Opinión / La vida misma

El día de la bestia

Por César Martinicorena 18 julio, 2016 - 8:23

Era el momento para hablar de las fiestas, de lo ocurrido en la calle y en palacio.

Era el día para repensar lo que conlleva la fiesta de San Fermín. Lo glorioso y lo mundano, lo festivo y lo nauseabundo. No va a ser posible.

 ¿ Quién podría prestar atención al sectarismo de un alcalde tan breve como el que nos ha tocado en suerte? Quédate con tu mástil, tío sensible.¿ Cómo escudriñar en el bestialismo de cinco malnacidos que deciden mancillar, de violar,  hasta el paroxismo la libertad de una mujer? Hoy cuesta respirar como costó en aquellos terribles días once. Hoy tratamos de encontrar cierta luz en un agujero negro como la pez.

 Niza y Turquía nos sitúan, de nuevo, en el centro del escenario de una tragedia universal. Uno de esos en las que muere “hasta el apuntador”. No nos sentimos preparados para enfrentar el horror. No confiamos en nuestras fuerzas ¿ Cómo hacerlo? Buscamos culpables como posesos. No pocos buscan las razones que expliquen el terror en caladeros intelectuales cercanos a la basura. Como siempre, seguiremos discutiendo entre nosotros. Nos lanzaremos dardos con mala intención tratando de eludir la pregunta fundamental: cómo luchar, aquí y ahora, contra el mal.

 Solo un ignorante negaría la responsabilidad de occidente en este sindiós pero solo un demagogo colocaría el peso de la prueba en la civilización occidental. Para ciertos actores públicos ningún acto terrorista eximirá de culpa a Europa y Estados Unidos- no les queda más, cosas de la realpolitik- mientras millones ansiamos una defensa común basada en la ley que nos otorgue una mínima seguridad.

 Jerry Seinfeld contaba un chiste en su genial show. - Si tienes sangre en la camisa tu último problema es la tintorería- decía. Lo aplico al momento que vivimos y veo que la frase goza de una formidable actualidad. Yo, como cualquiera de ustedes, no dejo de echar en cara a nuestro primer mundo una buena ración de responsabilidades y/o culpas en estos infaustos días pero a la vez debo reconocer lo que hemos conseguido, a lo que hemos llegado como sociedad. Para no pocos es una mierda de sociedad, por supuesto. Lo curioso es que se pone a parir a esta comunidad siendo parte de la misma. Ya sabemos que el milagro se consiguió al este del muro pero, curiosamente, la gente saltaba desde un balcón hacia el oeste. Nunca nos contaron el porqué.

 El enemigo de hoy no reconoce nuestras diferencias. No les importan. No les da la relevancia que nosotros les otorgamos. Quizá haya llegado el momento en el que cierta unión basada en un mínimo común denominador pase por encima, como una apisonadora, de los matices que nos separan en el devenir diario.


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