Opinión / Es periodista, uno de los fundadores de Telemadrid y su primer director de informativos.

El merengue

Por Fermín Bocos 08 junio, 2016 - 7:56

Escuchando a Jorge Moragas, director de la campaña electoral del PP, explicar las profundas razones que les habían llevado a adaptar el himno del partido a ritmo de merengue, me di cuenta de la notable frivolidad que albarda la política española. Por no hablar de insensibilidad.

El PP lleva cuatro años y cinco meses en el Gobierno. Durante todo este tiempo Moragas, ha sido jefe de gabinete del Presidente del Gobierno de un país cuyo saldo actual es conocido: cuatro millones de desempleados, una cuarta parte de la población (13 millones, según el último Informe Cáritas) en riesgo de exclusión y el salario medio de quienes conservan el empleo es un 32,2% inferior a la media de la eurozona.

Mientras que en España el salario medio por hora ronda los 15,8 euros, en la zona euro alcanza los 22. Si a lo dicho añadimos que la expectativa de encontrar trabajo es escasa o nula para aquellos parados que rebasan los 45 años, nos damos cuenta de que hay poco que celebrar; poco que acompañar de la alegría caribeña del merengue.

Al sonar los primeros compases de la citada musiquilla las caras de los periodistas que asistían a la rueda de prensa en la que Moragas presentó la campaña que guiará los pasos de Mariano Rajoy eran de lo más elocuentes. Algunos ni siquiera esperaron a que concluyera el merengue para reírle las gracias al presentador de la melodía. España no está para risas.

Vivimos un momento de notable incertidumbre con mensajes políticos muy alejados entre sí. Desde el partido del Gobierno se alienta el discurso del miedo a los extremistas (en alusión tardía a Podemos) y desde las nuevas formaciones emergentes aglutinadas alrededor de la formación que lidera Pablo Iglesias se envía el mensaje de que el veterano PSOE representa la arqueología de la socialdemocracia, ideología de la que no sin cierto descaro Iglesias y los suyos, pese a su conocida militancia comunista, se han declarado albaceas testamentarios. Todas estas circunstancias contribuyen al crecimiento de la entropía entendido el concepto como desorden del sistema.

El merengue de los populares, que en otras circunstancias no dejaría de ser una anécdota, en el actual contexto se revela, ya digo, como evidencia, una más, de la falta de sensibilidad de algunos dirigentes políticos.

Salvando las distancias -que afortunadamente son muchas- recuerda un episodio biográfico de María Antonieta de Austria, la reina de Francia que viviendo como vivía en desconsiderada opulencia, cuando la explicaron que el origen de los tumultos que humeaban en París eran debidos a que los ciudadanos no tenían pan, habló para decir que "Si no tenían pan que comieran tortas". Ya se sabe lo que pasó después.
Volviendo a casa y por decirlo en corto: España no está para merengues.


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