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Opinión / Es periodista, uno de los fundadores de Telemadrid y su primer director de informativos.

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Por Fermín Bocos 02 enero, 2016 - 0:47

Incertidumbre es la palabra con la que se abre el año político en España. Los resultados de las elecciones conforman un Parlamento muy polarizado, ligeramente inclinado hacia la izquierda y con la  incrustación de pequeñas formaciones de matriz antisistema. 

En términos aritméticos, al PP no le basta con el apoyo o la abstención de Ciudadanos. Para obtener la investidura Mariano Rajoy necesitaría que el PSOE optara por abstenerse pero ya sabemos que eso no va a suceder porque Pedro Sánchez, el cuestionado secretario general de los socialistas, aguarda su turno para intentar cuadrar el sudoku.

No lo tiene fácil y es probable que la cosa se quede en el intento porque si bien podría conseguir la abstención del partido de Albert Rivera, es casi seguro que no podrá convencer a Pablo Iglesias para que Podemos renuncie a plantear un referéndum en Cataluña, iniciativa imposible de asumir por el PSOE.

Con el año se abren unas cuantas semanas de intensos cabildeos entre los dirigentes de los partidos nacionales. A partir del día 13 de enero, fecha prevista para la constitución de las Cámaras, empieza la cuenta atrás para los contactos encaminados a buscar apoyos para la investidura. Si Rajoy se ve obligado a tirar la toalla, el Rey  trasladaría la encomienda a Pedro Sánchez. Si éste, a su vez, fracasa, entonces habría que ir a unas nuevas elecciones.

En contra de la opinión de quienes se alarman ante semejante escenario habría que recordar que volver a contar con los ciudadanos para despejar la situación sería la más democrática de las salidas posibles. Sabido como ya sabemos a dónde conducen los desahogos y las decepciones, sería una inopinada segunda vuelta que ayudaría meditar el voto.

¿Quién le teme a una segunda vuelta? Sólo aquellos partidos que no están seguros de la fidelidad de su electorado bien porque les saben descontentos por las promesas incumplidas o la corrupción; bien porque su discurso político no resulta creíble. En cualquier caso, siempre será preferible una segunda vuelta a forzadas combinaciones entre partidos antagónicos envueltas en la retórica de la "altura de miras" y bajo la presión de poderes ajenos al territorio de las urnas.


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