Opinión /

Navarra no necesita la tutela de Euskadi

Por Fermín Alonso 10 mayo, 2018 - 9:41

Llegó el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, el pasado sábado a Navarra como vienen los agentes del Athletic a llevarse a los chavales de Tajonar para poder presumir de cantera y de Lezama; no sólo con esa chulería tan bilbaína que resulta hasta simpática, sino con la superioridad de quien se cree mejor que los del pueblo; con aires de conquistador, vaya.

Los máximos responsables del PNV y Geroa Bai se dieron cita en Pamplona. En la imagen Innenarity, Hualde Ayerdi y Ortúzar. PABLO LASAOSA
Los máximos responsables del PNV y Geroa Bai se dieron cita en Pamplona. En la imagen Innenarity, Hualde Ayerdi y Ortúzar. PABLO LASAOSA

Lecciones de Navarra al PNV, ninguna. (...) La defendemos mejor que nadie”, soltó. Y se quedó tan tranquilo. Ni una risita se le escapó.

Dos días más tarde, el martes, registró en el Parlamento un borrador de preámbulo del Estatuto de Euskadi que es, básicamente, un insulto a la historia de Navarra y un nuevo ataque nacionalista a nuestra identidad y a nuestra realidad institucional.

La pose del sábado le duró el domingo y caducó el lunes.

El texto, que no es sino la plasmación del verdadero pensamiento del PNV, disuelve los siglos de historia de Navarra en la “identidad propia” de Euskal Herria, “asentada en 7 territorios”. Ya saben, la CAV, Navarra y las zonas francesas.

Una identidad, fundamentada, sostienen, en el euskera y la cultura vasca.

Pero, luego son los demás los que mezclan cultura y política; euskera y política.

Por eso se afana tanto Barkos en imponerlos, en dibujar una sociedad monolítica en Navarra, cuando su riqueza reside en su diversidad, en sus diferencias. Y cuando, en realidad, hay que decirlo, apenas el 6,7% de los navarros habla euskera, según los estudios de su propio Gobierno.

Nada nuevo en los objetivos de un partido fundado por un supremacista, machista y xenófobo como Sabino Arana que, sin embargo, sigue teniendo sus calles en la CAV, su fundación, sus premios y es honrado cada año, algo imposible en cualquier país de Europa para un tipo capaz de decir cosas como que “el roce de nuestro pueblo con el español causa inmediata y necesariamente en nuestra raza ignorancia y extravío de inteligencia, debilidad y corrupción de corazón” o que "La mujer es vana, es superficial, es egoísta, tiene en sumo grado todas las debilidades propias de la naturaleza humana. (...) Es inferior al hombre en cabeza y en corazón. (...) ¿Qué sería de la mujer si el hombre no la amara? Bestia de carga, e instrumento de su bestial pasión: nada más", por ejemplo.

El nacionalismo vasco, nacido hace poco más de 100 años, con su bandera creada hace poco más de 100 años, necesita de la realidad histórica de Navarra para vestir su invento y ocultar que, en realidad, las tropas vizcaínas y guipuzcoanas lucharon del lado de los castellanos en 1512, sin ir más lejos.

Sin embargo, Navarra tiene su propia identidad, su propia realidad y su propia historia y no necesita sumarse a otra comunidad ni a ningún invento para ello.

La inmensa mayoría de navarros se sienten perfectamente identificados con la realidad institucional de Navarra, integrada de forma singular y diferenciada en España (y en Europa) y, como reza el artículo 1 del Amejoramiento del Fuero, “solidaria con todos sus pueblos”. No necesitamos la tutela de Euskadi.

Ahora, ante el lógico jaleo montado, la delegación del PNV en Navarra se ha apresurado a decir que “Navarra será lo que quieran los Navarros”, aunque por si acaso los navarros quieren otra cosa, los planes los elaboran en Vizcaya y los aprueban en el Parlamento de Vitoria y como parte del Estatuto de Euskadi, como si esta tierra no tuviera sus instituciones, no eligiera a sus parlamentarios o no existiera el Amejoramiento del Fuero.

La principal novedad, y lo realmente grave, es que para hacer frente al enésimo ataque colonialista del nacionalismo vasco, no se puede contar ya con el Gobierno de Navarra. “El Gobierno no hace una valoración”, respondió su portavoz ayer a preguntas de los periodistas.

¿Alguien creía, de verdad, que Barkos, Hualde, Solana o Ayerdi iban a llevar la contraria a sus jefes de Bilbao?

Al contrario, como también dijo Ortuzar hace apenas un mes, en realidad, para lo que trabaja el Gobierno de Navarra es para “la construcción nacional vasca”. Ante semejante confesión, poco más se puede añadir.


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