Opinión / Periodista y Doctora Internacional en Comunicación.

Las becas públicas, una clara injusticia social

Por Carolina Díaz-Espina 12 noviembre, 2016 - 21:30

La Universidad tiene que ver con la formación, la investigación, la competitividad y la internacionalización.

Tiene que ver con la captación y gestión del talento. Esto está muy relacionado con la trayectoria a lo largo de los años y lo que se haya invertido en todo ello. Lo cierto es que Navarra es una tierra privilegiada que ha sido puesta en el mapa mundial no sólo por los toros corriendo por las calles o por las empresas aquí radicadas, sino que también es conocida por los logros de las investigaciones llevadas a cabo tanto por la Universidad Pública de Navarra, fundada en 1987, como por la Universidad de Navarra, creada en 1952, así como por las oportunidades de formación que ambas ofrecen. Esto ha permitido captar mucho talento nacional e internacional a esta tierra.

Sin embargo los políticos del Kambio del cuatripartito navarro, cegados por una venda ideológica bastante rancia, parece que solo quieren ahogar cualquier iniciativa que dé oportunidades a los jóvenes navarros de estudiar en el centro que quieren. Y no solo eso, políticos como Carlos Couso de Podemos tiene la poca vergüenza de llamar caprichosos a los jóvenes que quieren estudiar en la Universidad de Navarra, (una de las pocas universidades españolas en el top 200 mundial) y a sus familias que quieren costear esta oportunidad, con mucho esfuerzo (entre otras cosas, por la cantidad de impuestos que pagan).

Gente como Couso se retrata cada vez que ataca a los ciudadanos y a las instituciones que se arraigan en Navarra. Pero como ciudadanos solo cabe desconfiar de aquellos que no quieren ni potenciar ni retener el talento. Porque no olvidemos, que el sistema de becas que ahora mismo se está debatiendo (tres meses después del inicio del curso) es injusto de por sí: no busca atraer y retener el talento de los mejores expedientes, sino el de todos independientemente de sus capacidades.

Es injusto que un chaval de 18 años se esfuerce durante su etapa escolar y vea frustradas las posibilidades de estudiar lo que quiere y donde quiere, porque su familia tenga los ingresos 100-300€ más altos que los baremos señalados por la Consejería o el Ministerio de turno. La gente pasa de ser apta o no, no por una cuestión de capacidades o méritos, sino por una cuestión de euros. La formación académica pasa de ser una herramienta de conocimiento, un ascensor social y una manera de integración en el mercado laboral, a una especie de lotería en el que el esfuerzo personal no se premia.

Si los que gestionan lo público fueran audaces, buscarían a los jóvenes más capaces y dispuestos para que se formasen en los mejores sitios y que luego revirtiesen los frutos de esa formación en la tierra que les dio la oportunidad. (Por cierto, esto es lo que en muchos países latinoamericanos, asiáticos y europeos hacen con sus sistemas de becas: estudia con los mejores y vuelve a aplicar lo aprendido). No olvidemos que la Universidad, además de no ser una formación obligatoria, no es un café para todos.

Pero claro, es más fácil atacar a la institución universitaria, que pensar y trabajar en sistemas de formación alternativos que capaciten a los jóvenes su entrada en el mercado laboral. Y esto es lo que deberían estar haciendo los del Kambio en Navarra.

Escribiendo estas líneas me vino a la cabeza la historia de aquella chica que quería estudiar una carrera que en su Comunidad Autónoma no había dicha facultad. Con un expediente académico por encima de 9 sobre 10, se dispuso a buscar una facultad y una beca para poder cursar dichos estudios fuera. La sorpresa fue que no tenía acceso a ninguna beca pública por los ingresos de su familia que, sin propiedades ni lujos, sacaban adelante a cinco hijos. Fue el propio sistema público de becas quién la expulsaba y le negaba la oportunidad a pesar del esfuerzo. La casualidad dio que llegase a sus manos un programa de becas privado que le podría financiar los estudios siempre que cada año académico concluyese el curso con una media por encima de 8.

A pesar de conseguir una beca, tuvo que buscarse un trabajo para costearse la estancia y manutención en la nada barata Comunidad Foral. Dicho empleo consistía básicamente en trabajar en el servicio de dietas de un hospital (las cocinas), de lunes a viernes y festivos alternos, de seis de la tarde a diez de la noche. Y todo ello sin descuidar el pacto de sacar la citada media de ocho. El resumen de esta historia es que esa chica estudio en una universidad privada porque el sistema público la rechazó. El final de esta historia es que la chica acabó los estudios trabajando y renovando anual y satisfactoriamente la beca que se le concedió; que terminó trabajando en Navarra haciendo revertir esa inversión en la Comunidad Foral porque fue la tierra que le dio la oportunidad y la Universidad de Navarra quién le ayudó a costeársela.

Ésta es mi historia pero es la historia de cientos de universitarios que hacen lo mismo para poder crecer: estudiar, trabajar y luchar para conseguir sus metas. Hay que darles la oportunidad a los que se esfuerzan; esa oportunidad que muchas veces personas como Carlos Couso califican de capricho.


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Las becas públicas, una clara injusticia social