Opinión / La vida misma

De Sancho el Fuerte al Día de Navarra

Por César Martinicorena 29 diciembre, 2016 - 8:22

EH Bildu ha sido quien propone hacer coincidir la fiesta oficial del País Vasco con el Día de Navarra y Día del Euskera.

Uxue Barkos besa a Íñigo Urkullu junto a la ikurriña. EFE
Uxue Barkos besa a Íñigo Urkullu junto a la ikurriña. EFE

"Un paso más para desdibujar Navarra: el Gobierno vasco estudia declarar el 3 de diciembre como Día de Euskadi"

 ¿Pero qué le pasa a esta gente? Más allá del descomunal tedio y barriobajerismo que ésto supone para los navarros, no deja de impresionarme el continuo feo que, día sí día también, le hacen a sus propias gentes. Primero vino Ibarretxe buscando un rey al que añorar. Toma, hijo; una foto de Sancho el Fuerte y te vuelves a estudiar batúa para poder ser lendakari. Como el peneuve no tiene, pues se le alquila a precio simbólico. Después de tantas otras melonadas, ahora proponen esta nueva fecha para su día grande.

 ¿Por qué buscan en Navarra una historia cuando gozan, por arrobas, de la propia todas las gentes del País Vasco? En el PNV y Bildu tiene toda lógica: en Navarra encuentran la justificación jurídica e histórica de la que carece la historia que sólo ellos reclaman para el pueblo vasco. ¿De verdad alguien se cree que la historia de semejante pueblo es menor? Sólo empezando por los marinos universales que vio nacer esa tierra habría que ampliar con un nuevo tomo la Enciclopedia Espasa. Sólo con sus leyendas y mitologías les da para dejar en pololos a Tolkien y a todos los hijos putativos de los salidos dioses griego. De la gastronomía ni hablamos porque no acabamos. ¿Por qué esa indigesta manía de abjurar de sus gentes, descendientes y ascendientes, para buscar en cama ajena lo que tiene en la propia?

 Algún vasco tendrá que poner el grito en el cielo para decirles a estos bufones que nada tienen que buscar en el viejo reino; que ellos tienen su propia historia. Que nada tienen que envidiar a sus vecinos. Que la manera de la que están tratando a su tierra roza la sinvergonzonería más abyecta y  demoledora. Desnudan a sus gentes de pasado y orgullo por una utopía propia de iluminados de Baviera.

 Habrá vascos que me digan que me meta donde me llaman. Y con razón. Pero yo les contestaré, con todo respeto, que se lo apliquen a sus representantes y después le vengan con la milonga al menda. Además, la mitad de mi familia es bilbaina; así que mutis. Lo cierto es que ningún navarro ha ido en procesión a desnaturalizar y destruir la tierra de los vascos. Aquí, por contra, nos ha tocado en la tómbola la conjura de los necios. Son esas élites nacidas de los hierros de Vizcaya- qué chula la Gran Guerra, ¿Eh?- las que desean y desearon destruir su historia en pos de un pasado inexistente que enseñar en los colegios. ¿Pero de verdad algún donostiarra o bilbaino necesita que el día grande para celebrar su tierra sea el mismo que el de Navarra? ¿Acaso le es menester algún tipo de simbiosis sentimental? ¿Tan poca cosa creen que son? ¡Por supuesto que no! Pero muchos de sus cargos electos, si.¿Acaso no ven los vascos de bien que el acoso para destruir y desnaturalizar  la Navarra foral que disfrutamos hoy es exactamente el mismo que causará la destrucción de la Comunidad Autónoma Vasca? ¿Se imagina algún donostiarra que vayamos a robarles la Semana Grande? ¿Los fuegos artificiales, los tambores y el helado? ¿Que diría un bilbaino si fuésemos a sus calles a mancillar a la Virgen de Begoña o a San Mamés a insultar a su Atleti? Nada bueno ¿verdad? Pues que piensen en lo que se siente desde este predios cuando unos zánganos de tres al cuarto porfían para adueñarse, destrozándola,  de la historia y la convivencia de una comunidad, con sus vicios y virtudes, que no es la suya.

 Un ayuntamiento pro-zulos y un gobierno foral traidorzuelo desea entregar un territorio a quien menos le quiere. El de al lado, lógicamente, cobrar la pieza. Espero que los propios vascos sean quienes, algún día, les canten las cuarenta a sus próceres por prostituir la fabulosa historia de su tierra y de sus habitantes que, básicamente, se desarrolla de forma esencialmente diferente a la de sus vecinos navarros. Ni mejor ni peor; simplemente, otra.

 No se trata de negar la relación secular del norte navarro con el País Vasco. En absoluto. Se trata de respeto. Ese respeto que jamás tuvieron ni tan siquiera con su idioma.

 Y todo ésto sin mentar al reptil; el gran conseguidor de trofeos.


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