Opinión / La vida misma

Uranga, una vida de película

Por César Martinicorena 26 junio, 2016 - 13:05

Todo protagonista cinematográfico que se precie debe morir varias veces. Uno no puede pretender que cualquier Goldfinger coja un catarro y la palme de insuficiencia cardiaca. Tampoco un tirito basta. Hay que apiolarlo varias veces. De no ser así, esa peli no vale un poroto. Y punto.

José Javier Uranga, exdirector de Diario de Navarra.
José Javier Uranga, exdirector de Diario de Navarra.

José Javier Uranga sangraba abundantemente por veinticinco agujeros tras ser ejecutado por la ETA. Los primeros en socorrerlo escucharon como decía “me han matado, me han matado” antes de meterlo al coche que lo llevaría al hospital donde no moriría. No recuerdo el atentado ya que se perpetró en 1981 y yo contaba diez añitos. Al que sí recuerdo es a mi padre quien, cuando a los pocos días escuchó el parte que decía “fuera de peligro” gritó algo insospechado en él. Soltó un “¡olé tus cojones!” como la copa de un pino. Y eso que mi padre no decía tacos: bueno, no muchos.

El protagonista había sobrevivido. Uranga se vistió por un segundo milagroso del Smith de Matrix- que pesadico el mejete de Smith- y, un año después abandonaba el hospital para volver a escribir en su Diario de Navarra de costumbrismo, con humor; con pasión, de política. Más de 2.500 artículos bajo su firma periodística, Ollarra, Desd´el Gallo de San Cernin.

¡Qué supermalo perdió el celuloide! Lástima que tantos jóvenes hoy desconozcan la historia de este referente. Qué pena. En cualquier otro país varias películas habrían contado su historia. En cualquier otro país cualquier libro de texto narraría las pericias de este superviviente. Las de alguien que jamás usó su experiencia para hacer proselitismo de su persona o ideario.

Tras su muerte este sábado, con 90 años, deberíamos pedir un homenaje institucional. Los grandes lo merecen y los personajes ejemplares no abundan. Un luto por la marcha de un hombre que representó el valor,la dignidad y el amor por su tierra como pocos. Pero, sospecho, los otros malotes  no pondrán demasiado empeño en ello. Ojalá me equivoque.

Uranga significa el fracaso de La Eta. Quedándose en Pamplona en aquellos primeros  ochenta con cien asesinados  a año desafió a los asesinos, dejó en pelotas a los conniventes y mostró su ruindad a los equidistantes. A los que jamas sufrieron peligro alguno pero se atrevían a dar lecciones morales al resto.

Supongo que es lo único que podemos agradecer a la banda asesina. Nos hizo reconocer a los héroes, a los nacidos de bien, a los ejemplos a seguir. A los que triunfan sobre el miedo. Y es que a nadie se le puede pedir  exponerse a tanto; pero lo hacen. Son esas personas, muchas anónimas, que cuando se miran al espejo merecen que la imagen devuelta aplauda.

Este protagonista de película deja una huella indeleble en toda persona de bien. Como la dejó mi padre en mí cuando por vez primera le oí gritar un taco. Olé tus cojones, José Javier Uranga.

Descanse en paz.


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