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Opinión / Sabatinas

All Trumps

Por Fermín Mínguez 27 mayo, 2017 - 11:19

Esta semana han concedido el Princesa de Asturias a la selección de rugby de Nueva Zelanda, los All Blacks, por ser un ejemplo de integración.

Una imagen de los All Blacks junto al presidente Trump.
Una imagen de los All Blacks junto al presidente Trump.

Buena noticia para el rugby, y para esas tradiciones que defienden los valores y el equipo en estos tiempos de ombliguismo exagerado, con Trump como icono.

Creo que es un premio más que merecido para una selección que lo ha ganado todo, tricampeona del mundo, con dos títulos consecutivos, record de victorias seguidas y haciendo un rugby total al alcance de muy pocos equipos en el mundo, aparte de ellos y mi Gòtics claro.

Pero además regado de imágenes que refuerzan ese concepto de deporte con valores. Ya les he hablado de como McCaw, mejor jugador del mundo en tres ocasiones ejercía de aguador cuando no jugaba (imagínense a Cristiano o Messi haciendo esto) o de como Sonny Bill Williams le regaló su medalla de campeón del mundo a un joven fan que se coló en el campo, regaló, repito, re-ga-ló, porque lo importante era que el equipo ganase, y el equipo ganó. Estos son los valores que transmite un deporte donde la individualidad está siempre supeditada al equipo.

Y no se crean que uno no es objetivo y piensa que en este deporte no hay salidas de tiesto, claro que sí, pero se atajan. ¿Se acuerdan del vídeo aquel de los jugadores del Éibar?, dos de tipos grabándose un video sexual y luego compartiéndolo, ¿se acuerdan? Una disculpa, y tan contentos todos.

Pues bien por ese mismo tiempo a un jugador de los All Blacks, Aaron Smith le pillaron practicando sexo en un baño de discapacitados del aeropuerto, y saben qué, él mismo se auto descartó para vestir la camiseta negra diciendo que había faltado al respeto a su selección y a sus valores. Uno de los mejores del mundo, ojo. Lo mismo, vaya.

Me encantan estas historias de saber el lugar que ocupas, lo que representas y a quién tienes detrás. Tu puesto te obliga a asumir ciertas responsabilidades y comportamientos. Se asume lo que uno es, no se puede renunciar a los valores que te sostienen, a menos que uno sea Groucho Marx y los cambie si no le gustan. Pero hay que ser muy brillante para ser Groucho.

Para que vean que esto viene de lejos, les cuento otra (no les hará mal un poquico de rugby, créanme) de 1972. Después del partido de su vida, en el que hizo el ensayo de la victoria frente a Gales, Keith Murdoch en la celebración posterior le metió un puñetazo a un guardia de seguridad que lo tumbó. Como consecuencia lo expulsaron del Tour de los All Blacks, el primer expulsado en la historia. En el viaje de vuelta decidió que no así no podía volver y desapareció de la vida pública. El honor, eso que cuando se tiene te cuestiona.

No me digan que no les emociona un deporte que prioriza sus valores a sus estrellas, ¿se imaginan esto en cualquier otro deporte?, echar a una estrella por pasarse en una celebración. Sonrío…

Quiero pensar que de esto va el premio Princesa de Asturias, de reconocer estas prioridades, que son las que intentamos transmitir en nuestras escuelas, y que es lo que está haciendo que este deporte gane enteros. Mantenerse fiel a sus principios, y saber lo que significa representarlos.

Digo esto porque esta semana también ha sido noticia el viaje a Oriente Próximo de Trump, que no deja de sorprender. Primero le vimos bailando encantado en Arabia con musulmanes que no deben ser los terroristas a los que se refiere cuando habla del Islam; puede que el hecho de que haya cerrado una venta de 100.000 millones de dólares (sí lo he escrito bien), en armamento tenga algo que ver. Seguro que Groucho también proponía un cambio de principios por ese precio, pero insisto, él era brillante.

Y la otra que me ha llegado al alma es la dedicatoria que ha dejado en el Museo del Holocausto, “¡¡Un honor estar aquí con todos mis amigos!! Increíble. No lo olvidare”, todo con exclamaciones. Que mirándolo bien te sirve igual para el Holocausto, para un día en Port Aventura, para firmar en nombre de tu hija en un cumpleaños, o para whatasapp de agradecimiento al grupo “Despedida de soltero del Potro. Abril 2017”. Vamos a ver, eso se lleva preparado, que eres quien eres y representas lo que representas. A menos que te resbale todo excepto tu ombligo y tus intereses, que entonces ya está bien firmar como El Principie de Bel Air.

Y esto no es azar. Formamos personas cortoplacistas que lo justifican todo en lo inmediato y en lo beneficioso que acaban validando propuestas como la de Trump como ganadora. Encumbramos personas y no actitudes, a saber qué lodos nos estamos generando. Es necesario asumir las repercusiones de nuestra forma de actuar, más allá de lo que se firma, en lo que se transmite, lo que se hereda.

Por eso me hace ilusión el Princesa de Asturias a la selección de Nueva Zelanda de rugby, porque lo entiendo como un premio al rugby, a la inversión en el largo plazo, en el equipo.

Mejor ser All Blacks que All Trumps.

Esfuerzo y resistencia. Agarres fuertes y empuje. Juntos.


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