Opinión / La vida misma

Dorian Gray

Por César Martinicorena 24 junio, 2016 - 7:56

La justicia avala la imposición del euskera. Imposición. La justicia se doblega ante el poder por motivos ideológicos o por no molestar.

La justicia avala la imposición del euskera y la expulsión de las familias de castellano en Pamplona

IMPOSICIÓN

 La noticia lo deja bien claro. La justicia se doblega ante el poder por motivos ideológicos o por no molestar. Tanto monta…

Ya está bien de quejicas y de plañideras. La oferta de los partidos constitucionalistas no puede ser otra que derribar con arietes vikingos la vida y obra de este gobierno, municipal y autonómico. Ya está bien de buscar sonrisas educadas en las instituciones. Vale ya de ñoñear en las televisiones y radios afines buscando complicidades de un segundo y seguidismos de un momento.

Nadie, jamás, tuvo más a huevo un programa electoral, un proyecto para el ciudadano. A este juego no ganan los queda-bien. A este juego no valen postureos. Ante semejante ataque contra los más débiles solo ganan los atrevidos. Los melifluos que jamás dicen un taco o no quedan mal con nadie no valen un pimiento. El enemigo, nada de adversario, es lo suficientemente potente como pecar de pacato, de feble, de cobarde.

 -¿ Y cuál es su programa electoral?

 -¿ Ve usted, señor periodista, estas cien páginas de obra legislativa?

 - Si

 - Voy a destrozarlas. Con la ley en la mano, con la razón de nuestra parte, con la obligación de un ser humano comprometido.

Hay que arriesgarse. Los que padecen la infamia ya no somos los maduritos. Los que van a ver sus capacidades reducidas ya no son universitarios o profesionales liberales. A los que van a joder la vida son críos. Niños de teta. Enanos que, o son defendidos, o mañana nos podrán tildar de efebos mentales. Con razón podrán acusarnos de traidores.

Quien crea que esta situación infumable se circunscribe al idioma no ve tres en un Platero. A quien toda esta barbaridad le coja por sorpresa o de nuevas que deje las drogas. ¿Qué esperaban? ¿Respeto y concordia? Va siendo hora de mostrar un mínimo de empatía con quienes van a ser engullidos por una visión del mundo tan retrógrada como destructora. Ya no se trata de que nos aguachinen el Riau-Riau. Ya no se trata de que mancillen la memoria de un pueblo. Hablamos de proporcionar a nuestros pequeños un marco intelectual y vital mayor que el páramo en el que quieren criarlos. Porque no se trata de otra cosa. -Dádmelos idiotas que se manipulan mejor-.

No les podemos hacer heredar nuestras miserias. Les debemos verdad e información. Les debemos conocimientos y oportunidades. Dejar nuestro mayor tesoro en manos de ignorantes atrevidos nos coloca a su altura. ¡No es el idioma vehicular lo que está en juego! No esperen que un joven actual sepa que en el mundo, a día de hoy, existen algo menos de doscientos estados y se hablan entre tres mil y cinco mil idiomas. Nadie lo sabe exactamente. No esperemos al viático para cantar las cuarenta, las ochenta y las ciento veinte a quien desea castrar los derechos y el futuro de unos niños por mor de una utopía estúpida y reduccionista.

Que el futuro nos juzgue por lo que sea pero jamás por haber abandonado nuestra deber como padres, como ciudadanos, como defensores del derecho y el buen hacer. Que nos tachen de ladrones, de borrachos, de besugos, de mamarrachos, pero nunca de dejados para con los niños, con el indefenso.

 -¿Cuál es su programa electoral?

 -Acabar con la farsa. Punto.

De como actuemos ante el oprobio depende que se nos recuerde como humanos dignos, como seres completos, como entes respetables. Ya está bien de indignarnos en exclusiva por el dinero. Esta corrupción es infinitamente más grave, más peligrosa. Es la corrupción de ser humano. Es el retrato de Dorian Gray. No podemos pretendernos bellos ocultando las arrugas. Al final el cáncer se abre camino. En nuestra mano está.


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