Opinión / Construcciones y derribos

Modelo de (no) futuro para Pamplona

Por Fermín Alonso 01 febrero, 2018 - 9:07

Conviene parar de vez en cuando; bajarse del voraz y loco día a día, echar la vista atrás por un momento para recopilar todo lo ocurrido durante los últimos dos años y medio y ver el debate actual con más perspectiva. Más allá de los rifirrafes diarios, en Pamplona existe un evidente choque de modelos de ciudad.

Comercios muestran carteles en contra de los cambios de tráfico impuestos por el Ayuntamiento de Pamplona. PABLO LASAOSA
Comercios muestran carteles en contra de los cambios de tráfico impuestos por el Ayuntamiento de Pamplona. PABLO LASAOSA

Esta semana hemos sido testigos de un ataque radical contra los comerciantes del centro de Pamplona que cometieron el imperdonable pecado de alzar la voz contra una decisión de Asirón y sus socios que les ha resultado enormemente perjudicial. ¿Qué es amenazar con un escaparate reventado para quienes durante años justificaron que se matara al que piensa distinto? Nimiedades.

Sin embargo, la presión contra uno de los motores económicos de nuestra ciudad no ha sido sólo a nivel “de calle”, sino también desde las instituciones. El propio alcalde ha dicho que la denuncia de amenazas son “mentirijillas” y la concejala Edurne Eguino ha tachado la campaña de “falaz”.

El coordinador de EH-Bildu en Pamplona, muy original él, tiró de eslogan sesudo y aseguró que era una campaña del “régimen” que estaba “impulsada por la derecha” y la propia concejala de comercio (entre cuyas funciones, según decreto de Alcaldía, se encuentra el “impulso de la economía local (...) con especial incidencia en (..) el comercio local”) menospreció los informes de pérdidas derivadas de la amabilización desertizadora y tachó el estudio de poco riguroso. 

Mes y medio después, y tras más de 10 millones de euros de pérdida de facturación, todavía no se ha reunido con los comerciantes. ¿qué hará falta para que descuelgue el teléfono y se interese por el problema? ¿Cuántos empleos tienen que perderse? ¿Cuántos establecimientos han de cerrar?

Sin embargo, todo esto es sólo un capítulo más en lo que parece una verdadera estrategia por atacar a todos los principales sectores económicos de nuestra ciudad. No se dejan uno. En apenas dos años y medio se han metido con Volkswagen, con la Universidad de Navarra y su Clínica, con los centros de investigación, con los hosteleros… 

Como guinda, estos días también han prohibido que se instalen nuevos hoteles en el centro para impedir la concesión de licencia al proyecto en Unzu. ¿Quién se va a atrever a invertir en Pamplona si corre el riesgo de que le cambien sobre la marcha las normas municipales porque a Bildu no le gusta el proyecto?

Y es que básicamente, en poco más de media legislatura les ha dado tiempo a meter el dedo en el ojo a todo aquel que puede generar empleo en Pamplona. Y por supuesto, también para intentar boicotear la llegada del Tren de Alta Velocidad y el Canal de Navarra.

No han dejado títere con cabeza. O al menos eso han intentado.

En paralelo, se han opuesto a otras propuestas muy concretas como la de construir dos grandes plazas abiertas en el abigarrado Casco Antiguo, en Jarauta y en Navarrería (en el espacio que hoy ocupa Muebles Apesteguía y en el que en parte se sitúa el antiguo centro cívico del Oscus, respectivamente); también a la de rehabilitar el barrio de la Milagrosa a través de la cultura, comprando bajeras hoy vacías para dedicarlas a talleres de jóvenes artistas y a empresas culturales como en otras ciudades europeas o a la de dedicar el espacio que hoy ocupa la antigua estación de autobuses a un futuro edificio cultural singular que se convierta en emblemático, por ejemplo.

Mientras, eso sí han apostado por multiplicar los gaztetxes para amigos, por defender el “top manta”, por huertos urbanos (una idea que compartiríamos si se hiciera con un plan y la garantía de que todo el mundo, y no solo los amiguetes, pueden acceder a ellos), han engordado por centenares el número de funcionarios, han impuesto el euskera en plazas públicas y escuelas…

Una economía moderna y libre, diversificada, facilitadora del emprendimiento y del desarrollo como fuente de empleo frente una amalgama de intervencionismo, obsesiones, complejos, limosnas y amiguismo.

No exagero. ¿Alguien recuerda alguna iniciativa de calado real y positivo para la ciudad en estos casi tres años de legislatura que no sea consecuencia de proyectos heredados? Los cambios de nombres de plazas y parques no cuentan.  ¿Qué queda? ¿La letrina que instalaron como solución al asentamiento de Santa María la Real?

La chapucera amabilización de hormigón, pintura y bolardos que ha impermeabilizado el Casco y el proyecto de Pío XII son sus proyectos estrella y ambos cuentan con una radical oposición ciudadana, que sin embargo se la trae al pairo.

Nada nuevo, nada realmente ambicioso. Ni un gramo de ilusión. Sólo, la condena al pesimismo, a mirar permanentemente al pasado más rancio y a conformarnos con ser una ciudad de provincias más, sin ninguna ambición de futuro mientras el resto avanzan, miran a Europa y atraen nuevas inversiones que generan empleo, desarrollo, cultura y, por tanto, más y mejores servicios.

Su modelo de ciudad es un proyecto de (no) futuro.

Eso sí, los impuestos nos los siguen subiendo. Que los gaztetxes salen muy caros, oiga. 


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Modelo de (no) futuro para Pamplona