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Navarra: los pactos necesarios con altura de miras

Por Editorial 27 mayo, 2019 - 18:26

Navarra Suma y PSN están obligados a entenderse después de que los ciudadanos les hayan otorgado un 60% de los apoyos en Navarra. 

La Ejecutiva socialista aplaude a María Chivite tras los resultados obtenidos en las elecciones municipales y autonómicas en Navarra. ALZUGARAY
La Ejecutiva socialista aplaude a María Chivite tras los resultados obtenidos en las elecciones municipales y autonómicas en Navarra. ALZUGARAY

Las elecciones en Navarra han dejado una lectura más sencilla de lo que parece, a pesar de las dificultades propias que significarán negociar y llevar a buen puerto un gobierno entre partidos diferentes. 

La sociedad navarra ha castigado con fuerza a los partidos y políticas nacionalistas, pero en especial lo ha hecho con los partidos de izquierdas y populistas que se arrodillaron ante los abertzales para facilitar así que se impusiera la agenda nacionalista en la Comunidad foral durante los pasados 4 años. 

El ejemplo de Pamplona, donde desaparecen de un plumazo Aranzadi, IE y Podemos, representa con especial relevancia hasta qué punto los ciudadanos se han hartado de una política superficial y llena de desprecios a los propios vecinos de Pamplona. Armando Cuenca y Edurne Eguino personifican esa subordinación absoluta con el nacionalismo que les ha castigado ahora sin presencia municipal. 

De igual manera Podemos en Navarra se ha convertido en una fuerza residual tras una legislatura de bochorno y espectáculo, protagonizada por Laura Pérez y Ainhoa Aznárez, que llegaron a pensar que los ciudadanos eran medio tontos y podían hacer del Parlamento foral su propio gaztetxe personal.

Aznárez, la presidenta abertzale y radical, se ha asegurado un puesto en la Cámara al colocarse como nº 2 en la lista. Pero hasta ahí han llegado y su camino final será la desaparición total al carecer de principios, programa y dignidad política. 

Reunión de la Ejecutiva de UPN después de las elecciones forales y municipales celebradas el domingo en Navarra. ALZUGARAY

El recuento de las urnas aún pendientes y del voto extranjero puede certificar también la más que justa desaparición de Izquierda-Ezkerra del Parlamento foral, un partido que ha ejercido de mamporreno de Uxue Barkos y Bildu, sin interés alguno por los asuntos sociales de Navarra y con un claro desprecio a sus propios votantes. 

José Miguel Nuin, el político que saltó del barco antes de terminar de hundirlo por completo tras 20 años en el Parlamento, representó esa imagen del político vividor más preocupado por el chiquiteo diario con la cuadrilla por los bares de la parte vieja de Pamplona que por los verdaderos problemas de los ciudadanos.

Votaron a favor de imponer la ikurriña, extender el euskera, machacar a impuestos a la clase media y avalar el despropósito de las políticas reaccionarias del PNV y Bildu y ahora se preguntarán qué pudieron hacer mal para ser repudiados por los votantes

Los nacionalistas han mantenido sus apoyos en el Parlamento y confirman que tocaron su techo, pero pierden gran parte del poder municipal que consiguieron gracias a los acuerdos con todas aquellas fuerzas de izquierdas que confundieron cambio y progresismo con imposición y nacionalismo. 

Por eso, los resultados le mandan un claro mensaje al Partido Socialista. Los ciudadanos no quieren más políticas de enfrentamiento, sectarias e identitarias en Navarra y menos, aliados con aquellos que anhelan y sueñan con la desaparición de la Comunidad foral, como es el PNV de Uxue Barkos y el Podemos de Mikel Buil. 

Los ciudadanos han votado por un gobierno constitucionalista, serio, integrador, que se preocupe por mantener la mejor sanidad, por impulsar las infraestructuras, por conseguir una sociedad justa y caminar hacia un futuro donde Navarra vuelva a ser la envidia del resto de España en todos los indicadores, después de cuatro años negros que pasarán a la historia como una auténtica pesadilla de esta tierra milenaria. 

Navarra Suma ha sido la fuerza más votada y recupera decenas de alcaldías, con Pamplona y Tudela con gran autoridad, reflejo del hastío que en sólo 4 años los populistas y los nacionalistas han causado entre los votantes.

Javier Esparza acertó en su estrategia con Ciudadanos y PP y la suma ha sido fructífera para aglutinar el voto y, sobre todo, para volver a ilusionar a aquellos que retiraron su apoyo hace 4 años, presos de la decepción por errores que ya no deben volver a repetirse. 

Enrique Maya volverá a la alcaldía de Pamplona con una casi mayoría absoluta y un refrendo en las urnas que devolverán la seriedad, la calma y la serenidad a un consistorio dominado por la chabacanería y el autoritarismo de los últimos cuatros. 

El PSN ha dado otro golpe sobre la mesa después de sus magníficos resultados en las generales en Navarra y ha recuperado el espacio perdido en la Cámara foral en las últimas legislaturas.

Especial éxito merecen los 5 concejales conseguidos en Pamplona, donde Maite Esporrín y su equipo han efectuado una oposición ejemplar a las tropelías de Asirón y sus socios. Haría muy bien Maya en invitar cuanto antes a Esporrín a formar parte de su equipo de gobierno con alguna concejalía de relevancia. Se lo ha ganado y merecido con creces. 

Reunión de la Ejecutiva del PSN después de las elecciones forales y municipales celebradas el domingo en Navarra. ALZUGARAY

María Chivite jugará ahora sus cartas y es perfectamente legítimo que aspire a gobernar y a liderar las políticas que considere mejores. Pero también debe ser consciente de que los socios con los que podría contar son todos aquellos que han despreciado el compromiso histórico con Navarra que los gobiernos socialistas tuvieron anteriormente en la Comunidad foral. 

Desde Podemos, Geroa Bai y Bildu les han insultado, vilipendiando, menospreciado y calificado como régimen corrupto de manera continua y habitual. La cacería permanente de los radicales y los populistas contra los socialistas ha sido una constante en la última década en Navarra hasta límites insoportables. 

Los 23 parlamentarios de PSN, Geroa, Podemos e IE (si se mantiene) resultan insuficientes para un gobierno sólido. Y lo que es peor, para llegar a la presidencia María Chivite debería contar con el beneplácito de Bildu en forma de abstención.

Ni ética ni moralmente debe el PSN primar su llegada al poder si debe ser avalado por lo peor de nuestra sociedad, los defensores de la extorsión, el chantaje y el asesinato como forma de acción política.

Los socialistas y los demócratas han sufrido y soportado demasiado en los últimos años como para blanquear ahora a Bildu y aceptar su apoyo, que sería necesario de forma permanente para poder gobernar durante toda la legislatura. 

María Chivite debe sentarse y negociar con Javier Esparza, mantener sus promesas electorales que entienda que son irrenunciables y exigir los puestos en los que considere que las políticas del PSN pueden desarrollarse de la mejor manera en un gobierno con el 60% de los apoyos ciudadanos.

Sin complejos, los socialistas deben demostrar que sus políticas merecen la pena en Navarra y la mejor forma de llevarlas a cabo es a través de una alianza estable y sensata. 

A Javier Esparza le toca ser generoso y comprender que sus 19 parlamentarios tampoco son suficientes para gobernar y que un posible acuerdo con el PSN exige respeto y el máximo reconocimiento a un partido clave durante años en Navarra. 

Les toca a ambos partidos trasladar al Gobierno foral y a los ayuntamientos el mandato de los ciudadanos, que piden a gritos un acuerdo entre constitucionalistas que devuelva a Navarra al camino marcado desde principios de los 80 hasta nuestra época.


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