Opinión / Sabatinas

Ánimo y ánimo

Por Fermín Mínguez 28 marzo, 2020 - 9:08

La idea era empezar a repartir a distro y siniestro, pero creo que es mejor dar ánimos que esto será largo. Pero también animar a que lo que vivimos estos días nos caiga en saco roto.

Patrullas de la Policia Nacional, Foral, Municipal y Guardia civil realizan un homenaje al personal sanitario en el Hospital como reconocimiento a la labor que está realizando en la crisis del coronavirus. Miguel Osés
Patrullas de la Policia Nacional, Foral, Municipal y Guardia civil realizan un homenaje al personal sanitario en el Hospital como reconocimiento a la labor que está realizando en la crisis del coronavirus. Miguel Osés

Cada vez que mi querido Miguel envía un mensaje de ánimo, que es con frecuencia, me arranca media sonrisa, una entera si es desde la cuenta de Instagram del Beti Jai Txiki, un frontón casero que se ha sacado de la manga y ha convertido en centro multicultural en esta cuarentena (visítenlo en @betijaitxiki). Hay algo sanador en los ánimos, algo que nos aleja de la realidad gris, que nos da energía y la reproduce multiplicada. Como en un caleidoscopio que entretiene, pero también difumina la imagen final. Por eso es bueno dar ánimos, pero también animar a pensar, qué importante es una tilde.

Ánimo a todos esos profesionales de atención directa que están literalmente dejándose la piel, con marcas en la cara de la mascarilla. Todos los ánimos recibidos serán pocos, desde balcones, atriles, y plasmas televisivos. Pero también animo a pensar por qué estamos en esta situación, qué estructura hemos creado y quién lo ha consentido para que sea imposible dimensionarla ante esta emergencia. ¿Se nos olvidarán los balcones una vez que se normalice la situación? ¿Volveremos a agredir y gritar a los sanitarios por hacernos esperar? ¿Consentiremos que se castigue a la Sanidad y a los Servicios Sociales una y otra vez?

Ánimo a todos esos mayores que construyeron este país en situaciones difíciles, esos mayores que hemos explotado como canguros en tiempos de bonanza laboral y que ahora dejaremos morir porque hay que priorizar a los más útiles. Les vamos a cerrar las puertas de lo que ellos construyeron para nosotros. Hay que ser mezquino y miserable. No sólo los obviamos, hablando de ellos como si no existieran, sino que decidimos egoístamente cuándo son útiles y cuándo no. Ánimo a ellos, y animo a pensar en qué tipo de dirigentes están tomando estas decisiones, porque esto no es una cuestión de color político, que hay de izquierdas y derechas asumiendo estas barbaridades, es una cuestión de altura moral y de decidir en qué invertimos los presupuestos.

Ánimo a todos los padres teletrabajadores con niños en casa, que están trabajando, educando a sus hijos e intentando no caer en el alcohol por desborde. Los animo también a pensar en qué condiciones hemos estado trabajando hasta ahora y qué es fundamental y qué no en esas jornadas laborales eternas y en esa dependencia de la presencialidad. Si es posible pasar de la nula conciliación familiar a la conciliación total de un día para otro, quizás sí sea posible encontrar un punto medio a la vuelta.

Ánimo a todos los niños que están aguantando estoicamente el confinamiento, y los a veces inexplicables nervios de sus padres. Ojalá recordéis estos días en los que pudimos estar tanto tiempo juntos, y como fue la imaginación y las denostadas manualidades las que nos salvaron de enloquecer estos días. Os animo a recordar que fue en lo más sencillo donde encontramos lo más satisfactorio. Siempre se crece desde lo básico.

Ánimo también a esos voceros, maestros en todo, listos y listas de las narices que lo sois, que aprovecháis a opinar ahora desde vuestras tribunas de expertos consultores sobre lo obvio de la situación, confío en que para la próxima deis vuestra opinión antes. No es necesario utilizar palabras horteras y retorcidas para intentar dar mas empaques a las obviedades, de verdad. Ni van a ser ustedes mejores por dramatizar hasta la lágrima el trabajo de los que sí dan la cara, no como ustedes. Os animo a reflexionar si no será mejor ser constructivos que histéricos, y que quizás esos profesionales con los que os llenáis la boca agradezcan, además de las palabras, alguna implicación más tangible. Lo de llevarse la pasta y luego quejarse de la estrechez del recurso así, de saque, es cutre.

Ánimo a todos los afectados por los ERTES, no solo a los trabajadores que los van a sufrir, sino también a aquellos empresarios, sobre todo medianos y pequeños, que van a verse abocados a tomar decisiones que nunca hubieran querido tener que tomar. Os animo a pensar en quién está proponiendo estas medidas pero no aplicándoselas, qué perfiles sufren por nosotros pero no modifican un ápice sus condiciones. Os animo a pensar también por qué están saliendo adelante sesiones en el Congreso con un número mínimo de diputados, con validez legal y sin que nadie se plantee un ERTE en estas instituciones. A ver si va a ser que con una quinta parte de lo que gastamos en toma de decisiones nos va a ser suficiente… oigan, o mucho mejor, a ver si va a ser suficiente con que algunas de las decisiones que hemos delegado no sea necesario hacerlo. Y enlazo con mi último…    

Ánimo a todos los que aplauden, chillan, cacerolean y hasta tocan trompetas de plástico en los balcones. Porque es bueno sentirse respaldado, el efecto caleidoscopio (y ya van dos veces la palabra hoy) del que hablábamos antes. Pero os animo a pensar si en lugar de tanto reconocimiento y tanta queja de balcón, no sería bueno sacar de esta crisis la necesidad de una participación más activa en la sociedad, porque cinco minutos de rabia como propuesta de mejora es pobre. Igual tiene razón Sonia y hay que empezar a organizar alternativas, lo que sí está claro que dar recursos es mejor que dar ánimos.

Tengo claro que van a cambiar cosas después de este mes de confinamiento, espero que algunas de ellas sean a mejor. Lo que no tengo tan claro es si vamos a aprender algo de lo vivido, de lo que hemos sido capaces de hacer con menos recursos de los habituales y sin un capitán al mando, porque, salvo honrosas excepciones, nadie de en quien delegamos la responsabilidad de cuidarnos han sabido hacerlo. Miren, como padre del año que quiero ser, estoy empezando a ver con mi hija la serie de dibujos The Clone Wars (porque ella quiere, claro) y hay un personaje que me resulta magnético, Ashoka Tano (esto es para frikis). Una padawan, aprendiz de Jedi, a la que se le atribuye esta frase “Es el deber de todos los ciudadanos poner a prueba a sus líderes, hacer que sigan siendo honestos, y hacer que asuman su responsabilidad si no lo son”. ¿Qué les parece la muchacha? El deber de los ciudadanos. Deber. Pero no le hagan caso, claro, es un personaje de ficción…

Pues eso, que no me quería quejar y sí darles ánimos. Que ya queda menos para que esto acabe y para que empiece esa realidad nueva sobre la que tanto tiempo estamos teniendo para pensar. A mí me anima pensar en esa sesión de pinchadiscos que he comprometido en el Beti Jai Txiki donde sonará esta canción y, por fin, bailaremos para celebrar que seguimos juntos.

Cuídense mucho, piensen qué quieren cambiar cuando esto pase, porque pasará, y bailen. No se olviden de bailar.


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