Opinión / Sabatinas

A la tercera va la tercera

Por Fermín Mínguez 30 Marzo, 2019 - 9:25

Sí, sí, la tercera. Y a la cuarta la cuarta, y así tantas veces como haga falta. La vencida, la buena, llegará cuando proceda como fruto de lo que hayamos hecho. El éxito no sigue patrones, que se lo pregunten a Jaime Mata si no, ¿lo conocen? Les cuento.

Un balón de fútbol en un campo de juego humilde.
Un balón de fútbol en un campo de juego humilde.

Jaime Mata es un jugador de fútbol, delantero del Getafe, que ha debutado con la selección absoluta de fútbol con treinta años, casi nada. La edad a la que ya empiezan a jubilar futbolistas a él le toca debutar. Les recomiendo que escuchen o lean alguna de las entrevistas que le han hecho estos días, porque ahora que es internacional tiene todo el foco de los medios. Verán que es un tipo juicioso, sereno y con los pies en el suelo, toda una novedad en este mundo del deporte de élite.

La historia de Mata es una historia de insistencia y de no perder la fe, además desde un punto de consciencia que conquista. Empezó jugando en equipos menores (por tamaño y estructura, ojo, todo el respeto), de esos que tienen más ganas que recursos, y no fue hasta los veinticuatro años que no salió de su Madrid natal para probar fortuna.

Veinticuatro años que en fútbol, si no has despuntado, ya te quedas para jugar en pachangas de solteros contra casados, él insiste y decide probar. En una entrevista dice que como ya tenía los estudios acabados, pensó que por qué no iba a probar. Esto de los estudios es como el refrán de a Dios rogando, pero con el mazo dando; ojalá pueda vivir del futbol, pero por si acaso estudio por lo que pueda pasar. Esta es la parte que me encanta, tener fe en algo no significa que se deba abandonar el esfuerzo, al revés.

Ahí la importancia de insistir porque a veces las oportunidades nacen a fuerza de provocarlas. Uno puede tener la suerte de tener un don, y estar en el momento adecuado en el lugar indicado y la vencida viene en el primer intento, que puede pasar. Uno puede ser un buen futbolista, que te fiche un club con solera y estructura y que te haga profesional con diecisiete años. O puede que te toque ser Jaime Mata y tengas que insistir una y otra vez en las categorías del barro del futbol hasta que consecuencia de tu esfuerzo consigues jugar en primera y que te convoquen con la selección cuando todo parecía que no iba a acabar bien.

Jaime Mata comparece en rueda de prensa junto al pamplonés Íker Muniáin en la concentración de la selección española de fútbol. EFE

Las oportunidades son un tema de actitud, y como dice mi soci, cuando llega el éxito se tiende a confundir causalidad con casualidad. Pocas cosas me dan más rabia que quienes atribuyen a la suerte los logros personales. Muchas veces se atribuye a la suerte de otros lo que no queremos asumir como falta de mérito o esfuerzo personal. Decimos que los demás han tenido suerte con el trabajo, la pareja, los hijos, o lo que sea, obviando los esfuerzos que han tenido que asumirse para llegar a ese trabajo; las negociaciones, renuncias y equivocaciones que se han vivido en pareja o las tensiones soportadas para educar a los hijos. Es más fácil achacar a la mala suerte propia nuestras desgracias que reconocer el esfuerzo de los otros para conseguir sus objetivos, cuestiona mucho menos.

La historia de Jaime Mata está sembrada de malas suertes, fichajes fallidos, vueltas a las divisiones bajas cada vez que parecía que iba a mejorar y casi ascensos de categoría, pero decidió insistir en lugar de dejarse ir. Y seguir trabajando en vez de maldecir la buena suerte de otros jugadores.

Es necesario perder el miedo a insistir, parece que hoy en día basta con un intento fallido para bajar los brazos y cambiar esfuerzo por queja. Aquí empieza una espiral de queja en la que cada vez nos parece todo peor y hacemos menos por mejorar, por lo que todo nos parece todavía peor y como es peor no hacemos nada por mejorar y todo empeora y así en bucle.

La otra opción es la ver una oportunidad de mejora en la oportunidad misma, y provocar que se produzca, intentando hacer lo mejor posible lo que tengo entre manos, de forma que me motive y así surja otra oportunidad que me provoque hacer mejor las cosas, y me motivo y consigo que aparezca una nueva oportunidad, que si se fijan es la misma espiral pero en positivo, en posibilidad. Y al final puedes acabar convocado con la selección absoluta o, por poner un ejemplo al azar, ser titular en tu equipo de rugby por primera vez con cuarenta y dos años. Claro que las condiciones tienen que darse para que todo fluya, claro, pero también hay que estar en la puerta esperando y no confiar al azar nada que podamos trabajar por nuestra cuenta.

Esto no garantiza el éxito, nada lo hace, pero si que garantiza la oportunidad. El miedo sí que no lo garantiza, ni la frustración ni el conformismo. Leía una frase del poeta americano Robert Frost que decía que la mejor manera de salir, siempre es hacerlo a través, en una traducción algo libre de The best way out is always through que es el original.

Y para ir atravesando realidades y oportunidades hay que ir ligeros de miedo, sobre todo al esfuerzo y a las supersticiones. Sin miedo ni al barro ni al trece que dice la canción que cerrará hoy.

Algunos hemos tenido la suerte de tener en nuestras vidas quienes nos han enseñado que no tiene sentido ese miedo irracional, la pena es que a veces tenemos que perderlos para aprender de veras la lección. Puede que sea tarde para volver, de hecho casi siempre lo es, pero nunca es tarde para empezar, para generar oportunidades. Estamos a tiempo de debutar en mil situaciones que solo hemos soñado, pero toca remangarse y limpiarse el barro. Vamos, va, debutemos tantas veces como podamos, no vaya a ser que cuando queramos no podamos.

¿Sí?


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A la tercera va la tercera