Opinión /

Toca implicarse

Por Eradio Ezpeleta 02 mayo, 2017 - 9:44

Acabamos de sufrir en nuestras propias entrañas un nuevo caso de abuso sexual en las fiestas de la Chantrea, en donde ha sido agredida una menor por parte de otro menor. Ante la violencia de género, no podemos, ni debemos, estar callados. ¡Hay que parar esto!

Violencia de género. ARCHIVO
Violencia de género. ARCHIVO

¿Qué pasa en nuestra sociedad? ¿Y por la cabeza de algunos jóvenes para actuar así? ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Dónde debemos actuar? ¿Qué sociedad queremos construir? ¿Qué mitos románticos son los más arraigados y hay que normalizar? Son algunas de las preguntas que estos días he escuchado en mis entornos más cercanos al hablar de este asunto. La realidad es clara. Es un problema cercano, que nos afecta a todos. No hay rincón de España que se libre de él. No podemos mirar hacia otro lado.

El portal estadístico de la Delegación del Gobierno para la violencia de género refleja esta realidad sin ambages. En el año 2016 hubo 143535 denuncias por esta causa, que fueron presentadas por las propias víctimas, por familiares, motivadas por los atestados policiales, por terceras personas, realizadas directamente por la policía y por motivo de partes de lesiones en centros sanitarios. De ese total sólo 3920 fueron presentadas por terceras personas. Este dato me hace pensar que la sociedad no está mentalizada, motivada, formada o implicada como debiera en este gran problema de todos. ¿Y qué podemos hacer?

El amor está cargado de mitos, de ideas que no siempre son ciertas y que limitan las emociones de las personas. El amor de por sí no es una realidad natural, sino que es una construcción que engloba varias realidades, influidas además por nuestra cultura. Nuestros sentimientos están influidos por factores socio-biológico-culturales que, en ocasiones, hacen que la sociedad y la cultura que nos rodea transmitan una concepción del amor que no es real. Así se crean los mitos, que se transmiten de generación en generación, que aprendemos desde la infancia mediante cuentos, canciones, relaciones familiares, medios de comunicación, cine, etc. y que se siguen justificando y reproduciendo socialmente.

La gran mayoría de los estudios realizados detectan cómo se continúa entendiendo a la mujer frente al hombre y no como personas en igualdad. Reconocen que chicas y chicos aman de manera diferente, ellas son más emotivas y las que tiran de la relación; ellos se dejan llevar. Consideran que los celos son normales en una relación de pareja, incluso que son parte del amor, y piensan que las conductas de control y dominio son naturales en cualquier relación. Cuando se aborda de manera directa el tema de la violencia de género, consideran que se debe a factores personales y no sociales, que los agresores son “enfermos” y que las víctimas son débiles o incluso las culpabilizan de permanecer en una relación violenta.

Es preocupante como la adolescencia y juventud actual no reconocen la desigualdad y la discriminación y cómo consideran que la igualdad ya es real. No entienden las medidas referidas a la igualdad y cerca del 65% de los varones las considera discriminatoria hacia los hombres. Es necesario hacer explícitas las discriminaciones existentes.

Se debe trabajar en prevención de la violencia de género en todas las etapas educativas, pero sobre todo en la adolescencia de forma urgente, ya que es la etapa en la que se producen las primeras vinculaciones amorosas, las primeras relaciones de pareja, y en ocasiones ya establecen relaciones donde se produce violencia de género.

Se deben complementar los programas de educación sexual incidiendo en los valores humanos y en aspectos emocionales ligados a la sexualidad y no sólo hay que centrarlos en aspectos biológicos, anatómicos, procesos de reproducción, prevención de embarazos, etc., es decir genitalidad.

A nivel institucional se deben realizar políticas de género, en especial con los varones, con programas específicos que aborden tanto la coeducación, convivencia, prevención de la violencia de género, como la resolución de conflictos, vivencias emocionales, para que puedan plantearse otras formas más saludables de bienestar personal y social.

En 2015, murieron asesinadas 60 mujeres por violencia de género. En 2016, 44 y en lo que llevamos de 2017 ya son 21… ¡toca implicarse! ¿no lo crees?


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