Opinión / La vida misma

La hora de los traidores

Por César Martinicorena 30 octubre, 2017 - 8:09

Con la aplicación del 155 vamos a asistir a un proceso de sustitución temporal en los puestos clave de las instituciones catalanas.

El presidente Puigdemont junto a su gobierno y parlamentarios cantan tras la supuesta proclamación de la república catalana.
El presidente Puigdemont junto a su gobierno y parlamentarios cantan tras la supuesta proclamación de la república catalana.

Mossos, políticos y algún otro protagonista del suicidio tomarán las de Villadiego con barrotes y otros, sin más, procederán a despegar el culo del sillón.

Llegaremos en ese preciso instante a la situación que con ansia desean las CUP y ERC; aquella en la que pueden poner nombre, apellido, foto y diana a otros catalanes, los traidores. Recuerden a Tardá diciendo que la aplicación del 155 sería una maravilla para ellos. Por favor, no olviden ese dato. Casi con un ojalá en el alma sonreía el parlamentario español ante tal eventualidad.

Como muchos hemos sostenido, toda la agresión que pueda sentir un ciudadano español no-catalán ante la declaración unilateral de independencia se queda en peccata minuta si la comparamos con lo que debe sobrellevar un catalán no coincidente con el nacionalismo de ERC y las CUP durante estas fechas. El cumplimiento de la ley dotará a los sedicentes de la excusa perfecta para señalar a un sinfín de ciudadanos catalanes que esperaban como agua de mayo una solución a esta huida hacia adelante. Este es el mayor riesgo al que se va a enfrentar la ciudadanía y la ley en Cataluña. También en el resto de la nación, pero no hay punto de comparación.

Esquematizar este problema como una contraposición Cataluña-España solo está al alcance de quien no le ha dedicado al nacionalismo  un minuto de reflexión. La batalla, la fundamental, se libra entre catalanes, entre hermanos. El resto de españoles y el estado aparecemos como atrezzo si se compara con lo que va a ocurrir a partir de ahora en cada fábrica, en cada hogar, bares y restaurantes. En la calle.

Era ahí donde querían llegar las CUP. La confrontación social no les importa demasiado si se lleva a cabo contra los guardias civiles o los nacionales. La confrontación, la lucha que anhelan no es otra que aquella en la cual se funden a palos catalanes contra catalanes. Lo sabemos desde hace tanto que impresiona la ceguera de tantos políticos a la hora de emitir diagnóstico. Al fin y al cabo no se trata más que de atentar contra la libertad e individualidad de todo ciudadano que no sea ellos. Los no-ciudadanos. Poco a poco veremos quiénes son esos "traidores" encargados de reconducir la situación hasta la celebración de unas nuevas elecciones. Menudo papelón les espera.

Mientras tanto oiremos las burradas habituales contra Rajoy, España, los fachas- o sea, todos incluido Serrat- los fascistas- casi todos, incluido Espinete- y divertidas  teorías democráticas nacidas en 1848 y de demostrado éxito a lo largo y ancho de ciento cincuenta millones de muertos.

A eso se enfrentan los catalanes y el resto de España. Si alguien duda, con comprobar de dónde le llegan los apoyos a las CUP y a ERC les bastará para aclararse la garganta y deshacerse de las flemas en forma de otegis, toledos y demás patulea.

Día infausto para un país que dio y da cobijo a quien desea destrozarlo, a él y a todo lo que representa. Día grande para quienes creen en los derechos y deberes que emanan de la ley. La CUP ya tiene lo que deseaba; el 155. La antigua CIU yace muerta a manos de su creación y Tarradellas llora desde el pasado cuando emitió su certero juicio sobre Jordi Pujol, el Molt Honorable ladrón y preñador de odios africanos en su patria chica.

Es hora de apoyar a los "traidores". La hora de no mirar de reojo a los nuestros- como ocurrió con inclemente frecuencia por estos lares- mientras los colocan entre la espada y la pared aquellos que odian tanto a su propia Cataluña que prefieren arrasarla antes que vivir en una que no sea la que, religiosamente, predican y guían hacia el precipicio de la historia negra.

¡VISCA CATALUNYA LLIURE!  


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