Opinión / Construcciones y derribos

Carta abierta a centralistas y nacionalistas vascos

Por Fermín Alonso 08 Febrero, 2018 - 9:18

Queridos Albert, Susana, Cristina…

Susana Díaz, Albert Rivera y Cristina Cifuentes.
Susana Díaz, Albert Rivera y Cristina Cifuentes.

Sinceramente no os entiendo. Os estimo, me parecéis personas razonablemente responsables, preparadas y con buenas ideas para renovar la política española, que necesita urgentemente de vuestra generación. Por eso, vuestras críticas al Convenio Económico y por tanto al Régimen Foral de Navarra me resultan demasiado pueriles y populistas en vuestra boca.

Reconozco que es fácil ganarse adeptos criticando a un enemigo relativamente exterior y más si uno lo hace aprovechándose de un pecado tan español como la envidia.

Entiendo que no es difícil hacer calar un discurso sencillo (y tramposo) que se resume en algo así como que “nos va mal porque aportamos demasiado y a esos les va bien porque son unos privilegiados y unos insolidarios”. En esta España nuestra, tan cainita ella, el odio al que prospera es un caldo de cultivo estupendo para este tipo de mensajes.

Pero en una nación que necesita urgentemente fortalecer los lazos entre sus regiones y actualizar la forma en que se relacionan entre ellas y el Estado, la demagogia y la tentación de alimentar rencores artificiales entre españoles no es precisamente la opción más responsable.

Además, tampoco es coherente.

No se puede ir de heredero y defensor de la historia de nuestra nación y hacer una enmienda a la totalidad a siglos de pacto entre Navarra y España. Porque, es cierto, los Fueros datan, al menos institucionalmente del siglo XIII, aunque su origen puede remontarse incluso hasta el siglo IX. Sin embargo, la singularidad legislativa de Navarra fue respetada tras la anexión en 1515 y se ha mantenido de una u otra manera a través de la historia de nuestro país superando guerras, repúblicas, dictaduras y monarquías más o menos centralistas. Resulta incluso prepotente pretender dinamitar ahora la fórmula en la que se han basado 500 años de relación. Eso por no hablar de la activa participación del Reino de Navarra en el germen de lo que luego sería España.

Tampoco puede ir uno de heredero del espíritu de consenso del 78 y no entender algo que los padres de la Constitución comprendieron perfectamente: España no es monolítica y reconocer y valorar nuestras diferencias y nuestros distintos orígenes históricos no nos hace más débiles, sino que nos enriquece. El consenso no puede ser sólo entre partidos, sino también entre regiones y, sobre todo, entre españoles.

Denominarse a uno mismo “constitucionalista” y entender la Carta Magna como una especie de self service en el que eliges unos platos y dejas otros; defendiendo unos artículos y a la vez obviando otros, como la Disposición Adicional Primera, que reconoce los derechos históricos de nuestra comunidad (nunca derogados, al contrario que los de las diputaciones vascas) es, como poco, aprovechado.

Pero es que, incoherencias al margen, el discurso tampoco es cierto. En primer lugar porque los privilegios son algo otorgado y, en cambio, a Navarra nunca le han regalado nada. Muy al contrario, nuestro régimen foral deviene directamente de un pacto entre los navarros y sus reyes y también entre reinos, después de 1512. Javier Gómara, expresidente del parlamento de Navarra y uno de los fundadores de UPN, suele decir que “ser navarro es una de las formas más bellas de ser español”. Es la nuestra, consolidada ya después de siglos: ni más, ni mejores que el resto, pero tampoco menos. Singulares.

Pero más allá de esta diferencia, gestionar nuestros impuestos y plasmar luego nuestra solidaridad vía convenio no es en sí mismo una ventaja, si no eres capaz de hacerlo con rigor y con responsabilidad. Si lo haces bien, es evidentemente positivo; si no, te hundes sin remedio. Cataluña, por ejemplo, rechazó en la Transición un sistema similar. Le parecía mal negocio.

En Navarra se ha hecho bien durante décadas, convirtiendo una región rural en una comunidad pionera en lo económico, pero también en lo social.

Por poner un ejemplo, puedes utilizar tu autonomía fiscal para bajar los impuestos y favorecer el impulso económico, como tradicionalmente se había hecho hasta ahora, o puedes usarla para subirlos y convertir a los navarros en los más castigados de España, como hace Barkos ahora.

A otros, en cambio, les puede parecer un privilegio recibir 28.103 millones de euros del Estado como ha ingresado Andalucía durante los peores años de la crisis, y no el tener que sacarse una misma las castañas del fuego, como ha tenido que hacer Navarra.

Además, con este sistema nuestra tierra siempre ha aportado más que lo que su población representa. Es decir, no sólo no somos unos privilegiados, sino que además somos solidarios.

Más allá de estas razones objetivas, este tipo de discursos sólo sirven para alimentar las posiciones nacionalistas vascas en Navarra y la CAV, que los manosean para engordar su discurso antiespañol e independentista disfrazándose de defensores del Fuero. Nadie les cree, evidentemente (todos recordamos el batacazo electoral de Barkos cuando hizo de la Estatua de los Fueros su cartel electoral), pero eso no hace que se corten un pelo.

Nadie puede sostener que defiende el autogobierno navarro para, a la vez, trabajar por convertirnos en una triste provincia más de su querida euskalherria.

Nadie puede hablar de Fuero y a la vez equiparar el Convenio navarro (pactado) con el Concierto (otorgado), ocultando que es un insulto a siglos de historia.

Nadie se va a creer que defienden la historia de Navarra quienes pretenden diluirnos en un ente político que jamás existió. Al fin y al cabo, nadie que obedece a pies juntillas las directrices de Bilbao o Vitoria puede pretender envolverse en la bandera de Navarra y que alguien se lo trague.

Sin embargo, vuestros populistas discursos facilitan que dibujen a España como Estado centralista, cuando es precisamente lo contrario, y que insistan en su relato de odio y enfrentamiento.

Por eso , y desde la humildad, creo que es mejor que trabajéis en positivo para mejorar la financiación del resto de comunidades en lugar de atacar el Régimen Foral. Si consideráis tan positivo nuestra autonomía, aplicadla en todas las regiones de España. Eso sí, no vengáis luego pidiendo 28.000 millones de euros.

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