnología para optimizar sus resultados; que igual es una buena idea, no les digo yo que no, pero como suele pasar con nuestra especie, nos hemos pasado de rosca y se llegó a una explotación intensísima que produce fuera de tiempo un montón de frutas y verduras que compramos con alegría y acabamos tirando con cierto cargo de conciencia cuando se pudren en el frigorífico.

Ahora hay un movimiento que reivindica la agricultura ecológica, que se vende en tiendas con cajas de madera y el producto lleno de barro y te cobran un pastizal. Siento romperles el corazón, modernos y modernas del mundo, united healthy people, pero esto es exactamente lo mismo que hacia mi tío Jesús en Mañeru hace sesenta años: cultivar cuando toca y vender el excedente. Estoy seguro que al ver lo que está pasando se reiría en su sillón de mimbre, segurísimo, y mejor no les digo lo que diría.

¿Que por qué les suelto esta chapa sobre agricultura cuando soy incapaz de mantener vivo un poto en casa? Pues porque el otro día hablando con Christian, me decía lo intensivo que se está volviendo el mercado, y tiene razón.

Se han ido moviendo los estándares de calidad a los de accesibilidad o producción, es decir, es mejor tener algo inmediato que algo adaptado y duradero. Lo que necesito lo necesito ya, y se tolera mejor la incertidumbre de que salga mal y tenga que reemplazarlo, a la inseguridad de no tenerlo. Piensen en cuántas alargadoras de enchufe han comprado últimamente, y cuántas son de ferretería y tienen los sellos pertinentes de calidad y seguridad, y cuántas las han comprado en cualquier sitio sin mirar más allá del color y el precio. Menos mal que esto es algo tan irrelevante como una toma eléctrica que dejamos enchufada en casa, o en el cuarto de nuestros hijos, vamos, algo nada importante.

Lo estamos llevando a todos los ámbitos de la vida, nos intensificamos, y nos dejamos intensificar, valoramos ser flor de un día.

Esto es peligroso. En la vida, en los negocios, en la cabeza, es importante tener una parte de barbecho. Es importante poder dedicar una parte de nuestro tiempo no a producir sino a pensar, a oxigenar, a dejar que entren nuevas ideas porque la próxima producción será mejor. Hay que dedicar tiempo a abonar el terreno, a cuidarlo, a trabajar los proyectos con el tiempo suficiente antes de sembrar para que puedan coger fuerza y crecer fuertes.

Dedicar tiempo a la preparación no es ser improductivo, al revés. Todo tiene sus tiempos y sus momentos, y esto también lo estamos confundiendo. Preferimos enseñar flores que no huelen y se marchitan pronto, porque sabemos que las podremos cambiar antes de que se vean feas, a apostar por una rosa de verdad. Que las cosas se marchiten también forma parte del proceso. Las relaciones se secan, pero en el terreno y con los cuidados adecuados vuelven a resurgir, que se lo pregunten a mi poto, que su vida es una montaña rusa, pero cuando le dedico el tiempo y el cuidado adecuado, es tan agradecido, angélico.

Hemos prostituido el citius , altius , fortius, más rápido, más alto, más fuerte, por un simple nunc et plus, ahora y más. Evaluaciones cuantitativas y poco cualitativas, que llevan a un círculo vicioso donde la clave es crecer en lugar de asentar, que ojo también se puede crecer asentando, y este crecer intensifica el entorno laboral y no deja espacio a la planificación o la negociación tranquila, que tranquila tampoco es lenta, ojo otra vez, lo que nos gusta mezclar conceptos para justificar y criticar decisiones.

¿Qué es lo que desaparece? El barbecho personal. El espacio donde preparar lo que vendrá y planificar sus riesgos. El tiempo de pensar. Nos ciega la necesidad del resultado inmediato, en cualquier ámbito, y si lo conseguimos, en lugar de disfrutar nos lanzamos a por otro, sin tiempo de celebrar y reconocer. Y si no se consigue es peor, entramos en el bucle enfermizo de conseguirlo a cualquier precio, desgastándonos y desgastando lo que tengamos alrededor, porque como no hemos barbechado bien, no tenemos otro plan, otra alternativa a la que dedicarnos.

Es muy importante el barbecho, en general, porque también es el espacio donde reconocer y trabajar lo que nos falta, nuestras áreas de mejora y cuáles han sido nuestros fuertes para trabajarlos. Es decir, para reconocer qué cultivos son los mejores en cada momento, sin que vengan impuestos por ninguna necesidad imperiosa. Piensen que mientras una parte está en barbecho, hay otra, más grande, que está produciendo, así que bien organizado hay tiempo para todo.

No tener tiempo para pensar hace que otros piensen por ti, decidan por ti. Y al igual que aparecen como novedosas las tiendas de verduras que hacen lo que era normal hace sesenta años, aquí aparecen coaches, libros de autoayuda y gurús del pensamiento para decirte que es bueno planificar y pensar en uno mismo. Menos mal que alguien nos lo recuerda, porque por nosotros mismos no se ocurre, como no tenemos tiempo de pensar…

En fin, creo que estamos encumbrando velocidades y datos luminosos con tal de seguir corriendo hacia adelante, y no acabo de entender tanta prisa, tanta necesidad de validar como correctas nuestras propuestas, como si equivocarse no fuera bueno. La inseguridad en uno mismo no se refuerza así, la inseguridad se refuerza con seguridad (me voy a subir al carro de los consejos sandez, a ver si alguien me paga algo), y la seguridad no la da el éxito, la seguridad la da saber que has puesto todos los medios a tu alcance para que lo que sea salga bien, y que si no sale, sentirse igual de seguro. Y si sale bien, sentirse, además de seguro, exitoso. En los dos casos toca después hacer barbecho para ver como mejorar, no solo cuando sale mal, porque ahí se buscan culpables, sobre todo si no hay tiempo, ya sabemos que puestos a culpar, mejor siempre los demás, claro.

Diría que ya compartí la frase de Stephen FR y, el cómico británico, en la que decía que “uno de los mayores errores del ser humano es preferir tener razón que ser eficaz”, validar lo correcto de nuestra propuesta, no sentirnos cuestionados, antes que valorar si es bueno o en qué forma lo estamos logrando. Antes tener razón, siempre, fíjense en cómo se están renovando los órganos judiciales, por ejemplo.

Pues eso, que no estaría de más recuperar ese barbecho pero al que garantiza el tiempo y el espacio para pensar y pensarse, para planificar mejor, para entender lo que se espera de nosotros. Levantar un poco el pie del acelerador y aprovechar para mirar por la ventanilla.

Incluso pararse a mirar y disfrutar.

Sean buenos, y buenas, pero sobre todo sean felices.


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Barbecho