Opinión / Construcciones y derribos

¿El mundo está loco?

Por Fermín Alonso 07 junio, 2018 - 9:38

Primero fue Trump. Luego, el ‘Brexit’, la segunda vuelta alcanzada por Marine Le Pen, el Gobierno ultraderechista de Kurz en Austria… y ahora el pacto entre el populismo de extrema izquierda del ‘Movimiento Cinco Estrellas’ y la xenófoba, derechista y nacionalista Liga Norte.

La parlamentaria Laura Pérez,  junto con Carlos Couso y Rubén Velasco, en el Parlamento de Navarra. IÑIGO ALZUGARAY
La parlamentaria Laura Pérez, junto con Carlos Couso y Rubén Velasco, en el Parlamento de Navarra. IÑIGO ALZUGARAY

¿El mundo se vuelve loco o es la consecuencia lógica de la desesperación sembrada durante la crisis?

En España, el cóctel también es de vértigo y tiene muchas posibilidades de dejar resaca. Un gobierno socialista en terrible minoría, nacido del apoyo de separatistas, populistas y conservadores nacionalistas.

Hay que reconocer, eso sí, a Sánchez un dominio de la escena pública envidiable, demostrado con una sorprendente e interesante elección y comunicación de los ministros, filtrados de uno en uno de tal manera que cada uno de ellos (y su currículum) ha tenido minutos y horas de protagonismo en informativos y tertulias.

Mientras, el PP que hace apenas 15 días se las prometía muy felices después de haber pactado los presupuestos con el PNV,  ha visto como el “leal” Partido Nacionalista Vasco le asestaba una puñalada que ríete tú de ‘Psicosis’.

Y es que el PNV siempre ha sido leal al PNV. Y punto.

Andan ahora los populares como un barco que, de pronto, se queda sin velas en mitad del océano. Y todavía le quedan por recibir varios cañonazos en forma de sentencias por corrupción en los próximos meses.

Mientras deciden qué hacer, amenazan al PNV con enmendar las cuentas (las suyas) después de su traición. Y luego, vuelta al Congreso. Y allí, salvarán las cuentas del PP los mismos que las querían tumbar hace menos de un mes, mientras quienes las presentaron defenderán su modificación.

Normal que la gente esté hasta los mismísimos. Lo lógico a nivel nacional hubiera sido dar la oportunidad a los ciudadanos de reorganizar el Congreso urnas mediante, antes que cualquier pacto antinatura y revanchista.

Sin embargo, Sánchez dijo que él no volvía a recorrer España en el Peugeot y que más vale pájaro en mano que ciento volando, aunque sea con Puigdemont, Bildu, ERC, Podemos y compañía como compañeros de excursión.

En Navarra la cosa no está más tranquila. Podemos en fase caníbal y autodestructiva, poniendo de los nervios a sus socios de un Gobierno formado por la marca blanca del conservador PNV, los supremacistas herederos de Batasuna y el populismo de IE y del partido morado.

Vaya, que lo de Italia tampoco es tan raro. Así nos va, claro.

Pese a la mejoría de las economías occidentales, la crisis ha dejado como efecto secundario un descrédito absoluto hacia la clase política y una polarización absurda y peligrosa azuzada por populismos de uno y otro signo. Es un cambio social, además de político; no se trata solo de una cruzada contra los viejos partidos, sino de un temblor bajo los cimientos de nuestras sociedades.

Con este ambiente, nadie cree en nadie, ni a nadie, y la crítica y el insulto centran los discursos que deberían tratar de empleo, de familias, de clase media, educación, Medio Ambiente universidad o innovación.

Es el reino del ‘zasca’, del titular llamativo, los clicks y los tuits. Hace ya tiempo que la “información” deportiva adoptó el formato y las formas de ‘Tómbola’ y ‘La Noria’. Ahora, hemos convertido la política en ‘El Chiringuito’ y ahí los verdaderos jugones son los populistas.

Lo peor de todo no es que nadie sepa la solución, sino que unos y otros han optado por dejar de buscarla y bucear en el lodo.

El camino de la regeneración, de la recuperación de la credibilidad y la esperanza por un futuro más próspero y justo es arduo, no garantiza resultados en cuatro años y ni siquiera el éxito a largo plazo. Sin embargo, es la única ruta posible si queremos darle la vuelta al cinismo y al odio que han infectado nuestras sociedades.


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