Opinión / La vida misma

Arzalluz, una figura para la historia y un corazón para el olvido

Por César Martinicorena 01 marzo, 2019 - 8:13

Tras la muerte del político acudo a la memoria para refrescar algunas de las glorias de aquel hombre. Desconfiando de esa capacidad tan peculiar que tantos errores provoca, sumerjo los ojos en mi modesta hemeroteca y la refrendo acudiendo a la red. ¿Resultado? No fue un sueño. Todo era cierto.

Xabier Arzalluz, histórico líder del PNV en un acto de hace unos años. EFE
Xabier Arzalluz, histórico líder del PNV en un acto de hace unos años. EFE

No lo había olvidado pero es cierto que ya no paseaba con asiduidad la citada memoria por los grandes éxitos de Xabier Arzalluz. Aquellos tiempos del RH, las nueces, los negros vascoparlantes y los españoles con acento en la eñe. Oriol Junqueras nos retrotrajo a los mejores momentos del fallecido al informarnos de las diferencias genéticas entre franceses, catalanes y españoles. Ya saben, eso de que unos se parecen más a Jean Paul Belmondo y otros a Alfredo Landa.

Ha muerto a los ochentaytantos años un hombre que cumplió un papel decisivo en la ominosa década de los ochenta. Aquellos años de hierro, de los cien muertos cada cuatro estaciones. Su figura representa la toma de postura de un enorme número de individuos ante el derecho a la vida y la muerte efectiva del Otro. Marco el paso, la velocidad de crucero, horizonte y meta. Nada le torció el adusto gesto cuando tratábamos de buscar un hilo de compasión en todo aquel que pudiera procurarlo. La impotencia crecía mientras los pies de un país se hundían en enormes charcos de sangre tanto en el País Vasco como en Navarra y resto de España.

Nunca fue su trabajo. Con ese fin enviaban a otros. El figurón de Arzalluz no podía verse enturbiado por la compasión o la piedad. El descomunal cobarde que fue en el cara a cara- ver anecdotario con Calvo Sotelo- debía mostrar  el rictus adecuado de un prócer, del guía espiritual a quien no perturba la contienda de la que siempre escapa sin cicatrices. Ya otros se encargarían de poner cara de pobre-miguel-ángel-blanco días antes de firmar la barbaridad del Pacto de Estella.

Desde el seminario hasta Ajuria-Enea se creó un personaje decimonónico. Un auténtico perpetuador de la figura de Arana. Un estandarte nacional ajeno tanto al error como a la empatía. Una gran fachada construída sobre un hombre irreal. Porque Arzalluz fue un pragmático de tomo y lomo y cabalgó tanto a lomos de la misa de doce como de la herriko taberna. Utilizó todo aquello que supusiera un beneficio para su causa más allá de la virtud o vicio de los medios. Y todos sabemos cual fue el gran medio para recaudar dividendos. Todos sabemos a quién se sentía cercano y a quién despreciaba de manera inmisericorde.

Nada he sabido del líder vasco los últimos años. Desconozco las causas de su muerte. No sé si alguna cruel enfermedad se apoderó de su cuerpo y si esa ha sido la causa que ha impedido seguir escuchando su voz. Espero que no. Desconozco si pasará a la historia como un hombre malvado, según sus palabras. No lo creo. La cobardía se me hace mucho más cercana a su persona, esa cobardía que acompaña en tantas ocasiones a la inteligencia, la supervivencia, los complejos, el pragmatismo y al distanciamiento ante el dolor ajeno.

Una figura para la historia y un corazón para el olvido.


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Arzalluz, una figura para la historia y un corazón para el olvido