• domingo, 11 de abril de 2021
  • Actualizado 08:19

 

 
 

Opinión / El zurriago de Oteyzerena

El viejo idiota

Por Carlos Jordán 19 abril, 2016 - 11:19

Hubo un día un viejo que se hartó de todo, se hartó de políticos enchufados, de idiotas con ínfulas que embestían en vez de pensar, de bordes y engreídos igual de cerratos que los anteriores que creían que el mundo se reducía a su comunidad y decidió solucionar el mundo movido únicamente por el futuro de sus nietos.

Como era ya mayor y no se sentía con fuerzas suficientes pidió ayuda a al padre de su yerno, un poco atolondrado, siempre optimista hasta el punto de ir al médico de urgencias y responderle que estaba de primera que conservaba el espíritu jaranero de su juventud.

En esto que estaban en la terraza del bar, un poco sobrepasados con la situación -¿Cómo vas a hacer eso Jesús? ¡Que vas en silla de ruedas!- cuando pasó su nieto por ahí, un chico alto de sonrisa permanente y tremendamente soñador e idealista al que era imposible ver sin un libro en la mano, e inmediatamente le llamó sentar en la terraza.

Su nieto era un joven normal, un muchacho imposible de domar, tremendamente idealista, que no había perdido la capacidad de soñar después de tanto tiempo y que le hacía recordar los viejos y buenos tiempos, como en ese momento, cuando Jesús, al mirarle y verle siempre sonriente, recordó la vez en que se ató una bata al cuello y se lanzó desde la terraza del primer piso cantando la melodía de Superman, pero lejos de desanimarse por la “superhostia” que se había dado decidió ser caballero que no volaba y tenía armadura y escudo, algo mucho más seguro si ignorabas los dragones.

-Oye pequeño- le dijo Jesús. ¿Sabes ese libro que me regalaste del abuelo que saltó por la ventana y se largó?

-Como olvidarlo, si lo tengo entre mis favoritos-.

-Pues que hemos decidido hacer como él y solucionar lo que nuestros políticos son incapaces de arreglar-.

-Me parece bien, los navarros siempre se lanzan al auxilio de los débiles y de la libertad en los momentos difíciles, como Juan, el jardinero de Hazán, que salvó a Cervantes en Argel escondiéndolo y que gracias a él pudo publicar el Quijote-.

-¡Coño Modesto! Ya sé qué vamos a hacer, coge el bastón y si alguien te pregunta, somos Don Quijote y Sancho Panza- exclamó Jesús inspirado por su nieto.

-¡De primera!- respondió Modesto.

En honor a Cervantes, ese viejo idiota que ha inspirado a tantos otros idiotas a hacer las locuras de las que tan orgullosos nos sentimos.


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
El viejo idiota