Opinión / La vida misma

Otegui en Europa

Por César Martinicorena 03 mayo, 2016 - 23:38

 De las mil y una frases, dogmas y sentencias que adornan la política y sus recovecos, no creo haber escuchado otra más falsa. Eso de que el nacionalismo se cura viajando tiene tanto de científico como que la tierra es plana.  

Del viaje de Otegui a las europas se pueden extraer muchas conclusiones, mas ninguna seria o relevante. El cobarde, amparado por el sistema que tanto odia y que tanto lo ampara, se ha ido de gira por las instituciones de la unión. Qué emotivo, oigan. No le ha ido peor en el estado opresor, donde ha encontrado nuevos conmilitones en la política y sociedad española. Nada nuevo; siempre los tuvo. 

El cobarde que no valió para asesino, el proyecto de monstruo que se quedó en Idígoras, habla de conceptos democráticos como si los hubiera practicado cuando no ha llegado más que a altavoz del verdugo o silenciador del parabellum. Según toque. Este despojo, que sale de las huelgas de hambre pasado de lorzas, perora como si tuviera algo que contar, algo que añadir, una idea que ofrecer o una injusticia que reivindicar. En veinte minutos, y si no esperen, algún imbécil nos lo presentará como intelectual.

 ¿Por qué goza de tantos apoyos? Esa pregunta, creo, es la que más duele a tanta buena gente. Buscamos la razón, el porqué, de tanta bondad y parabién con un desecho como Otegui. La respuesta la encontraremos en la ideología. Siempre la ideología. Eso y el enemigo común; España. Agiten el cóctel y todo arreglado. 

Como dijo Alberto Garzón en una sentencia que debe pasar a los anales- ojetes- del intelecto, un delincuente no puede ser de izquierdas. Estiren de ese hilo y verán como, para cierto sector ideológico, todo crimen deja de serlo según quien lo cometa. No se le ha concedido la suficiente importancia a una frase tan brutal, tan peligrosa, tan vomitiva. Su significación es merecedora de una tesis. Por qué yo puedo matar y tú no.

 ¿No vemos cómo se resta valor a la violencia "pasada" para justificar un presente limpio de polvo y paja? ¿No vemos que defender socialmente a un violador o a un evasor fiscal es tarea imposible- y me parece fetén- mientras que justificar a un terrorista, a día de hoy, es rematadamente sencillo? ¿Por qué? Por lo que hay detrás de la violencia. La ideología.

Parece que, al haber cumplido sus condena, la crítica al "gudari" no cabe. Parece de “fachas. Pagó su deuda, nos dicen. Pues no, señores. No ha pagado una mierda porque lo que hizo no tiene caducidad. Lo que perpetró no lo soluciona un juzgado. Y no hablamos solo de los muertos y las nucas. Nos referimos al equipaje ideológico. Ese es el causante último.  

La violencia, aun siendo terrible, no es más que el adjetivo de una manera de pensar y ver el mundo. Nada se solucionará si no se atacan los principios que defienden y únicamente tratamos de solucionar los actos de violencia sin relacionarlos con su procedencia. Se repetirán. Hasta que no se entienda que una parte de la izquierda sigue con el Muro levantado y que el nacionalismo sigue haciendo lo que siempre hizo, destrozar gentes y comunidades, no hallaremos remedio. 

Theodore Roosevelt nos dejó grabadas en piedra algunas citas para no olvidar. Una de ellas reza -"Si tengo que elegir entre la paz y lo correcto, elijo lo correcto"-. Gozamos de cierto tipo paz, cierto, pero no vemos lo correcto ni con prismáticos. La ausencia de guerra no es, ni por asomo, sinónimo de paz. El portaestandartes de la ciénaga pulula con toda tranquilidad y derecho por donde no debiera tener permitido ni pisar.

¿Quién ha dicho que Otegui, cumplida una condena, debe ser rehabilitado para la sociedad? Que alguien que trata a De Juana de preso político, refugiado -o como quiera tildar a semejante escoria- goce de respeto social e institucional no hace más que encharcar nuestras vidas, la de la democracia y la de España. Algo sabemos de ésto en Navarra.

Muerte civil para Otegui. No puedo exigir menos.


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