Opinión / La vida misma

Podemos tiene cáncer en el alma

Por César Martinicorena 24 mayo, 2019 - 9:27

Lo que subyace tras este maremagnum de millones y ataques a Amancio Ortega no es más que odio ideológico. Una mera guerra de símbolos.

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, y el candidato a la presidencia de Navarra Mikel Buil en el inicio del mitin celebrado hace unos días en Pamplona. EFE
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, y el candidato a la presidencia de Navarra Mikel Buil en el inicio del mitin celebrado hace unos días en Pamplona. EFE

Irene Montero respondía a la enésima pregunta en rueda de prensa sobre su nueva casa. Hasta las narices, como lógicamente estaba, no pudo más que expresar su hartazgo ante la jauría de periodistas al acecho. Lo dejó claro: "Pablo y yo hacemos con nuestro dinero lo que nos da la gana". Y le damos la bienvenida a la democracia liberal.

Y aquí estamos. En medio de una vorágine de opiniones ante las donaciones, impuestos, pagos o impagos, bonhomía o falta de la misma del señor de Inditex, don Amancio Ortega. El empresario que abona un dos por ciento largo del total del impuesto de sucesiones recaudado en España anualmente es objeto de las más superlativas imprecaciones o alabanzas por parte de éstos o aquellos. Dos Españas, claro.

No soy ningún as del mundo económico, así que dejaré ese análisis para los genios de las redes y los partidos políticos, no sin antes pedir perdón por la redundancia. Sin embargo, para mi modesto entender, lo relevante de este nuevo episodio nacional no se circunscribe a lo puramente monetario, a la política recaudatoria, impositiva o confiscatoria. Lo que subyace tras este maremagnum de millones no es más que odio ideológico. Una mera guerra de símbolos.

Amancio Ortega no es vilipendiado por esos tropecientos millones donados a la lucha contra el cáncer. No se le sataniza por una supuesta evasión de impuestos. No se le agrede por limpiar su conciencia depredadora con una limosna para el el pueblo llano. A esta persona se le juzga por lo que significa. Lo insoportable para el mendigo intelectual es el éxito. Un éxito cosechado en un sistema, la democracia liberal, que ampara con aciertos y errores la iniciativa individual por encima que los dictados estatales.

Lo que les cruje es que un hombre que comenzó su andadura empresarial y vital vendiendo batas de guatiné por Orense y alrededores haya conseguido amasar a base de trabajo y lucidez un emporio desmesurado. Eso no se perdona. No se trata de que pague más o menos impuestos. Si los críticos supieran que el empresario paga exactamente lo que ellos dicen que debería pagar, su opinión y su asco hacia el de Inditex sería exactamente el mismo. Ortega representa el epítome del horror occidental para Podemos.

De hecho, ya no nos llama la atención que quien abrió esta caja de Pandora, Isa Serra, no podría comprarse una caja de tampones con lo que ha aportado a la Seguridad Social. Cero. Ya no sorprende que alguien que jamás ha contribuido a las arcas del estado con un mísero euro- las manis y los círculos de masturbación intelectual no cotizan-  se sienta en posesión de la verdad a la hora de sojuzgar unos engranajes económicos y legales que a tantos se nos escapan. Después se unieron a la lucha el inefable Pablo, Ione Belarra- habla y desbarra- y el resto de sospechosos habituales.

Diferentes gobiernos autonómicos han aceptado de buen grado toda esa tecnología punta para la lucha contra ese terrible mal. Lo llevan haciendo años. Pero estamos en campaña y Podemos no puede desperdiciar un símbolo como éste para hacer exaltación de su basura marxista. Eso sí; sin nombrarla. Si alguien todavía piensa que el bien común debe preceder o estar por encima de la Idea Madre se mantendrá pertinaz en el error. El hambre, la muerte por inanición, los niños muertos por ausencia de electricidad, los refugiados, los huidos y los que no pudieron llegar ni a eso, no son más que el justiprecio a abonar para seguir haciendo proselitismo de la ideología de la muerte.

Por eso Amancio Ortega tiene que ser un impostor. Por eso este hombre debe ser asaetado. Por eso tiene que ser el malo de la película. Por su condición de símbolo. Por crear cientos de miles de empleos. Por ser un cauce para que esos trabajos creados sirvan para encauzar las vidas de quienes los ejecutan. Por pagar impuestos. Por donar parte de sus inmensas ganancias. Por todo eso debe sufrir este juicio de los justos.

Comenzaba estas lineas recordando el lógico enfado de Irene Montero ante las inagotables criticas por la compra de su casa. Claro que puede y debe hacer con tu dinero lo que le de la gana. Claro que puede y debe escoger la hipoteca que más le convenga y claro que debe acudir a la ingeniería fiscal, como el Moneditas, que mejor le permita hacer frente a sus obligaciones. Pero, ay Dios, los demás también, Irene. Los demás, también.

Por último, una certeza digna de análisis. Si un niño necesitara una tirita para salvar la vida en un ambulatorio español cualquiera, moriría ipso-facto si esa misma tirita dependiera de los impuestos que ha pagado ese nenúfar metapijo que  ha desatado toda esta borrasca. Isa Serra.. Una demagogia como la copa de un pino, lo sé. Pero una verdad del mismo orden.

El cáncer de alma no tiene cura.


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