Opinión / La vida misma

Joder

Por César Martinicorena 02 diciembre, 2015 - 7:43

Con enorme tiento escribo las siguientes líneas. Cuando uno se dispone a hacer una crítica de dos mujeres corre el riesgo de ser tachado de machistón. 

Si las mujeres en cuestión pertenecen a la izquierda pasas inmediatamente a pertenecer al equipo de los misóginos, que es lo mismo pero en finolis. Como ya se te ocurra no adorar a una mujer pública, de izquierdas y de Podemos, creo que no se ha inventado la palabra con la que crujirán. 

Allá va. Pablo Iglesias nos prometió el gobierno de los mejores. Así, a lo griego. No al estilo de Tsipras ;  al de Platón y Aristóteles. Confiado como es uno, esperé ansioso  a la primera ocasión que el nuevo mesías tuviera para conformar  algún ejecutivo  o para ocupar algún cargo de relevancia y tronío y emitir un juicio ponderado. 

Y llegó el día. Ainhoa Aznárez y Laura Pérez ocupan, respectivamente, la presidencia del parlamento navarro y la portavocía de Podemos en la comunidad foral. Si ambas se encuentran entre los mejores que nos prometió nuestro Churchill andamos algo apañados. ¿Lo que yo creo? Que como tienen que gobernar con Bildu han preferido guardar a los mejores-mejores para una ocasión más propicia.. Con esa gente que vista otro sus más emperifolladas galas. De no ser así, fraude. De no ser así, felón. De no ser así, nos la has metido doblada, Pablillo. Uno a cero. 

Porque todos tenemos derecho a desbarrar y a meter la gamba en alguna ocasión; incluso a ciertos momentos de locura. Quizá no tanto a ser contumaces en la pifia. La continuidad en las salidas de pata de banco se convierten en categoría en vez de quedar en la memoria de las anécdotas. ¡Y estas dos mujeres no paran! 

Estos episodios ocurren cuando te pones el mundo por montera y la montera te queda como una cofia a un bombero. Haces el ridículo. Me parece de mal gusto criticar demasiado a la señora Laura Pérez por su confusa comparecencia. Diría que le puede pasar a cualquiera. Sobre todo a cualquiera que sepa hasta la tabla del tres y se vea obligado a descomponer polinomios. A mejorar y punto. Suerte.

Caso distinto es el de nuestra locuaz presidenta parlamentaria. Insistente, la chica. Cuando no nos desayuna con proposiciones sexuales nos merienda con ganas de joder a uno de la platea. Puedo estar de acuerdo en que los parlamentos de dedican con vesanía a joder, como dice ella, a todo viandante. ¿Lo que no esperaba ? Que lo haga de forma tan explícita. Parece un síndrome. Se trata y a correr. 

Esta mujer tiene los ojos enfadados. Ya saben, como cuando tu interlocutor te sonríe pero notas las ganas que tiene de que unos sioux mosqueados jueguen contigo a los médicos. Señala demasiado y habla con cierta prepotencia acomplejada. También es dispar en el trato y eso en la primera figura de un parlamento está muy feo. El hecho de que quiera joder a alguien con el euskera no es nuevo. El gobierno de Navarra lo está intentando con los niños de todo el reino, así que a perseverar. 

¿La verdad? Suena a pocilga que esta mujer se queje de unas supuestas amenazas por parte de esa parte de sus conciudadanos que nunca amenazó a nadie. Si quiere saber cómo suenan las dianas dibujadas en las paredes que pregunte a la miserable gente que sustenta el gobierno, alcaldía y su poltrona.  

Ni se le ocurra utilizar ese verbo para explicarnos que a un tipo se le fue la lengua mientras las amenazas reales se han llevado por delante a todo Dios. Increpar, disminuir, amagar, decir a uno cuantas son cinco. Elija el verbo o la expresión que más le guste y siga su camino. 

Menos joder, al menos en el parlamento, y un poquito más de contención, educación, cierta clase y buen gusto. Lo agradeceremos en el alma.


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