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¡Hay que mojarse!

Por Eradio Ezpeleta 26 octubre, 2018 - 10:29

“El acoso escolar está de moda” se escucha en más de una ocasión cuando se habla de ello con otras personas, y esto significa que nos encontramos ante una realidad, una preocupación.

Imagen de archivo de acoso escolar. EP
Imagen de archivo de acoso escolar. EP

El acoso escolar está de moda” es una frase que se escucha en más de una ocasión cuando se habla de ello con otras personas, y esto significa que nos encontramos ante una realidad, una preocupación e incluso un no saber qué hacer con ello.

Cada vez son más las noticias que nos informan sobre casos de acoso escolar o bullying, y que, una tras otra, provocan en cada uno de nosotros una reacción de rechazo, hastío e indignación.

Cuántas veces nos hemos preguntado por qué suceden estas cosas, cómo es posible que la sociedad no sea capaz de acabar con ello, qué pasa en los centros escolares, en los grupos de amigos, cuáles son los motivos de niños y adolescentes para acosar a su igual, o qué hacemos para evitarlo.

Sabemos que la sociedad en general está sensibilizada contra el bullying, contra el sufrimiento de los más débiles, de quienes no son capaces de superar el miedo y la desesperación.

Las administraciones e instituciones públicas y privadas, los centros escolares, las Asociaciones de padres y madres, los alumnos, los profesores, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado e incluso asociaciones sin ánimo de lucro están empeñadas en erradicar esta lacra, en terminar con el acoso escolar.

Todos ellos trabajan para este mismo objetivo desde diferentes ámbitos y con diversidad de herramientas de apoyo y medios humanos y materiales con el fin de implementar programas preventivos que eduquen en el respeto al prójimo y logren evitar situaciones denigrantes.

Todas ellas loables y respetables. Pero ¿y yo qué hago? ¿tú qué haces? En marcha ya el nuevo curso escolar, es un momento oportuno para decidir qué vamos a hacer cada uno de nosotros y cuál va a ser nuestra aportación, nuestro granito de arena, para sumar esfuerzos contra esta lacra.

En el acoso escolar existe la figura del acosador, la de la víctima y también la del espectador, la de aquel que pasa por ahí, que ve y oye cosas, pero que, como no va con él, no quiere meterse en líos y hace como que no ve ni oye.

Ahí estamos todos, no debemos ser meros espectadores sino abrir bien lo ojos y los oídos y colaborar, contar lo que vemos y oímos, por muy insignificante que sea el dato, o la sospecha.

La verdad es que no contamos con muchos datos para saber la realidad del acoso en nuestro país o en nuestra Comunidad Foral. Save the children ha estudiado la incidencia y las situaciones más frecuentes de casos de bullying en España que ha compartido en su informe de febrero de 2016.

En el mismo se indica que un 9,3% de los alumnos de los centros escolares de España han sufrido en alguna ocasión acoso escolar de forma continuada y que son las niñas las que lo sufren en mayor número de casos, un 10,6% frente a un 8% en niños.

En el caso de Navarra, este porcentaje se sitúa en el 6%, siendo por ello la Comunidad con el menor porcentaje de todas. Con estos datos, somos los mejores en este maldito ranking. En 2017 vivían en Navarra 33.940 personas de edades comprendidas entre los 10 y los 14 años, y eso significa que 2.036 de estas personas, el 6%, han podido sufrir acoso escolar en nuestros colegios.

Sí, sí, en los nuestros, en los de nuestros pueblos y ciudades, en los de Pamplona, Elizondo, Estella, Tafalla, Tudela, Castejón, Sangüesa, Noain...

Que en un colegio de 1200 alumnos (que existen) puede haber 72 que sufren acoso escolar y que, en uno de 100, pueden ser 6 alumnos acosados. Esta es la realidad de los datos que no podemos esconder.

No es bueno meter la cabeza bajo tierra, como el avestruz, y no afrontar la situación con empeño e implicación. Tenemos que preocuparnos y ocuparnos por lo que
está pasando.

¿Y cómo lo podemos hacer? En primer lugar, dando ejemplo y educando en valores como el respeto, la honestidad, la paz, la equidad, la tolerancia, la responsabilidad, la justicia, la libertad, la lealtad o el amor.

Esta educación no es para que se dé en los colegios, somos cada uno de nosotros los que debemos ponernos al frente. No vale delegar en los demás, en los profesores, y culparles cuando algo no sale como uno quiere.

La familia es el eje vertebrador de todo ello, queramos o no. En segundo lugar, trabajando la educación emocional de nuestros niños y jóvenes. Tenemos que enseñar a identificar las emociones, propias y ajenas, para poder empatizar con ellas y mejorar nuestras relaciones interpersonales.

Por último, implicándonos de lleno ante el acoso y siendo verdaderos observadores activos, con el objetivo de prevenir. No tiene que pasarnos a nosotros algo, para implicarnos. Podemos preguntar a nuestros hijos si les pasa algo, si han visto que les pasa a otros, qué y en qué lugares y cuándo.

Podemos observar, y no pasar de largo, el patio y los aledaños del cole cuando vamos a llevar o recoger a nuestros hijos y ver si alguno está siempre solo, si hay empujones continuados, si el típico chulito de clase se encara con alguien, o se escucha de alguien algún mote despectivo.

En casa si alguno de nuestros hijos llega con la ropa o material escolar estropeado, si se vuelve repentinamente solitario, no trae amigos a jugar a casa como antes, no es invitado a fiestas de cumpleaños, si está triste o se vuelve callado… tenemos que observar y actuar.

Si dudamos de algo, traslademos al centro escolar nuestras dudas y allí ya sabrán cómo indagar más y actuar en consecuencia. Que no quede la duda por nuestra parte.

Es el momento de dar un paso al frente e implicarnos decididamente ante esta realidad que a veces se vuelve ingrata. Cualquiera puede ser acosador o víctima en un momento determinado, pero todos somos observadores. No nos quedemos impasibles. La causa lo merece.

¿Te mojas conmigo? ¡Ojalá!


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