Opinión / Es periodista, uno de los fundadores de Telemadrid y su primer director de informativos.

Momento crítico

Por Fermín Bocos 17 enero, 2017 - 7:40

En la pugna por el poder que se libra en el PSOE hay personajes que dicen querer tanto al partido que prefieren que haya dos.

Continúa la división entre quienes añoran el pacto con Podemos y quienes estuvieron detrás de la defenestración de Pedro Sánchez y no parece que vaya a rebajarse ni tras el anuncio de la candidatura de Patxi López a la secretaria general ni tampoco cuando Susana Díaz termine de deshojar la margarita y opte, que ya veremos, al sillón principal de Ferraz o pacte con Patxi y uno se quede en el partido y la otra vaya como candidata a La Moncloa.

Falta saber sí Pedro Sánchez querrá intentarlo. Disminuido como está por la depresión que apareja constatar traiciones y deserciones (Luena, Oscar López, el propio Patxi), todo parece indicar que tirará la toalla. Pero no por eso disminuirá la tensión entre facciones que está minando la imagen del partido.

La imagen y algo más trascendente: la confianza de muchos de sus electores clásicos, decepcionados como están a la vista del penoso espectáculo que ofrece la formación.

Ensimismados en debatir sobre sí mismos y no sobre los problemas de la gente, el partido ha perdido apoyos entre los ciudadanos maltratados por la crisis y los excluidos ante la nula expectativa de encontrar un empleo digno. También falla la conexión con los jóvenes y con parte de las clases urbanas más dinámicas.

Es tal el daño que se han infligido a sí mismos que de seguir así el partido que fue pieza clave en la alternancia, que aplomó el rumbo de la España democrática corre a grandes zancadas hacia la pérdida del liderazgo de la izquierda. Lo que equivale a decir que en las próximas citas electorales podría ser superado por Podemos.

Cada día que retrasen el proceso para intentar cerrar las heridas -objetivo táctico que persigue dar tiempo a Susana Díaz para dar el salto a la política nacional- es un día que gana Podemos en su objetivo de arrebatar al PSOE la bandera de la izquierda española. Pablo Iglesias -que ha leído a Gramsci y es actor principal en este drama entre lo viejo y lo nuevo- lo proclama abiertamente. Y las últimas encuestas le están dando la razón.


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