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Opinión / Eduardo Ortiz es profesor y responsable del grupo de Bienestar Social de Ciudadanos Navarra.

¿Chabolas en nuestra Pamplona del siglo XXI?

Por Eduardo Ortiz 09 mayo, 2016 - 9:00

Desde hace ya unos meses, varias familias rumanas malviven en un terreno anexo a las piscinas del Tenis y en el límite de los barrios de Santa María La Real y Lezkairu.

Los que hemos estado allí, con ellos, sabemos bien que sus condiciones de vida no son dignas de ningún ser humano. Sin agua corriente, luz, calefacción y en medio del barro, estas personas han pasado allí parte del invierno.

Hizo falta que algunos medios de comunicación locales se hicieran eco de este asunto para que, ciudadanos y dirigentes, empezáramos a cuestionarnos sobre este problema.

No así los vecinos de la zona que ya llevaban tiempo denunciando esta situación, junto a la preocupación mostrada por los responsables del Club de Tenis.

Por el desconocimiento y olvido, “menos suerte” ha corrido, por ejemplo, la familia que vive, desde hace ya demasiado tiempo, en una caravana abandonada, en el límite de Pamplona con Cizur.

Nuestra sociedad corre el riesgo de prestar atención a realidades “noticiables” y abandonar, por desconocimiento, otras similares.

Siendo el chabolismo un fenómeno de enorme complejidad y sabiendo que hay que tener en cuenta múltiples factores y que su solución no es fácil, si podemos extraer, de todo este tiempo, algunas conclusiones, para poder mejorar en el futuro.

En primer lugar, nuestros dirigentes municipales no tendrían que permitir este tipo de asentamientos. Tenemos recursos e infraestructuras suficientes para buscar alternativas más humanas y dignas.

Por otra parte, estos mismos responsables,  tienen el deber de dar a este problema una respuesta inmediata, desde el primer momento de su detección. De esta forma, se evita que este tipo de realidades se alarguen en el tiempo y se acaben enquistando.

Como vecinos, tenemos pues, el derecho a exigir una observación constante de este fenómeno y una respuesta, en el primer minuto.

Sin duda, la limpieza del solar era una actuación necesaria, tanto para estas personas, como para todo el vecindario de la zona. Ésta ha sido pues, positiva.

Sin embargo, ahora, aunque tarde, hay que afrontar la situación que tenemos delante. Coincido con vecinos y Club de Tenis en que no es deseable que estas personas permanezcan allí; por todos pero, sobre todo, por ellos mismos.

Y parece claro que la solución pasa por un plan de atención global que afronte los diferentes ámbitos de acción necesarios. En primer lugar y la medida más relevante: estas personas necesitan un hogar. Nuestro Ayuntamiento dispone de viviendas para ello. Lógicamente, no se trata de regalar una casa sino de permitir un techo, durante un tiempo limitado, para que, junto a otro tipo de ayudas y acciones, estas personas vayan, poco a poco, saliendo de la situación en que se encuentran.

Si hablas con ellos, te muestran su deseo grande de “poder trabajar en lo que sea”. Así pues, tenemos que ahondar en medidas que potencien su incorporación socio-laboral.

Todo ello, tendremos que hacerlo, como no puede ser de otro modo, con su voluntad y colaboración. Entiendo que, más allá de la forma de vida y cultura de cada persona, debemos dotarnos y dedicar todos los recursos necesarios para atender a los miembros más vulnerables de nuestra sociedad. En ello, nos va mucho. De este modo, Pamplona, como ciudad moderna y solidaria, no puede ni debe permitir que, en estos tiempos, siga habiendo vecinos nuestros que vivan en condiciones tan indignas como una chabola.


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¿Chabolas en nuestra Pamplona del siglo XXI?