Opinión /

#2J, #3J y +

Por Eradio Ezpeleta 02 Junio, 2018 - 9:33

“Dicen que dijo el juglar, pueblo que canta no muere. Y si es verdad lo que dijo, Navarra no morirá”

Manifestación en defensa de la bandera de Navarra celebrada en junio de 2017 en Pamplona. PABLO LASAOSA
Manifestación en defensa de la bandera de Navarra celebrada en junio de 2017 en Pamplona. PABLO LASAOSA

Esta jota navarra escrita hace casi 40 años por el sacerdote Enrique Arellano cuando pastoreaba a sus fieles en Larraga, es una gran verdad ante las circunstancias que estamos padeciendo, perdón, viviendo. Porque, es cierto que, pueblo que canta no muere, pueblo que calla, se muere.

Hoy sábado día 2 de junio, #2J, los ciudadanos navarros estamos convocados a manifestarnos por el futuro de todos, en igualdad, porque algunos pocos, los que mandan, se han empeñado en diferenciarnos y separarnos por nuestra diversidad lingüística: por quién sabe euskera y por quién sólo el castellano, porque el castellano lo sabemos todos. Y como no estoy por esa labor, uniré mi voz en la puerta del Parlamento, y cantaré, con todo un pueblo, que Navarra sigue viva y no se deja pisar.

Me da pena y tristeza tener que manifestarme para pedir igualdad, pero, no me queda otra, no nos queda otra, visto el devenir que nos deparan las decisiones políticas del actual Gobierno de Navarra. Porque no son decisiones lingüísticas, ni educativas, ni culturales, porque si así lo fueran, éstas serían integradoras, formativas y enriquecedoras, y hubieran sido tomadas desde el respeto y aceptación de la pluralidad, la realidad y, sobre todo, desde el sentimiento de todo un pueblo.

Nadie queremos enfrentarnos por una lengua, no lo necesitamos, no lo creemos. Particularmente me encanta escuchar a mis amigos de Leitza, de Beintza-Labayen, de Baztán, de Ultzama cómo hablan en vasco, y me encanta su empeño en enseñarme las palabras básicas con las que poder saludarles y hacerles, por qué no, más agradable mi visita: Egun on, arratsalde on, gabon, eskerrik asko, mil esker, gero arte, mesedez, kaixo, agur, berdin o las tan sencillas bai o ez.

No sólo no me importa, sino que me encanta poder hacerlo. Porque cuando lo hago noto cercanía, cariño, acogimiento, noto personas que no se consideran más, ni menos, porque su lengua materna sea el vasco y que no me consideran a mí, más, ni menos, porque la mía sea el castellano. Esa es la diferencia entre querer a una lengua o politizar una lengua.

Y el #3J, el domingo 3 de junio, igualmente me voy a manifestar. Todos estamos convocados a dar testimonio y defender nuestras creencias y nuestros principios. Sí, es el Corpus Christi y voy a participar en la procesión. Voy a hacerle caso al juglar y no me voy a callar, porque también nos quieren etiquetar entre buenos y malos, creyentes y no creyentes, cristianos y ateos… y, obviamente, los peor parados somos siempre los mismos.

Quitar horas de clase de religión y todo símbolo cristiano de las escuelas, suprimir a la Pamplonesa en la procesión del Corpus, vestirse de Spiderman en la procesión de San Fermín, quitar cualquier celebración religiosa de los actos oficiales, no recibir al Ángel de Aralar, cuestionar la misa de la televisión, mofas y blasfemias en muchos actos de Carnaval, insultos a los sacerdotes y obispos, no acudir a la misa de San Fermín… y cuanto silencio, un pueblo muerto que no canta.

Ya está bien, no podemos estar impasibles, tenemos que cantar, tenemos que salir a la calle, tenemos que reventar las cifras de participación, nos tienen que ver, nos tienen que oír, tienen que sentir nuestros propios sentimientos, tenemos que llamar la atención con nuestra oración, con nuestros cantos al Amor de los amores, tenemos en definitiva que dar testimonio y salir a la calle a decir ¡aquí estamos!

Y no podemos quedarnos en el #2J y en el #3J, cumplir con nuestras conciencias y decirnos a nosotros mismos, qué bien lo hemos hecho, cuánta gente estábamos. Hay que cantar más, hay que ser juglares todos los días, tenemos que sentirnos vivos y hacernos notar. Tenemos que escribir públicamente y participar en tertulias, implicarnos en el tejido asociativo de nuestros pueblos y ciudades, en la comunidad de vecinos, en las apymas, en el fútbol, en el teatro, en la parroquia, en los partidos políticos, en las cooperativas agrarias y en los clubes de jubilados… porque somos más y sabemos lo que queremos para el futuro, ese futuro que tenemos que dejar a nuestros hijos, sobrinos o nietos.

La identidad de un pueblo la hacemos las personas. La identidad de cada persona es la suma de todos y cada uno de los valores y principios que le hacen ser como es.

Dicen que dijo el juglar…


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