Opinión / La vida misma

Ortúzar enseñando la patita

Por César Martinicorena 04 octubre, 2019 - 9:51

 ¡ Pero qué centrado y dialogante es el PNV! Oír a Andoni Ortuzar durante el Alderdi Eguna en las campas de Foronda y echarse a llorar es todo uno. 

El presidente del PNV, Andoni Ortuzar, interviene ante los miles de simpatizantes del PNV que han asistido este domingo al Alderdi Eguna (Día del Partido) que anualmente celebra esta formación en las campas vitorianas de Foronda. EFE/ David Aguilar
El presidente del PNV, Andoni Ortuzar, interviene ante los miles de simpatizantes del PNV que han asistido este domingo al Alderdi Eguna (Día del Partido) que anualmente celebra esta formación en las campas vitorianas de Foronda. EFE/ David Aguilar

La cantidad de estupideces por minuto escupidas por el presi en tan magna ocasión ha echado por tierra esa imagen moderada que Urkullu tanto ha tratado, con éxito, de potenciar.

In memoriam. Recibía Calvo Sotelo, presidente de España, a Javier Arzallus en el Palacio de La Moncloa por primera vez. Al instante, el jeltzale le espetaba al anfitrión algo parecido a lo que sigue:- Que sepa usted que acabo de reunirme con no-se-quién de la ETA en Francia-. Ni corto ni perezoso, don Leopoldo le pidió educadamente a Xabier que se acercara con él al próximo ventanal. Desde ese lugar le señaló a una pareja de guardias civiles que patrullaban el lugar.- ¿Los ve usted? ¿Sí? Muy bien. Repita lo que me acaba de decir y esos señores procederán a detenerle-

Espero me disculpen la teatralización de la conversación.

Evidentemente, el valiente fachorro se calló como la acelga cobardica que siempre fue. Nadie puede negarle al PNV el mérito de aprovechar todo recoveco político, cualquier contexto social, por muy desgarrador que este sea, para perseguir sus fines. Políticos y, fundamentalmente, económicos. No importa que para ello tengan que utilizar tanto un atentado como un concierto económico. Rascando rascando, el PNV siempre hace presa.

Lo que causa alipori en toda ocasión es esa imagen que de sí mismos tienen ciertos elementos escapados del siglo XIX que, todavía hoy, hunden sus cerebros en la diferencia que, supuestamente, los hace mejores. Mejores que los españoles, que los vascos-españoles, los españoles-vascos, los vaspañoles y los espascos. Contemplar a este iluminado bávaro rajando sobre el “voto vasco”, “el cabreo vasco”, “el redil español” y otras lindezas le hace a uno dar la razón al orate y concederle ese mantra que reza que, efectivamente, ciertos vascos son diferentes. ¡ Pero mucho!

Vamos a citar algunas de las perlas negras del regordete peneuvita. Merece la pena. Pide su señoría a la respetable asistencia que “no dimita de la política” “ cerrar filas" en defensa del autogobierno frente a quienes quieren mantener a Euskadi en "el redil español". A ver, campeón. Ese redil en manos de Zapatero y Pascual Sala es el que os ha permitido hundir las garras en mi tierra, que no es la suya. Ese redil es el que les ha otorgado unas políticas fiscales, educartivas y de todo tipo que para sí quisiera cualquier länder alemán. A bañarse a la ría, tigre, esa que se limpió cuando el rey Juan Carlos de España os consiguió el Guggenheim. ¿ Es la caseta del perro parte del redil, artista?

Seguimos. "El espectáculo que a veces se proyecta desde Madrid se lo pone fácil a los de la antipolítica". ¡Eso lo dice un nacionalista! Sátrapa; no existe mayor ejemplo de antipolítica que el nacionalismo. El suyo, el de allá o el de acullá. Un nacionalista no puede hablar inteligentemente de antipolítica cuando su discurso se basa en todo aquello que la esquiva con pertinaz habilidad, que reduce la razón a mero vocablo de diccionario, la ética a asignatura del instituto o la moral al maldito Pacto de Estella. Antipolítica es el RH, es Chao, la pseudohistoria, la sangre a peso o la masa adocenada por encima del individuo, ese individuo que para usted tiene menos valor que el vaso en el que se forra a chiquitos.

Como muestra, suficiente. Aunque recomiendo encarecidamente a todo aquel ansioso por leer o ver memeces que eche un ojo a la intervención del Sabino de turno. Insistió sobremanera en la diferencia. La del pueblo vasco con el resto de España. La de todos con todos. La superioridad de una supuesta etnia avanzada sobre el anterior paso de la evolución. Así que lo único que  le queda a uno por pensar es si esta gente se escucha, se lee, se reconoce como lo que es. Le faltó por mentar el cráneo vasco y defender la frenología como método para demostrar que, por supuesto, hay vascos que son diferentes. Diferentes al resto pero demasiado iguales a los otrora jovencitos con antorchas, maduritos con camisas pardas o mayores con libros y cerillas. Esa es su diferencia y esos son sus sinónimos. Arana estará orgulloso. Dios y ley vieja, pater.


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