Opinión / La vida misma

Cadena permanente revisable

Por César Martinicorena 17 marzo, 2018 - 9:58

La reinserción, señoría, en ciertos casos no se puede demostrar entre rejas. Sólo se puede confirmar en la puta calle.

Imagen de un funcionario de prisiones revisando algunas de las celdas ARCHIVO
Imagen de un funcionario de prisiones revisando algunas de las celdas ARCHIVO

Como cualquiera de ustedes no he perdido ripio sobre el desenlace y reacciones al asesinato del pobre chico Gabriel. Como cualquiera de ustedes he pasado por las etapas de sinrazón iracunda y de deseos tribales para llegar, lógicamente, a un estado de mayor y mejor entendimiento y opinión. Al menos así lo espero.

Dos días después, ya más calmado, un juez televisivo me ha vuelto a revolver las tripas con su ufana y pretenciosa interpretación, no ya de la ley- que también- sino de esa parte de la ciudadanía- me incluyo- que está a favor de que ciertos delitos sean castigados con la cadena permanente revisable. ¿Y por qué? Achaca nuestra decisión y la de centenares de otros jueces a un simple deseo de venganza. A lo sentimental, o sea, no racional. Habla de penas vengativas como si no hubiera tanto un poso intelectual como jurisprudencial al respecto que defienda nuestra posición. Se adueña de la razón para desterrar una idea que no comparte. ¿Les suena?

Mire, señoría. Escuche, Juez Bosch. Si hay un país en el mundo en que la inmensa parte de sus ciudadanos ha renunciado a la venganza para dirimir sus cuitas y tratar de olvidar el horror, ese no es otro que España. Si hay un país en el mundo donde las víctimas de un sinfín de asesinatos, secuestros y otros delitos mayores han dejado a un lado tanto el deseo como la propia ejecución de una venganza, ese no es otro que éste en el que usted sienta cátedra. España es tan vengativa que democráticamente ha decidido unirse al grupo que conforman, por ejemplo, Italia, Reino Unido, Francia y Alemania para luchar y castigar con proporcionalidad una tipología delictiva tan exigua como abominable. ¿Son también esos estados, los más avanzados, proselitistas de la venganza como modo de castigo? Nada de venganza, letrado ¡Justicia¡. Quienes como usted opinan y nos niegan tanto el pan y la sal intelectual como su acerada pátina democrática aducen la reinserción como arma arrojadiza y definitiva para evitar la implementación de esta ley. Y es ahí donde diferimos y creo se equivoca, señoría.

No es autoritarismo reaccionario, conservadurismo ni leches en vinagre. Se trata de un sencillo ejercicio de raciocinio. La tan deseable reinserción no restringe en modo alguno la permanente. Por diversos motivos. Uno de ellos- hay muchos- es que es imposible comprobar que un violador, un asesino múltiple, un depredador infantil, etcétera, está reinsertado hasta que vuelve a vivir libre , en sociedad. ¿Le suenan a usted los casos de violadores con permiso de fin de semana por buen comportamiento que vuelven a destrozar a una niña de nueve años recién devueltos a la calle? ¿Qué parte no entiende?

¿Por qué está tan mal visto hablar de la otra parte de las sentencias que se refieren al castigo por la fechoría cometida? También es parte fundamental del porqué de la privación de libertad; tanto o más que la reinserción. No, no es la reinserción el único factor a tener en cuenta a la hora de impartir justicia y determinar la duración de una condena. Ni mucho menos. Debemos sentirnos protegidos y no expuestos. Y, por desgracia, tenemos cientos de casos de reincidentes en los más terroríficos de los delitos.

¿Quiere probar la reinserción de un violador? ¿De un depredador? ¿De una asesina fría e implacable? Perfecto. Acójalo en su portal, cerca de sus hijitos, hijitas y sobrinos. Goce de la gracia y bondad de su postura... ¡pero en carne propia, artista!. La reinserción, señoría, en ciertos casos no se puede demostrar entre rejas. Sólo se puede confirmar en la puta calle. ¡Échele valor! Concédales todas las oportunidades que desee...pero en su barrio, en su avenida, portal y jugando en los columpios con los suyos y de paso vaya a explicarles a las víctimas que han sufrido la muerte o violación de un cercano por dejar en la calle a quien no merece, por justicia y seguridad, volver a pisar el suelo que gastamos quienes nos mantenemos dentro de la ley.

Por cierto ¿ Va a defender la reinserción para los Rato o Bárcenas? No conteste, camarada. Todos sabemos que este don que supone la reinserción sólo lo pueden argüir quienes comparten su calado ideológico y su posicionamiento político.

Usted pertenece a la asociación llamada Jueces Para La Democracia. No sé en qué lugar deja esa denominación al resto de magistrados que no forman parte de su organización, pero canta a la legua la intención. No son ustedes los portadores de la antorcha que alumbra los valores democráticos. No son ustedes el faro que ilumina el camino del buen ser social. Lo que sí son, y en no pocos casos, no es otra cosa que unos funcionarios de cuota política por fidelidad ideológica. Si usted me echa en cara la venganza como motivación irracional en vez del raciocinio no me queda más remedio que achacarle, señoría, un apestoso hedor a prevaricación ideológica y partidista.

Nadie pide venganza. Todos hemos pasado o estamos pasando el duelo, incluido usted, como mejor podemos y sabemos. La venganza la dejamos para otros. Ni siquiera nos queremos vengar de compañeros, de usted- con alcaldía enmadroñada, señoría- de profesión que por miedo o por afinidad dejaron sueltos a monstruos que hoy gozan de la sociedad libre que quisieron y quieren destruir.

Váyase a hacer puñetas con la venganza y con su apestosa presuntuosidad.


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