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Opinión / Sabatinas

2021

Por Fermín Mínguez 26 diciembre, 2020 - 10:24

Me hace gracia esa fe en que los años tienen capacidad para decidir,  que el que  viene será mejor, y que le fiemos nuestras esperanzas a una unidad de tiempo que nosotros mismos nos inventamos. ¿No les parece bonita esa inocencia? Yo prefiero pedirles cosas a ustedes.

Una persona se dispone a comenzar un nuevo año.
Y si todo esto empieza a pasar en 2021, pues estupendo, pero no será por el año, será por ustedes. Ni antes ni después, como dice la canción. Podría pasar, perderlo todo y volver a empezar, quién sabe.

Qué culpa tendrá 2020 de que un señor de la provincia de Wuhan decidiera tomarse un murciélago al punto para el vermouth y acabase provocando una pandemia mundial, porque eso fue lo que pasó, ¿no? Que mucho ciscarse en 2020, pero no he oído a nadie quejarse del año de la Rata del metal, que es el animal del año chino. Miren que el nombre promete, Rata del metal. Dudo entre imaginarme con una melena rizada y pantalones de rata ajustada, o vestida con un mono de trabajo azul y manifestándose con una llave inglesa enorme en la mano, pero en cualquier caso el año de la rata del metal prometía, y mira, se ha convertido en el año del murciélago vuelta y vuelta. Sea como sea nuestra rata del metal, esto prueben a decirlo en falsete largo, tampoco tiene culpa de nada. Buscando datos para escribir esta Sabatina me he encontrado con una entrevista a una astróloga argentina, Ludovica Squirru, que es una joya y se puede resumir con esta cita: “pueden pasar las peores cosas en tu propio año, como también puede ser el mejor de tu vida. Todo depende de cómo se programe (...). sanar deudas afectivas y resolver todos los pendientes pues a la gente que hace el deber le va "bárbaro"”. Bárbaro dice, fan total. Lo de hacer lo que debes y saldar deudas, querida, me temo que poco tiene que ver con la rata metalera y mucho con el buen hacer en general.

Tendré que preguntarle a Elliff por esta señora que me ha fascinado.

Ahora solo falta que le añadamos una frase de Coelho, hola Paulo, tiempo sin nombrarte, que diga algo así como que los años por venir no son sino la certeza de que nuestro futuro siempre nos aguarda para llenarnos de amor y ya tenemos el plan para 2021 perfecto, esperar a que sea bueno y nos traiga cosas preciosas. Estupendo.

Lo que sí le compro a Squirru es que este año puede ser el mejor o el peor de tu vida, es más puede ser el mejor y el peor a la vez, pero no por ser un año entero, sino porque cada día, cada minuto, tiene la capacidad de ser el mejor y el peor de tu vida, y encumbrarte como rey del mundo o condenarte a la pena negra. Es que eso es vivir, ¿no?, asumir el riesgo de decidir en cada instante y asumir las consecuencias. Y para eso el año que sea da igual.

A la vida se la sopla que sea 10 de diciembre para hacerte el hombre más feliz del mundo, o 21 de junio para arrancarte la alegría de un puñetazo en la cara. Porque por mucho que nos guste derivar la responsabilidad en terceros, poco tiene que ver el tiempo artificial en forma de años con el tiempo real en el que vivimos. Así que, si me permiten, yo prefiero pedirles cosas a ustedes antes que al 2021, ya que en esto de los años nuevos soy muy Mafaldista, que hablaba de lo bueno que es tener un año nuevo entero con hojas en blanco por escribir, pero del miedo que daban tantos codos rozando el tintero para ensuciarlo… además, por poco caso que me hagan, será siempre más efectivo que hablar con el año 2021.

Si vamos a aprovechar que un día será año nuevo y eso motiva al cambio, por favor aprovechemos para tomar decisiones de peso, que generen ruido y puedan servir de ejemplo a otros, ese “ladran, luego cabalgamos” que decía Churchill. Tomemos decisiones que generen inquietud, que nos hagan sentir vivos, que al final es en lo que consiste. Me encantaría abogar por la empatía, pero la de verdad, no esa marranada de frase de ponerse en los zapatos del otro, que siempre me ha dado mucha grima eso de compartir un zapato que a saber dónde ha estado y qué calcetines ha tenido dentro. No me refiero a esa empatía antihigiénica y cómoda de me pongo tus zapatos, te veo y me largo, no. Me refiero a hacer el esfuerzo de entender al otro, y desde nuestros convencimientos, razonar. Empatía exige hacer el esfuerzo por entender, razonar y devolverlo al otro. Y la respuesta puede ser un no, ojo, que estamos convirtiendo la empatía en justificación, y eso no es así. Eso de “te entiendo, te respeto y te dejo hacer” además de una estupidez es peligrosísimo, porque no todo puede valer, y es importante decirlo. Te entiendo, te respeto, pero no cuentes conmigo porque creo que está mal lo que haces. Así es mejor, ¿no les parece? Es importante este ejercicio tanto por lo que sana las relaciones, como por la cantidad de daño que dejamos que hacer. Vivir dejando cicatrices no está bien, contamina, de hecho hay cicatrices que no solo no curan, sino que esperan a vengarse convertidas en puñales.

Otra cosa que me gustaría pedir, y van de la mano, es que reflexionemos antes de hablar, que nos documentemos, y que si no sabemos del tema lo digamos. Es bueno no saber de todo, de hecho es lo normal, así que si no sabemos de algo, lo mejor es investigar en vez de opinar. Que ahora todos somos tertulianos de la vida y opinamos con una alegría que da gusto, nos convertimos en cuñados profesionales que igual sabemos de comunismo, que de cantantes de salsa, que de biología pandémica o de vacunas. Nuevos ricos del saber que convierten en dogma cualquier panfleto que leen. Miren, no hace falta que nos contemos todo, de verdad. Hay opiniones que es mejor guardar, dudas que no conviene suscitar, y teorías que mejor no compartir, o si lo hacen, mejor escribirlas. Como escribir cuesta más que hablar, y luego además puedes leerte,hay tonterías que no pasan el filtro del esfuerzo y se quedan sin decir. Sería fantástico ponerle un poco de rigor a la vida, ¿no creen? Así también podríamos exigirlo a terceros, y eso sí que sería un cambio radical.

Por último me encantaría pedirles valentía. Estoy convencido de que hay mucho talento escondido bajo la manta del miedo, tapado bajo “me gustaría, pero como no soy capaz, ni lo intento”, y así no se puede. Antonio decía ayer que Teresa de Jesús decía que ser santo es asumir los propios límites. No sé si son ustedes creyentes o no, pero para la RAE no hace falta, ya que habla de ser ejemplo, y es de lo que se trata. Asumir los límites no para renunciar a la acción sino para ir hasta el máximo de nuestras posibilidades. Quien diga que se rinde porque asume sus límites no es santo, sino imbécil, pero imbécil de manual. Lo suyo es elegir el objetivo que más nos rete e ir a por él como si no hubiera un mañana, porque, ¿saben qué?, no tenemos ni puñetera idea de si habrá un mañana, y nos puede pillar en pelotas. Sé que siempre mejor opinar que actuar, mucho más fácil, pero no es efectivo, y esto lo saben.

Estoy convencido de que siendo personas empáticas, proactivas, curiosas y menos opinadoras, es posible promover cambios. Mi agenda laboral de este año cierra con una frase de Margaret Mead, interesantísima vida, “Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado”. Pues eso, queridas y queridos, pues eso.

Muchas citas en la Sabatina de hoy, pero es que siempre hay alguien que lo ha pensado antes que tú y conviene escuchar, y contrastar.

Y si todo esto empieza a pasar en 2021, pues estupendo, pero no será por el año, será por ustedes. Ni antes ni después, como dice la canción. Podría pasar, perderlo todo y volver a empezar, quién sabe. Sonrío.

Que tengan una salida y entrada de año feliz, y que tengan toda la valentía que les haga falta para tomar las decisiones que necesitan tomar. 

Gracias por acompañarme en este año, es un placer.

Y sí, sé que la frase de los perros no es de Churchill, ya les diré cuántos me lo han comentado antes de leer hasta el final, pero, ¿saben?, tampoco es de El Quijote. Sonrío.


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