Opinión / La vida misma

Miedo a Trump (I)

Por César Martinicorena 10 marzo, 2016 - 23:06

EEUU. Demócratas y republicanos forman un tándem político – eso si es bipartidismo y no lo de otros lares- cuya historia se emparenta en perfecta simbiosis con la del propio país.

Ambos representan el devenir del espíritu americano desde “aquel disparo que se escuchó en todo el mundo”.

¿Cómo llega Donald Trump al umbral del poder con tantas muestras como ha dado de extremismo, xenofobia y autoritarismo?. Antes de responder vamos a recordar una pregunta que, desde hace unos años, múltiples medios estadounidenses repiten sobre la política europea. ¿ Cómo es posible que la política europea esté viviendo el auge y triunfo de partidos filofascistas, marxistas y nacionalistas?

Como podemos comprobar, los de las barras y estrellas no se han vuelto tarumbas mientras nosotros permanecemos limpios como el plato que nos ofrece las hostias, la patena. El revolcón es global por lo que se me antoja injusto, por reduccionista, criticar sin piedad a aquellos sin volver la mirada medio minuto a lo propio. A lo cercano.

Para el que escribe, la proliferación de fuerzas políticas metastásicas hasta posiciones de inimaginable éxito hace pocos años tendrá un recorrido corto en el tiempo pero de inmensa influencia e imprevisibles consecuencias durante ese breve periodo. Jean Marie Le Pen, en Francia o Haider en Austria fueron ejemplos claros de que algo cambiaba en la civilizada Europa pero la crisis, y ya van siete años, ha convertido la espita en un inmenso boquete para que fuerzas antisistema, de extrema derecha e izquierda, marquen el ritmo político en numerosos estados.

¿Miedo a Trump? Por supuesto. Y mucho. ¿ Cómo lo explicamos sin acudir al “se han vuelto locos”?. Quizá buscando un mínimo común denominador entre USA-EUROPA extraigamos alguna conclusión. A ambos lados del charco- odiosa expresión por manida- está triunfando el que con mayor énfasis ha entregado uno o varios culpables a la ciudadanía para explicar todas sus penurias. Citemos algunos; mexicanos, espaldas mojadas, fachas, rojos, casta, iglesia, banca, Merkel, euro, Islam China, los que nos precedieron... ¿Seguimos? Mejor no.

Trump ha jugado a ganador y ha entregado un sinfín de culpables a un país-continente que acaba de cruzar la crisis de mayor calado desde aquella del 29. Mientras tanto, en Europa, extrema derecha e izquierda comparten algunos de los culpables que entregan al ciudadano. ¡Qué cosas! ¿ Cómo es posible que AfD (Alternativa por Alemania), tachada de extrema derecha, comparta parte de su ideario y soluciones con Podemos, tachada de extrema izquierda? No existen las coincidencias. Y no crean que este nuevo partido teutón lo forman rapados tatuados con brazo alzado. Les voy a sorprender; sus prebostes son… profesores, economistas, políticos y periodistas. Vaya, vaya.

¿ Se entiende un poquito mejor el caso Trump? La política no es tan cambiante como podemos pensar aunque viajemos al otro extremo del planeta. Socialdemocracia y capitalismo nunca gozaron del descrédito, requetejusto, que hoy sufren. Trump es la hamburguesa de la política. Rápida, sabrosa, apetitosa. Lo que no te dicen es que quizá comas perro con ketchup. Aún y todo se siguen consumiendo por millones al minuto. Un polvo rápido.

El republicano se ha mostrado incontenible a la hora de buscar culpables. Aparte de Obama y H. Clinton- según él los creadores del ISIS- nos ha regalado al Islam, a los mexicanos, se ha mofado de las personas retrasadas del mismo modo que ha descrito a los periodistas como las peores personas del mundo- ahí reconozco que esbocé una perversa sonrisa-.

¿Por qué no había de triunfar en los Estados Unidos una forma de ejercer la política o de buscar  el poder si en otras democracias avanzadas ha obtenido ubérrimas cosechas? Hay un dato sobrecogedor en el affair Trump. Debates recurrentes en toda campaña americana que se precie como el aborto, la pena de muerte o el lobby armamentístico apenas tienen cabida en la crónica política. El multimillonario ha superado las espectativas de la simpleza- simple en el sentido de directo y radical- para trasladar el interés de la sociedad a items mucho más delicados y peligrosos para la democracia como son la inmigración, el muro con Mexico, quién debe ser receptor de ciertos derechos y quién no o la guerra “justa”. Está sustituyendo política por cojones.

Únicamente de esta manera podía y puede triunfar. No encontraremos a Trump deambulando por los enrevesados caminos entre los que habitualmente se desenvuelve una democracia. Su terrible posibilidad yace en el fango. En enfrentar al ciudadano a problemas en aparencia irresolubles para ofrecerle la determinación, la mano firme, el dinero y la razón. O sea, la solución.

Sigue…


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Miedo a Trump (I)