Opinión / La vida misma

Libertad de expresión de Pablo Hasel y Valtonyc

Por César Martinicorena 11 marzo, 2018 - 9:32

 Las redes me avisan de que las sentencias condenatorias contra Valtonyc y Pablo Hasel, raperos de talla, son una desenfrenada agresión a la libertad de expresión de los susodichos, una consecuencia lógica de la Ley Mordaza y un síntoma más de la deriva autoritaria del Estado.

Los raperos Valtonyc, Pablo Hasel y Elgio, en un acto conjunto en Barcelona.
Los raperos Valtonyc, Pablo Hasel y Elgio, en un acto conjunto en Barcelona.

Los acusados van a la cárcel por enaltecimiento del terrorismo, injurias al rey y amenazas.

Como soy algo quisquilloso me ha dado por leer algo de las sentencias. Entiendo que se alegue la defensa de tal derecho aunque creo que el castigo discurre por otros predios que poco o nada tienen que ver con la libertad de expresión. Y me explico. A la vez que las dos sentencias citadas,  una tercera de igual o similar calado se ha producido en el Tribunal Supremo. Un jovencito bastante hijo de Barrabás ha sido condenado a dos años y medio de maco por tuitear una serie de mensajes bastante explícitos.

 Cito:

 - "53 mujeres asesinadas por violencia de género machista en lo que va de año, pocas me parecen con la de putas que hay sueltas".

 -"A mí me gusta follar contra la encimera y los fogones, porque pongo a la mujer en su sitio por parte doble".

...y otros de similar calado.

Y me pregunto. ¿Cómo es posible que en los casos de los talentosos raperos las redes y los medios ardan y se caguen en los muertos del sistema judicial español y en el del subnormal machirulo callen y pasen de tapadillo por una sentencia basada en la mismas premisas que condenaron a los inigualables artistas? Se me vienen a la cabeza algunas explicaciones.

Pienso que las condenas son juzgadas por nosotros, el público, dependiendo en demasía de víctima, victimario y mensaje. Creo que las críticas a las condenas viene condicionadas por las afinidades o discrepancias ideológicas y las filias y fobias para con quienes cometen los presuntos delitos y los destinatarios de las ofensas.

Se me antoja imposible, por contradictorio, que una persona que crea que las penas a los Sinatras hispanos son un atentado contra la libertad de expresión no tengan exactamente la misma impresión del hijo de puta que escribe que cincuenta y tres mujeres muertas son pocas debido a la cantidad de putas que hay. ¿Sí? Porque no sé qué delito es más grave, si el enaltecimiento del terrorismo, las amenazas personales, las injurias al monarca...o publicar mensajes machistas en tuíter. Lo que sí sé es que todos están tipificados en el código legal español y que las sentencias, las tres, son bastante más justas que injustas. Esa es mi impresión.

También sé que los creadores de la rima reivindicativa están pagando los platos rotos de un Estado o un poder judicial que no se ha atrevido a meter mano con anterioridad a un sinfín de delitos cometidos por gentes de muchísimo mayor poder y peso mediático. ¡Y eso escuece!

Insisto en mi premisa. No veo lógico eximir de responsabilidad a los Mercury y Bennet peninsulares alegando el derecho...¡finito!..a la libertad de expresión y condenar al mierda veinteañero que veja a toda mujer en la red negándole el mismo derecho que previamente se dice defender.

Quizá, al fin y al cabo, mucha gente lo que siente es una afinidad remarcable sobre el mensaje emitido y juzgado por los Eminem iberos y un desprecio más que entendible por el mierda bocarrana que dice que cincuenta y tres mujeres muertas son pocas.

La ley no hace ni debe hacer esa diferenciación. Son delincuentes declarados culpables...y a la cárcel.   Si usted no está de acuerdo me está diciendo que el tercero en cuestión ejercía su derecho a la libertad de expresión al soltar una retahíla de burradas que lo han llevado al trullo. Que se joda, por mierda y por despojo humano.


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